"La incomprensión del presente nace fatalmente de la ignorancia del pasado. Pero quizá sea
igualmente vano esforzarse por comprender el pasado, si no se sabe nada del presente" M. Bloch

miércoles, 8 de agosto de 2012

Camus rebelado


Terminado de leer el excelente libro de Albert Camus 'The Rebel' (L'Homme révolté, 1951) en una edición británica, paso a comentar de qué trata el libro y a traer, como acostumbro, algún fragmento de entre los que me llamaron especialmente la atención. A continuación podréis decidir si, personalmente, os interesa su lectura.

No es una novela, sino un ensayo; sobre filosofía política, diría yo. Camus se pregunta sobre qué dio origen a los totalitarismos del siglo XX. Se remonta en su explicación a la Revolución francesa y Saint-Just, a autores como Sade o Dostoyevsky, al romanticismo, a los terroristas rusos de finales del XIX y principios del XX, a la "muerte" de Dios y al nihilismo, a Nietzsche y su influencia, al pensamiento de Hegel y al de Marx y su interpretación posterior, a cómo el socialismo promete un paraíso, en un futuro indeterminado, que llega a justificar los medios más perversos. Se habla de Hitler y se habla de Stalin. Se habla del paralelismo que presentan los sistemas capitalista y socialista en el mundo bipolar de la Guerra Fría, y del peligro nuclear que pende sobre toda la humanidad. De cómo, finalmente, la revolución acaba por apartarse de las aspiraciones de la rebelión que fue su origen, traicionándola. El mismo Camus deja claro el objeto de la obra: "Uno puede pensar que el período que en unos cincuenta años exilia, esclaviza o mata a setenta millones de seres humanos puede únicamente, y con razón, ser condenado. Creemos que es menester, además, comprenderlo".

Hecha la pequeña presentación del contenido, paso a transcribir el fragmento prometido. Este libro es de los que se presta a ser continuamente subrayado y/o anotado (maltratado, diría más de uno), dada la cantidad de frases y pensamientos geniales o muy destacables en que abunda. El "recorte" que os traigo se encuentra en mi edición en la página 248 y posteriores, ya casi hacia el final del libro. Decía al principio que se trata de una edición británica: efectívamente, me hice con el ensayo en una preciosa librería de viejo de Glasgow. Mi inglés no es el mejor, la traducción es un poco libre (prefiero emplear un castellano atractivo antes que realizar una sustitución literal y ajustada del verbo inglés; que a su vez es traducción del original francés, en cualquier caso), pero mantendré el "espíritu" de cada frase, sin cambiar en ningún caso la idea que Camus quiso transmitir. 
En fin, sin más preámbulo, habla el filósofo:

"...ya es hora de decir, provisionalmente, que la más extrema forma de libertad, la libertad para matar, no es compatible con los motivos de la rebelión. La rebelión no es en ningún caso una demanda de libertad absoluta. Al contrario, la rebelión pone a la libertad absoluta en tela de juicio. El objeto de su ataque es justamente el poder ilimitado que autoriza al superior [entiéndase en la oposición amo/esclavo, propietario/obrero, etc] a violar la frontera prohibida. Lejos de demandar una independencia general, el rebelde desea el reconocimiento de que la libertad encuentra sus límites allá donde topa con el ser humano (...). El rebelde demanda indudablemente un cierto grado de libertad para sí mismo; pero en ningún caso demanda el derecho de destruir la existencia y libertad de otros. Él no humilla a nadie. La libertad que reclama, la reclama para todos; la libertad que rechaza, a todos se la niega. No se trata únicamente del esclavo contra el amo, sino también del hombre contra el mundo de esclavos y amos. (...) El poder ilimitado no es la ley única. Es en el nombre de otro valor que el rebelde afirma la imposibilidad de libertad absoluta, mientras clama para sí mismo la libertad relativa necesaria para que dicha imposibilidad sea reconocida. Toda libertad humana, en sus mismas raíces, es pues relativa. (...)

Es posible entonces afirmar que la rebelión, cuando desemboca en destrucción, es ilógica. Clamando por la unidad de la condición humana, es una fuerza de vida y no de muerte. Su más profunda lógica no es de destrucción: es una lógica de creación. (...) La pasión nihilista, sumada a la falsedad e injusticia, destruye, en su furia, estas demandas antiguas, privando a la rebelión de sus más convincentes razones. Mata, en la profunda convicción de que este mundo está dedicado a la muerte. Consecuencia de la rebelión es, al contrario, el rechazo a legitimar el asesinato ya que la rebelión es, a priori, una protesta contra la muerte. 
Pero si el hombre fuera capaz de introducir, enteramente por su mano, unidad en el mundo; si pudiera establecer un reino, por él mismo, de sinceridad, inocencia, y justicia: sería el mismo Dios. Si pudiera hacerse, ciertamente, ya no habrían más razones para la rebelión. Si la rebelión existe es porque la falsedad, la injusticia y la violencia forman parte de las condiciones en que el rebelde vive. No puede, por esta razón, decidir absolutamente no matar o mentir sin renunciar a su rebelión -aceptando entonces, de una vez y para siempre, la maldad y el asesinato que le rodean. Pero tampoco puede aceptar matar y mentir, desde el momento en que el razonamiento inverso que justificaría el asesinato y la violencia también destruiría la razón de su insurrección. Es por esto que el rebelde no puede nunca encontrar la paz. Conoce lo que está bien y, a pesar suyo, hace el mal. (...) En cualquier caso, si no siempre es capaz de no matar -ya sea directa o indirectamente-, siempre puede poner su convicción y pasión en trabajar por disminuir las ocasiones de asesinato a su alrededor. (...) Si finalmente se ve forzado a matar, él mismo aceptará la muerte. Fiel a sus orígenes, el rebelde demuestra mediante el sacrificio que la libertad real no es libertad para asesinar sino libertad para enfrentar la propia muerte. Al mismo tiempo, alcanza el honor en términos metafísicos. Es entonces cuando Kalyayev sube al cadalso, desde donde visiblemente muestra a todos sus camaradas el límite exacto en el cual el honor del hombre empieza y acaba".

No está mal... En este fragmento, Camus muestra su visión ideal de lo que debería ser el rebelde y su rebelión, muy lejos de aquello en lo que históricamente la rebelión ha terminado transformándose, demasiado a menudo: un "movimiento" en el que unas élites revolucionarias se perpetúan y matan en mor de un paraíso prometido, cínicamente, sin por supuesto aceptar esos límites a su propia libertad, ni la muerte propia a cambio de la ajena. La rebelión deja de existir, deja de ser; ya no es sino voluntad de poder e imperio.

Acabo con algunas frases más, que pueden encontrarse en el libro:

"Un fin que requiera medios injustos no es un fin justo". Atribuída a Karl Marx. Al menos en el momento de escribir estas líneas comulgó con el pensamiento de Camus.
"Si nos decidimos a rebelarnos, debe ser porque hemos aceptado que la sociedad humana tiene algun valor positivo. (...) La rebelión no puede existir sin una extraña forma de amor". Palabras de Herbert Read, en la introducción previa a la obra. Precioso.
Y estas de Camus:
"La política no puede ser religión. De lo contrario, no es sino Inquisición".
"El arte y la rebelión sólo morirán con la muerte del último hombre en la tierra".
"La generosidad real respecto al futuro radica en dárselo todo al presente". Podríamos conectar esta sentencia con la anterior frase de Marx y situarla contra aquellos que, prometiendo el futuro paraíso terrenal, consienten -o promueven- el sufrimiento de las generaciones presentes.

En fin, un libro muy interesante. Por mi parte, me lanzo de cabeza a leer otras obras de Camus. Como pensador y escritor promete no dejar indiferente.

desde http://malditovivant.files.wordpress.com



Saludos

sábado, 30 de junio de 2012

Sobre el placer de la lectura

Acabo de terminar mi primera lectura del autor Daniel Pennac... y apostaría a que no es la última. Se trata de su célebre ensayo "Como una novela", que a mis ojos trata sobre el placer de leer, cómo se les da o se les quita a nuestros jóvenes a través de la influencia de los padres y de la escuela (una curiosidad no se fuerza, se despierta, nos dice Pennac), y sobre los derechos que el lector tiene, como lector que es.
Como acostumbro a hacer, traigo unos fragmentos que me han gustado y parecido especialmente significativos, para que podáis juzgar vosotros mismos.

Algo deprimente de todos modos, esta unanimidad...
Como si (...) el papel de la escuela se limitara siempre y en todas partes al aprendizaje de técnicas, al deber del comentario, y cortara el acceso inmediato a los libros mediante la abolición del placer de leer. Parece establecido desde tiempos inmemoriales, y en todas las latitudes, que el placer no tiene que figurar en el programa de las escuelas y que el conocimiento sólo puede ser el fruto de un sufrimiento bien entendido. (...) cuando todo, absolutamente todo en la vida escolar -programas, notas, exámenes, clasificaciones, ciclos, orientaciones, secciones-, afirma la finalidad competitiva de la institución, inducida por el mercado del trabajo.
Que el colegial, de vez en cuando, encuentre un profesor cuyo entusiasmo parece considerar las matemáticas en sí mismas, que las enseñe como una de las Bellas Artes, que haga que se las ame por la virtud de su propia vitalidad, y gracias al cual el esfuerzo se convierta en placer, depende del azar del encuentro, no del talante de la Institución.
(...)
La lectura se aprende en la escuela.
Amar la lectura...

Y yendo con el ejemplo de uno de esos maestros que sí son capaces de despertar el interes de sus jóvenes alumnos:
En la biografía que dedica al poeta Georges Perros, Jean-Marie Gibbal cita esta frase de una estudiante de Rennes donde enseñaba Perros:

"Él (Perros) llegaba la mañana del martes, desgreñado por el viento y por el frío en su moto azul y oxidada. Encorvado, con un chaquetón de marinero, la pipa en la boca o en la mano. Vaciaba una bolsa de libros sobre la mesa. Y era la vida".

Quince años después, la maravillosa maravillada sigue contándolo. Con la sonrisa puesta sobre la taza de café piensa, reúne lentamente sus propios recuerdos, y después:
- Sí, era la vida: media tonelada de libros, pipas, tabaco, un ejemplar del France-soir o de L'Equipe, llaves, carnés, facturas, una bujía de su moto... De este fárrago sacaba un libro, nos miraba, soltaba una risa que nos daba apetito, y comenzaba a leer. Caminaba mientras leía, una mano en el bolsillo, la otra, la que sostenía el libro, un poco tensa, como si, leyéndolo, nos lo ofreciera. Todas sus lecturas eran regalos. No nos pedía nada a cambio. Cuando la atención de alguno o alguna de nosotros flaqueaba, abandonaba la lectura un segundo, miraba al dormido y silbaba. No era una reprimenda, era una alegre devolución a la conciencia. No nos perdía jamás de vista. Hasta en lo más profundo de su lectura, nos contemplaba por encima de los renglones. Tenía una voz sonora y luminosa, un poco aterciopelada, que llenava perfectamente el volumen de las clases (...) Asumía instintivamente las medidas del espacio y de nuestros cerebros. Era la caja de resonancia natural de todos los libros, la encarnación del texto, el libro hecho hombre. Por su voz descubríamos de repente que todo aquello había sido escrito para nosotros. Este descubrimiento intervenía después de una interminable escolaridad en la que la enseñanza de la Literatura nos había mantenido a una distancia respetuosa de los libros. Así pues, ¿qué hacía él que no hubieran hecho otros profesores? Nada. En determinados aspectos, hacía incluso menos. Sólo que, mira, no nos entregaba la literatura en un cuentagotas analítico, nos la servía en dosis generosas... Y entendíamos todo lo que nos leía. Lo entendíamos. No había más luminosa explicación del texto que el sonido de su voz cuando anticipaba la intención del autor, revelaba una segunda intención, desvelaba una alusión..., imposibilitaba el contrasentido.
(...)
Nos daba una hora de clase a la semana. Esa hora se parecía a su macuto: una mudanza. Cuando nos abandonó al fin del año, eché cuentas: Shakespeare, Proust, Kafka, Vialatte, Strindberg, Kierskegaard, Molière, Beckett, Marivaux, Valéry, Huysmans, Rilke, Bataille, Gracq, Hardellet, Cervantes, Laclos, Cioran, Chéjov, Henri Thomas, Butor... Los cito en desorden y olvido muchos. ¡En diez años, no había oído ni la décima parte!
Nos hablaba de todo, nos lo leía todo (...). Nos tomaba por lo que éramos, unos jóvenes bachilleres incultos y que merecían saber. Y ni hablar de patrimonio cultural, de sagrados secretos pegados a las estrellas; en su caso, los textos no caían del cielo, los recogía del suelo y nos los daba a leer. Todo estaba allí, alrededor de nosotros, pletórico de vida. Recuerdo nuestra decepción, al principio, cuando abordó las grandes figuras, aquellos de quienes nuestros profesores, pese a todo, nos habían hablado, los poquísimos que creíamos conocer bien: La Fontaine, Molière... En una hora, perdieron su estatuto de divinidades escolares para hacérsenos íntimos y misteriosos..., es decir, indispensables. Perros resucitaba los autores. Levántate y anda: de Apollinaire a Zola, de Brecht a Wilde, todos acudían a nuestra clase, completamente vivos, como si salieran de chez Michou, el café de enfrente. Café donde a veces nos ofrecía una seguda parte. No jugaba, sin embargo, al profe-colega, no era su estilo. Perseguía pura y simplemente lo que denominaba su "curso de ignorancia". Con él, la cultura dejaba de ser una religión de Estado y la barra de un bar era una cátedra tan presentable como una tarima. Nosotros mismos, al escucharlo, no sentíamos deseos de entrar en religión, de vestir el hábito del saber. Teníamos ganas de leer, y punto... Así que se callaba, desvalijábamos las librerías de Rennes y de Quimper. Y cuanto más leíamos, más ignorantes, en efecto, nos sentíamos, solos sobre la arena de nuestra ignorancia, y frente al mar. Sólo que, con él, ya no teníamos miedo de mojarnos.

 Tiene otro libro en el que también trata cuestiones sobre pedagogía y enseñanza (yo ya he tomado nota y antes o después acabaré leyéndolo): "Mal de escuela".

listal.com

Saludos

viernes, 8 de junio de 2012

En clase de Arcadi Oliveres

Hace algún tiempo, allá por septiembre del 2011 si la memoria no me falla, tuve el placer de asistir a una serie de ponencias sobre los Objetivos del Milenio en las que participaba el profesor Arcadi Oliveres. Yo lo había conocido antes, a través de la red, probablemente uno de sus mayores medios de difusión, junto a su aula y sus publicaciones, entrevistas y apariciones (en Plaça Catalunya junto a los indignados, sin ir más lejos). Fue al verle entre los ponentes participantes, de hecho, cuando me decidí a asistir al ciclo de conferencias, no sin antes reclutar a unos cuantos compañeros de la facultad.
Bien, hoy he podido asistir a dos de sus clases, gracias a quienes tuvieron la iniciativa de grabarlas, y a quienes nos facilitan el acceso a los vídeos: los compañeros del proyecto "Documental sobre Arcadi Oliveres".  Desde aquí, muchas gracias y la mejor de las suertes con vuestra iniciativa.

¿Queréis asistir a dos horas de clase magistral con el profesor Arcadi? Os recomiendo mantener bien abiertos ojos y oídos: serán dos horas intensas en las que aprenderéis cómo funciona el sistema globalizado en el que vivimos. Una corta frase de Galeano (Patas Arriba, 1998) lo define muy bien: "Nunca tantos han sufrido tanto por tan pocos".
Sin más dilación, dejemos hablar al profesor...

Parte 1


Parte 2




Saludos

ps: No es la primera vez que traemos al Café al profesor Oliveres. Podéis ver la otra entrada que le dedicamos justo aquí.

domingo, 6 de mayo de 2012

Escuchando a Galeano

Comparto un vídeo, un descubrimiento más de cuantos se dan surcando los mares de Internet. Se trata de una entrevista a Eduardo Galeano en el programa catalán Singulars (Singulares). Tan sólo la introducción está en lengua catalana, el resto de la entrevista transcurre en castellano. Si tuvieseis problemas para comprenderla, no obstante, no tendré problema en traducirla para vosotros.


En el programa, Galeano habla sobre la política, los mercados financieros, los movimientos de protesta (la entrevista se realizó hace aproximadamente un año, cuando el movimiento indignado era una novedad), la utopía... incluso sobre fútbol. Se tocan diversos temas, pero siempre desde el estilo inconfundible del escritor uruguayo, que aúna la crítica más profunda con un tono casi poético, de manera que tras ser escuchado -o leído- siempre nos deja como un eco a modo de lección o recordatorio moral.

Galeano cuenta con varias obras muy conocidas, como Las venas abiertas de América Latina (1971), El libro de los abrazos (1989), o Patas arriba: la escuela del mundo al revés (2008), el único que he tenido el placer de leer, por el momento.
Por lo que decía de su estilo, y para que os hagáis una idea del contenido del último de los títulos que os he dado, transcribo algunas frases:
-"Se sataniza al drogadicto y, sobre todo, al drogadicto pobre, como se sataniza al pobre que roba, para absolver a la sociedad que los genera".
-"Los países que más armas venden al mundo son los mismos países que tienen a su cargo la paz mundial".
-"José Hernández, el poeta, había comparado a la ley con el cuchillo, que jamás ofende a quien lo maneja".
-"Hay cada vez más gente que aplaude el sacrificio de la justicia en los altares de la seguridad".
-"La economía mundial es la más eficiente expresión del crimen organizado".
-"El robo chico es delito contra la propiedad. El robo grande es derecho de los propietarios".
-"Como en todos los países pobres, más poder que el voto tiene el veto: el voto democrático propone y la dictadura financiera dispone".
-"El mundo al revés nos enseña a padecer la realidad en lugar de cambiarla, a olvidar el pasado en lugar de escucharlo y a aceptar el futuro en lugar de imaginarlo: así practica su crimen, y así lo recomienda".

En el mismo vídeo adjunto encontraréis otras tantas "frases galeanas". Yo, personalmente, me quedo con esta: "Yo no creo que valga la pena vivir para ganar. Creo que vale la pena vivir para hacer lo que la conciencia te dicte que debes hacer, y no lo que te conviene... Y esto vale para todo".  ¡Cómo sería nuestro mundo si sus habitantes se la aplicasen!


Saludos

sábado, 14 de abril de 2012

El rap de Hayek y Keynes

Justo estoy planeando el mejor modo de enfocar un trabajo sobre la actual crisis del capitalismo (la que el Nobel de Economía Stiglitz llama "Gran Recesión") cuando me encuentro en Youtube con estos originales videos en los que se nos exponen las dos principales teorías económicas del siglo XX... enfrentadas a ritmo de rap.




Con acceder a las biografías de ambos economistas por Internet (Hayek; Keynes) ya encontraréis información más que suficiente para empezar a indagar; más aún si, como le sucede a un servidor, no estáis todavía familiarizados con todos los términos de la ciencia económica. Por lo poco que sé, las letras que vemos en los videos no están nada desencaminadas sobre sus posturas respecto a en qué medida debe el Estado intervenir en la economía y cómo -y hacia qué sectores- se debe enfocar el gasto, especialmente en tiempos de crisis como los que corren. A grandes rasgos, Hayek aboga por dejar que el mercado se autorregule, sin intervención estatal (pues ello conduciría progresivamente al temible socialismo), mientras Keynes apuesta por corregirlo "desde arriba", incentivando el gasto y la circulación de dinero -especialmente- en tiempos de crisis.

Sobre todo, un aplauso para los creadores de ambos videos. Es una idea muy original.
( http://econstories.tv/ )

Saludos

Nota: para ver los videos a buen tamaño click sobre el icono "Youtube" en la esquina inferior derecha de las respectivas ventanas.

viernes, 23 de marzo de 2012

"Ardor guerrero", de Antonio Muñoz Molina

Novela-memoria del escritor Antonio Muñoz Molina, de su período de mili en realidad, que transcurrió entre 1979 y 1980 en San Sebastián. En ella, y en palabras de Justo Serna (Pasados ejemplares. Historia y narración en Antonio Muñoz Molina), el autor aprecia el desajuste que hay entre la grandilocuencia militar, entre la épica guerrera, y la estulticia, la mediocridad e incluso la crueldad de la tropa y sus mandos. Justo por eso llama la atención el título de la obra, "Ardor Guerrero", del Himno de Infantería. La patriótica letra es desmentida por la memoria militar a la que accede el lector. No hay bravura, no hay amor patrio, ni hay ansia guerrera; hay mezquindad, mediocridad, crueldad ordinaria para sobrevivir en un entorno sedentario de escribientes que se escaquean y de mandos que se aturden con alcoholes.
Quien lea la obra encontrará personajes entrañables, como el flojo y amigable brigada Peláez o el romántico y radical Pepe Rifón, pasando por los cabos chusqueros, los "bisa" de gorra capada, expertos en el escaqueo y  el consumo indetectado de alcohol y hachís, o los nerviosos nuevos reclutas (los "conejos"), que todavía destilan marcialidad y buenas maneras tras la intensa experiencia previa del campamento. Encontrará también un reflejo de la España de la época, del conflicto en el País Vasco, del miedo al golpismo militar, de los restos aun visibles de la dictadura, de la música del momento,  de lo que los cines proyectaban... en resumen, de todo cuanto Muñoz Molina recuerda -o quiere recordar- pasados quince años de los hechos.

http://laantiguabiblos.blogspot.com

De un tiempo a esta parte le he cogido gusto a subrayar, o incluso a comentar, los libros a medida que los leo. Así, puedo ahora localizar fácilmente alguno de los puntos que me llamaron más la atención, los que mejor definen la obra, y compartirlos aquí; seguro, eso sí, de no estar "espoileando" a nadie.
Sobre la opinión que la práctica de la milicia le merece a Antonio Muñoz Molina, por ejemplo, podemos encontrar "... otro rasgo del miedo militar, el miedo a ser el único en algo, a encontrarme solo entre los otros, que no tendrían la menor compasión hacia mí, porque en el Ejército una de las primeras cosas que uno perdía era la piedad" o "El punto máximo de aquella retórica era la eliminación de toda palabra articulada: se propendía, en las arengas, al grito afónico, y en las órdenes, al ladrido y la onomatopeya".
Quizá era su condición de intelectual, ya por entoces de izquierdas, la que le predisponía a sentirse a disgusto inserto en ese mundo castrense, y a buscar los momentos de soledad, como oxígeno necesario para no desfallecer ("Bastaba el olor, el roce civilizado del papel, la quietud de aquel lugar en el que no había casi nadie"); si bien reconoce que la mili le ayudó a salir de la pecera universitaria en la que hasta entonces se había movido: "Seis años en la universidad, dedicados a leer libros y a ver películas en cineclubes universitarios y a discutir sobre libros, películas y política con personas que hacían más o menos lo mismo que yo me habían influido mucho más de lo que yo estaba dispuesto a reconocer, segregándome de la vida común, o haciéndome creer que esa vida era la de los universitarios y los aspirantes a intelectuales de izquierdas con los que yo trataba".
Pero sin duda, las meditaciones más provechosas -desde el punto de vista histórico- son aquellas que se refieren directamente a la época, al ambiente quizá algo enrarecido de aquella España que se adentraba en los ochenta. Os dejo ejemplos: 
"...el aire rancio de las dependencias militares que la Constitución de 1978 ni siquiera había empezado a ventilar, igual que nadie había cambiado aún los escudos de las banderas, que seguían luciendo el águila negra del franquismo, ni descolgado los retratos de Franco".
"Todo podía quebrarse, lo mismo mi destino de oficinista que la democracia española".
Y al igual que se ha considerado que el siglo XX realmente comienza en 1914 con la gran guerra industrial, él considera superados nuestros setenta tras el golpe de Tejero: "Los ochenta sólo comenzaron cuando dejamos de ser rehenes de los golpistas y de los terroristas y cuando los héroes de la década anterior [entiendo que se refiere a las grandes personalidades de la izquierda] empezaron a perder sus resplandores heroicos como trámite previo a la pérdida de la vergüenza". Y es que cierta izquierda no escapa a su crítica, y en alguna ocasión nos dice Molina que le sabía mal su propia moderación, su posicionamiento quizá pequeñoburgués:  "Pero mi amigo Pepe no era entonces el único que cerraba los ojos: casi nadie en la izquierda sabía o intentaba saber, y los intelectuales más viajados y agasajados volvían de la Unión Soviética o de Cuba o de la Rumanía de Ceaucescu sin contar nada, sin haberse enterado en apariencia de nada".

En fin, una lectura recomendable para cualquiera, y más aún para aquellos que quieran bucear en el estado de ánimo de aquel período, nexo entre dos décadas, lleno de pintadas abertzales y cargas de antidisturbios, cargos militares asesinados a tiros en plena calle, de grupos de matones fascistas encapuchados y de jóvenes comunistas admiradores de Stalin; o para aquellos que quieran recordar en cierta medida su propia mili comparándola con la del relato de  Muñoz Molina; o para aquellos, por último, que nunca la hicimos y queramos saber de qué manera se disfrutaba y se sufría, en espera de la anhelada "blanca".

Saludos

domingo, 4 de marzo de 2012

Breve resumen de la crisis financiera global

Transcribo para el blog un extracto del libro "Neoliberalismo. Una breve introducción" de Manfred B. Steger y Ravi K. Roy (Alianza Editorial), que estoy leyendo para la realización de un trabajo. Es un complemento perfecto al visionado del documental de Charles Ferguson 'Inside Job' (podéis visualizarlo aquí), para tratar de entender las causas de la actual crisis del sistema.
El libro en cuestión es muy recomendable, con alrededor de 200 páginas de lectura sencilla pero esclarecedora, y podéis encontrarlo en edición de bolsillo, más económica. Como dice el título, su función es de introducción, pues el número de páginas no permite una densidad mayor. No obstante, y en mi opinión, toca todas las teclas que se tienen que tocar, y junto con la lectura de "Algo va mal" del historiador Tony Judt, que ahonda más en los antecedentes históricos, resulta muy aconsejable para quien quiera comprender las causas y orígenes de la actual coyuntura, sin ahogarse en números, cifras y estadísticas, y con un estilo ameno y sencillo.
Hecha la publicidad, allá va el texto. No transcribo el cien por cien, y el subrayado es mío.

desde melibro.com



Durante los años 80 y 90 el mercado de hipotecas estadounidense se vio espoleado, porque consecutivamente hubo tres gobiernos neoliberales que elevaron los límites de los préstamos que podían solicitarse y redujeron los requisitos para hacerlo. Desde que Reagan subió al poder, la Administración americana alentó la desregulación de la industria de servicios financieros. Probablemente la propuesta más relevante en este aspecto fue la liquidación de la Ley Glass-Steagall, firmada por el presidente Roosevelt en 1933 para impedir que los bancos comerciales intervinieran en la actividad inversora de Wall Street. Después de todo, la crisis del 1929 y la Gran Depresión que vino tras ella habían demostrado de manera palpable el peligro que entrañaba permitir que las sociedades de ahorro y préstamo se involucraran en el frenesí especulativo de Wall Street, sin terminar en la bancarrota, como muchas entidades de entonces, y sin que los clientes perdieran sus activos.

En la primavera de 1987 el Tribunal de la Reserva Federal votó a favor de que se relajaran algunas de las regulaciones contenidas en la Glass-Steagall, argumentando que desde los oscuros días de la Gran Depresión ya se habían instaurado tres controles muy serios sobre la especulación corporativa, los cuales eran más que suficientes para garantizar que no se produciría otra crisis económica a gran escala:
1) La comisión de Valores y Cambio;
2) el alto nivel de sofisticación de la mayoría de las inversiones;
3) las agencias independientes de Asesoría Crediticia, como Moody's Investors Services, que hacían llegar información fiable a los inversores.

A principios de los 90 los grandes bancos comerciales, como J.P.Morgan, Citicorp o Chase Manhattan, tenían autorización de la Reserva Federal para suscribir títulos de valores. En 1996, el Alto Tribunal de la Reserva, bajo presidencia de Alan Greenspan, dio instrucciones para que las compañías bancarias pudieran poseer como afiliados bancos de inversión que tuvieran hasta el 25% de sus negocios en acciones. En 1999 el Congreso votó a favor de que se anulara la Ley Glass-Steagall; el presidente Clinton firmó las órdenes por las que se eliminaban las restricciones que impedían a los bancos comerciales poseer bancos de inversión.
Esta serie de desregulaciones neoliberales trajo consigo una oleada de fusiones que derivaron en inmensos conglomerados de servicios financieros, que deseaban con avidez iniciar actividades bursátiles en áreas que no tenían necesariamente que ver con su negocio. Los derivados, los futuros financieros, las permutas de moras crediticias y otros instrumentos relacionados (...)
Protegidos por la política monetarista del presidente Greenspan, que mantenía bajas tasas de interés y alentaba el crédito, los bancos de inversión ampliaron sus mercados de capital comprando arriesgados créditos subprime a los agentes hipotecarios, que ante el señuelo de las comisiones estaban aceptando hipotecas inmobiliarias con una entrada reducida o nula y sin verificación del crédito. Estos productos, cada vez más extendidos en Estados Unidos, eran hipotecas de interés variable, sometidas a las fluctuaciones de las tasas de interés a corto plazo. Los bancos de inversión no dejaron escapar estos préstamos de alto riesgo, sabiendo que podían revender dichos activos -con sus correspondiente riesgo- incluyéndolos en paquetes de valores compuestos que ya no estaban sometidos a regulación gubernamental. De hecho, uno de los más complejos instrumentos financieros innovadores, las llamadas "obligaciones de deuda colateralizadas", solían ocultar los préstamos conflictivos escondiéndolos entre activos de menor riesgo para revendérselos a inversores inexpertos.
Pero si la garantía era tan baja, ¿por qué seguían invirtiendo las personas y las instituciones en estos valores respaldados por hipotecas? Podemos pensar en tres razones fundamentales. Primero, como se ha dicho, los esotéricos paquetes de valores solían ocultar el nivel de riesgo implicado y los inversores no comprendían la complejidad de los nuevos fondos de inversión. Segundo, los inversores confiaban en la excelente reputación de unos gigantes financieros de la talla del Bank of America o Citicorp. Tercero, se creían el contenido de los informes de calificación positiva que emitían Standard and Poor's o Moody's, sin darse cuenta de que estas empresas estaban también involucradas en la creciente burbuja especulativa. Para maximizar sus beneficios estos gigantes de la calificación bancaria tenían un interés bastardo en que crecieran los mercados de valores y por eso pintaban los intereses inherentes con un tono exageradamente optimista.

Los altos rendimientos que se obtenían de estos nuevos fondos de valores atrajeron cada vez más a inversores de todo el mundo. Pronto se llegó a manejar un billón de dólares en lo que dieron en llamarse "activos tóxicos". A mediados de 2007, la apisonadora financiera se quedó sin fuelle, en el momento en que el precio de las propiedades americanas, muy sobrevaloradas, empezó a caer, y las ejecuciones de hipotécas se dispararon. Los inversores se dieron cuenta de los graves riesgos que escondía el mercado de valores y retiraron su confianza. En consecuencia, el valor de los fondos de hipotecas se desmoronó y los bancos intentaron desesperadamente, aunque en vano, eliminar de alguna manera las deudas que aparecían en sus balances.
Algunas de las instituciones financieras más importantes y reverenciadas, aseguradoras y entidades suscriptoras de préstamos hipotecarios avaladas por el Estado, como Lehman Brothers, Bear Stearns, Merrill Lynch, Goldman Sachs, AIG, Citicorp, J.P.Morgan Chase, Indy Mac Bank, Morgan Stanley, Fannie Mae y Freddie Mac, por mencionar algunas, o bien se declararon en bancarrota o tuvieron que ser rescatadas por lo que ha sido el más espectacular giro hacia la "nacionalización" que jamás se halla visto en América desde la Gran Depresión. Para mayor ironía, el gobierno de Bush apoyó la compra de hasta 700 000 millones de dólares en títulos de hipotecas embargadas, a cambio de tener participación en el negocio. Gran Bretaña y la mayoría de los demás países industrializados hicieron lo mismo, y apoyaron la concesión de rescates de miles de millones, confiados en que inyectando semejantes cantidades de dinero a los convalecientes mercados financieros apuntalarían unas instituciones "demasiado importantes como para dejar que se derrumben". Pero los generosos paquetes de rescate lo único que consiguieron fue permitir que los fuertes conglomerados financieros gastaran aun más dinero, sin tener que declararse en bancarrota. El coste que han pagado los contribuyentes de todo el mundo es verdaderamente abrumador: las generaciones futuras tendrán que reponer los billones de dólares que se han utilizado para financiar estos programas de rescate.
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Con todo, una de las principales consecuencias del fracasado sistema económico fue que al intentar reconstruir su capital base, los bancos apenas podían seguir concediendo altas sumas de dinero en préstamos. El flujo crediticio quedó reducido a un suave goteo y las empresas e individuos que confiaban en estos préstamos encontraron mucha dificultad para obtenerlos. Esta reducción de crédito afectó a la rentabilidad de muchos negocios, que se vieron forzados a reducir la producción y a despedir trabajadores. La tasa de desempleo se disparó, al tiempo que los mercados mundiales de valores caían estrepitosamente (...)

Una tras otra, las economías de todos los países del mundo se sumían en la recesión. Las predicciones del Banco Mundial para marzo de 2009 indicaban que por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial tanto la economía global como el volumen de comercio internacional se retraerían. El informe también destacaba que el golpe sería particularmente duro para los países en desarrollo (...). La crisis "financiera" global se había convertido en una crisis "económica" global.

Y a continuación, una interesante tabla comparativa:
click para alargar
Así son las cosas, y así nos las cuentan algunos.

Saludos