"La incomprensión del presente nace fatalmente de la ignorancia del pasado. Pero quizá sea
igualmente vano esforzarse por comprender el pasado, si no se sabe nada del presente" M. Bloch

miércoles, 6 de octubre de 2010

Las tres conferencias: Teherán, Yalta, Potsdam (II)

YALTA

No hubo en Yalta (la localidad de Crimea elegida para la reunión) un reparto del mundo en sentido estricto. Pero sin duda fue la Conferencia una demostración del arte de disponer de los demás (André Fontaine) y, en este sentido, sí que es justo hablar de reparto.

A diferencia de en Teherán, ahora sí que se podía decir que la guerra estaba ganada (otra cosa es lo que se tardase y el precio de la victoria). Los Aliados habían desembarcado en Normandía ya, y tras la ofensiva de las Ardenas el Heer alemán tan sólo podía resistir. Así, la preparación de la posguerra era una realidad, y cada uno de los Tres Grandes la deseaba a su modo.
Stalin parecía conformarse con las posiciones concretas de su Ejército en Europa del Este. Roosevelt -universalista y amante del Derecho internacional cual Wilson de la PGM- fomentaba la reunión de Bretton Woods (New Hampshire) para fortalecer el dólar o la de Dumbarton Oaks (en plena capital, Washington) para fijar las líneas maestras de lo que sería la ONU. Churchill, que no estaba en la misma condición que sus homólogos, viajaba a Francia, Italia, Grecia o Moscú. Sin éste último viaje y la entrevista que el premier mantuvo con su homólogo ruso, el 9 de octubre del 44, no se pueden entender muchas de las cosas que ocurrieron en Yalta. Así lo cuenta Winston Churchill en sus Memorias:
Únicamente se hallaban presentes Stalin, Molotov, Eden y yo, además de los intérpretes, que eran el mayor Birse y Pavlov. El momento era favorable para negociar y por tanto yo dije:
"Hablemos de nuestra situación en los Balcanes. Vuestros Ejércitos se encuentran en Rumanía y Bulgaria, donde nosotros tenemos intereses, misiones y agentes. Dejémonos de ofertas y contraofertas como si estuviéramos chalaneando. Por lo que a Gran Bretaña y a Rusia se refiere, ¿qué diríais si tuvieseis una mayoría del 90 % en Rumanía y nosotros un porcentaje análogo en Grecia, participando, en cambio, en pie de perfecta igualdad en Yugoslavia?"
Mientras los intérpretes procedían a la traducción, apunté lo que sigue en media cuartilla:
-Rumanía: Rusia, 90%. Los demás aliados, 10%.
-Grecia: Gran Bretaña (de acuerdo con USA), 90%. Rusia, 10%.
-Yugoslavia: 50-50 %
-Hungría: 50-50%
-Bulgaria: Rusia, 75%. Los demás aliados,25%
Pasé la hoja por encima de la mesa a Stalin, quien, entretanto, había escuchado la traducción. Se produjo un breve silencio. Después tomó un lápiz azul y con él escribió un grueso visto bueno en la hoja, antes de devolverla. Así, en menos que canta un gallo, se aprovó la dvisión de fuerzas. Siguió un largo silencio. La hoja con la rúbrica de Stalin estaba allí, en el centro de la mesa. Finalmente, yo dije:
"¿No nos considerarán unos cínicos por haber decidido cuestiones de consecuencias tan graves para millones de hombres de una manera tan improvisada? Quememos esta hoja".
"No, guárdela usted", dijo Stalin".
Y así lo hice.

Esa media cuartilla no aparecería en Yalta, pero sin duda tuvo más importancia que todas las deliberaciones de los siete días de Conferencia.

Churchill seguía confiando en su diplomacia personal, reflejo de la que Reino Unido había mantenido durante el último siglo. Unas semanas antes de la Conferencia, en una visita al general De Gaulle,le confió:
El momento de las dificultades les llegará a los rusos cuando tengan que digerir lo que han tragado. Es posible que entonces resucite San Nicolás a los pobres nños que el ogro ha metido en el saladero. Mientras tento, yo estoy presente en todos los negocios, no permito nada a nadie y voy sacando lo que puedo.
Stalin, empero, sin declaración alguna, dejó claro que las tragaderas soviéticas digerían cuanto cayera en ellas y que la afirmación de Churchill -...no permito a nadie- apenas podía referirse a Grecia, pues en los demás puntos se imponía la contundencia soviética y, muy particularmente, en Polonia, donde puede decirse que consiguió la muerte de todos los polacos que resistían. (ver más)

***

Las tribulaciones de Churchill se harían patentes desde que comenzaron las negociaciones para concretar los detalles de la Conferencia. Fue Stalin quien fijó fecha y lugar, y para ambos esgrimió la excusa de las operaciones bélicas que ocupaban al Ejército soviético y que hacían precisa su proximidad al escenario de guerra. Eligiendo Crimea contentó a medias a Roosevelt que había pedido un lugar del Mediterráneo para poder encontrarse después con algunas personalidades europeas. La opinión de Churchill era contraria al lugar elegido: Si nos hubiéramos pasado diez años buscando no habríamos podido encontrar en todo el mundo un sitio peor que Yalta. Es solamente bueno para pillar el tifus, y piojos mortíferos medran por todas partes. Pero el informe del embajador usamericano en Moscú, Averell Harriman, fue bueno y Roosevelt prefirió la opinión de su embajador a la del premier de Albión.
Los norteamericanos fueron hospedados con relativo confort. Pero los ingleses se alojaron en el palacio Voronsotv, a diez km de Livadia, sin más comodidades que una cama grande para Churchill. El resto de la delegación se albergó de mala manera, con un cuarto de baño por cada veinte personas.
Stalin se hospedó en la villa de Koreiz, a veinte km de la residencia de Roosevelt.

Durante una semana se mantendrían los trabajos a distintas escalas: plenos, almuerzos de los Tres, encuentros informales, reunión de los ministros de Exteriores, etc.
Como en Teherán, Stalin y Churchill volvieron a chocar. Mientras Roosevelt se deshacía en alabanzas a la hospitalidad del mariscal soviético, el premier no desaprovechaba oportunidad para poner de manifiesto las diferencias de mentalidad y comportamiento entre la URSS y los pueblos libres de Europa Occidental.
Cuando, por ejemplo, Churchill manifestó su reserva ante la posibilidad de no resultar reelegido en las elecciones que el Reino Unido tenía convocadas para verano, Stalin, con desenfadada ironía, bromeó: -¿Teme usted esas elecciones?
A lo que enojado contestó Churchill:
-¡Y estoy orgulloso de temerlas! ¡Estoy orgulloso del derecho del pueblo británico a cambiar de Gobierno cuando le parezca oportuno!

Los acuerdos alcanzados

Una parte poco conocida es la que tiene que ver con Japón y la situación en Oriente Próximo. Así, en los tres meses siguientes a la capitulación alemana, la URSS se comprometía a entrar en guerra con la potencia asiática en estas condiciones:
a) Se mantendría el status de Mongolia Exterior
b) Se restablecerían los derechos de la URSS, violados por la perfidia de Japón en 1904. Estos derechos aludían a:
La devolución a la URSS de la parte meridional de las Sajalin e islas vecinas. Internacionalización del puerto de Darién, garantía de las prioridades de la URSS y establecimiento de Porth Arthur como base naval de la Unión Soviética. Explotación en común del ferrocarril del sur de Manchuria, respetando las prioridades de la URSS y la soberanía china sobre Manchuria.
c) Se devolverían a la URSS las islas Kuriles.


Sesión de la Conferencia (http://www.calconnect.com)

En esencia, lo que se fijó en Crimea fue:

Alemania
Se dividiría en cuatro zonas de ocupación a cargo de EE.UU, URSS, Reino Unido y Francia, administradas por una Comisión Interaliada de Control, establecida en Berlín (que sería dividio en cuatro sectores análogos).
Se adoptaba el principio de desmembramiento del Reich, creándose un comité para estos efectos presidido por Anthony Eden, secretario del Foreign Office.
Se fijaba la cuantía de las reparaciones a cargo de Alemania -calculada por Stalin-, en veinte mil millones de dólares, pagaderos en diez años. La mitad sería para la URSS, por sus mayores pérdidas y sacrificios.

Polonia
Se fijaba la frontera soviético-polaca de acuerdo con la línea Curzon*. Polonia cedia a la URSS la Bielorrusia Occidental y la Galitzia Oriental a cambio de que la frontera germano-polaca se desplazara hasta la línea fijada por los ríos Oder y Neisse. Se advertía, sin embargo, que las fronteras definitivas sólo serán fijadas en el Tratado de Paz con Alemania (que, como sabemos ya, nunca llegó).
El segundo punto referente a Polonia fue sin duda una clara derrota para los occidentales, y muy especialmente para Sir Churchill. Se trataba de un reajuste en el Gobierno provisional de Lublín, con la entrada de representantes de la resistencia interior y del Gobierno en el exilio.
No debe olvidarse que Polonia había sido para los británicos el leitmotiv de su entrada en la guerra y, que una vez en marcha la guerra, el llamado Gobierno Provisional de Lublín no era más que una marioneta impuesta por Moscú, levantada para oponer una razón legal al Gobierno en el exilio de Londres, presidido por Mikolajczyk.
El reajuste pensado en Yalta, así como la organización de unas elecciones libres con escrutinio severo -también acordadas en Crimea- fueron el vehículo apto para que el Kremlin instalase el aparato comunista que edifició la Polonia de los tiempos sucesivos.

Yugoslavia
Se formaría el gobierno de unión nacional Tito-Subasic. Aquí las tentativas de Stalin, no muy distantes a las pensadas para Polonia, terminaron de manera distinta por la decidida postura de Tito.

Organización de Naciones Unidas
En líneas generales Stalin permitió que el armazón de la futura organización internacional fuera parecido al que Roosevelt pensaba desde el 42 y que había sido dibujado en Dumbarton Oaks, pero el mariscal ruso consiguió oponer los obstáculos pertinentes para que la no-nata organización tuviese defectos esenciales. Por ejemplo, la presencia de Rusia, Ucrania y Bielorrusia en la Asamblea General, como tres miembros distintos (cuando estaba claro quién daba las directrices a estos países).
Más grave fue la cuestión propuesta y aceptada del veto para los miembros permanentes del Consejo de Seguridad. Era como admitir una -previsible- parálisis para la Organización y el tiempo lo confirmaría, demasiadas veces y hasta hoy.

Estatuto de los estrechos
La URSS consiguió la revisión de la Convención de Montreux, de 1936. Los soviéticos no dependerían del control de los turcos en esta vital y estratégica zona.

Los pueblos liberados
Se hizo la siguiente declaración:
El primer ministro de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, el primer ministro del Reino Unido y el presidente de los Estados Unidos [...] la restauración de los derechos soberanos y de autogobierno en aquellos pueblos que hayan sido despojados de ellos mediante la fuerza por las naciones agresoras.
[...] los tres gobiernos ayudarán conjuntamente a los pueblos de cualquier Estado europeo liberado o de los antiguos Estados satélites en Europa, en donde, a su juicio, las condiciones lo exigan:
a) a establecer las condiciones para una paz interior;
b) a tomar medidas de emergencia para el alivio de los pueblos necesitados;
c) a crear autoridades gubernamentales interinas, ampliamente representativas de todos los elementos democráticos de la población, que se comprometan por medio de elecciones libres y lo más pronto posible a la formación de gobiernos que respondan a la voluntad del pueblo;
d) a facilitar donde fuera preciso la celebración de tales elecciones.
[...] reafirmamos [...] nuestra determinación de edificar, en cooperación con las otras naciones amantes de la paz, un mundo en el que impere el derecho, dedicado a la paz, seguridad, libertad y, en general al bienestar del género humano.

Ésto sonaba muy bien sobre el papel, pero cada uno de los estadistas firmantes tenían su propia interpretación.
Según parece Franklin Roosevelt se sentía decepcionado por los criterios colonialistas de Churchill y por la postura de Stalin, poco repetuoso con las maneras democráticas. Olvidaba -aquí está genial Irazabal (ver fuentes)- que los norteamericanos habían ayudado al almirante Darlan a tomar el poder en Argel y que apoyaban el régimen de Chiang Kai-Chek, logrando la promesa de Stalin de que no apoyaría a los comunistas de Mao.
Churchill se oponía a las aspiraciones independentistas de las colonias, pero atacaba a Stalin por ayudar a los comunistas polacos y rumanos para que se hicieran con el poder en sus países.
Stalin declaraba que, ante todo, el máximo deber era liquidar a los alemanes, pues siempre buscarían la revancha, y pretendía actuar libremente en las esferas de influencia reconocidas por Churchill (recuérdese el episodio de la media cuartilla de más arriba). Pero al mismo tiempo impedía al Partido Comunista francés intentar la toma de poder, obligaba a los griegos a rendir las armas, aconsejaba a Tito que pactase con el rey y sugería otro tanto a Mao en sus relaciones con Chiang.

Para que no faltase una última nota de paralelismo con Teherán, Roosevelt se marchó de Crimea convencido de que había demostrado su autoridad moral entre los Grandes, aduciendo como argumento que siempre había aparecido sentado en el centro en las fotografías oficiales de la reunión.


Roosevelt en el centro, también en Yalta (http://www.historiasdeleste.com)

Por desgracia, el presindente norteamericano abandonó Yalta con un agravamiento en su poliomelitis, que le atenazaba desde años atrás, y en idénticas condiciones viajaba el hombre que había preparado la conferencia, el consejero personal de Roosevelt, Harry Hopkins. Ninguno de los dos viviría lo suficiente como para saber si el tiempo invertido en Yalta había servido de algo.
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*Línea de demarcación, trazada sobre el río Bug, que lord Curzon, secretario entonces del Foreign Office, propuso al Consejo Supremo después de la PGM, como frontera oriental de Polonia. El Consejo la aceptó el 6 de diciembre de 1919. Las tropas polacas deberían retirarse hasta la línea Curzon después de firmarse el armisticio en la guerra polaco-soviética. Se establecía de acuerdo con el criterio de las nacionalidades. Se estableció, luego, por un tratado bilateral entre URSS y Polonia: el de Riga, 1921.


Continúa ... 

Saludos

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