"La incomprensión del presente nace fatalmente de la ignorancia del pasado. Pero quizá sea
igualmente vano esforzarse por comprender el pasado, si no se sabe nada del presente" M. Bloch

viernes, 29 de enero de 2010

Sobre la postura española durante la Gran Guerra

Os traigo esta vez cuatro documentos de época que tratan sobre la necesidad o no de ser neutral, sobre el apego mayor o menor a uno u otro bando, sobre la conveniencia de permanecer al margen del conflicto... en fin, cuatro documentos para leer e interpretar, cada uno en su pantalla y consigo mismo. Tal vez otro día indaguemos más sobre el tema, que no da tiempo ahora.

LA POSTURA DE LOS GERMANÓFILOS

¿Debemos ser neutrales?¿Debemos inclinarnos a Alemania?¿Debemos inclinarnos a los Aliados? En el momento se impone como necesidad nacional la neutralidad. (Vitores a España y a la neutralidad). Hay la neutralidad de Estado y la de opinión. Recabo para el Estado la neutralidad absoluta, pero nosotros tenemos un pensamiento y un corazón. Puede producirse una corriente de simpatía de la nación, sin perjuicio de la neutralidad absoluta del Estado.
(...)
Los intereses nuestros son acordes con los de Alemania. Por eso, nuestras simpatías deben dirigirse a Alemania, aunque no sea más que apoyándonos en el apotegma de que son nuestros amigos los enemigos de nuestros adversarios. Alemania necesita un apoyo en Occidente, y esa nación es España. Un español llegado de Alemania me dice que el que manda más allí después del Káiser, es el embajador de España, señor Polo de Bernabé. Se puede decir que la simpatía de Alemania por España es tan grande, que ser español es suficiente salvoconducto para recorrer el Imperio. (Aplausos).
JUAN VÁZQUEZ DE MELLA

DATO Y LA NEUTRALIDAD

Abrigamos el propósito de no salirnos "voluntariamente" de la norma de conducta que trazamos al estallar la conflagración. De la neutralidad sólo nos apartaría una agresión de hecho o una conminación que se nos dirigiera en términos de ultimátum para prestar nuestro conjunto activo a algunos beligerantes. Ni lo uno ni lo otro es de temer, en buena hora lo digo. Alemania y Austria parecen satisfechísimas de nuestra neutralidad, que, sin duda, tuvo algo de sorpresa para ambas naciones, que nos creyeron comprometidos con la triple Entente. Inglaterra y Francia no nos han podido dirigir el menor reproche, ya que nuestros pactos con ambos países estaban circunscritos a la actuación de Marruecos. Nada les debemos, por otra parte, pues en la hora suprema del despojo de que fuimos víctimas en 1898 nada hicieron por España. (...)
¿Durará esta situación?¿Nos empujaran los Aliados a tomar partido con ellos o contra ellos? No lo espero, aunque no deja de inquietarme la hipótesis. Y no lo temo porque deben saber que carecemos de medios materiales y de preparación adecuada para auxilios de hombres y de elementos de guerra, y que aun en el caso de que el país se prestara a emprender aventuras, que no se prestaría, tendría escasa eficacia nuestra cooperación.
EDUARDO DATO, A MAURA

NEUTRALIDADES QUE MATAN

Desde el primer instante en que surgió el conflicto europeo, tantas veces temido, por tan pocos creído, la opinión más generalizada en España, preciso es reconocerlo, ha sido nuestra única segura salvación, se halla en proclamar y mantener nuestra neutralidad más absoluta. (...)
Al transcurrir los dias, la tranquilidad ha aumentado, llegan los optimistas, confiados en la neutralidad, a augurar para nosotros, como resultado del conflicto, días de ventura, prosperidad y engrandecimiento. ¡Quiera el cielo escucharlos! Pero por si acaso no les atiende, conviene analizar cuál es la esencia de esta medicina prodigiosa que se llama neutralidad.
"Neutralidad", literalmente expresa no ser de uno ni de otro. ¿Es que España en realidad no es de uno, ni de otro?¿Es que se puede dejar de ser de uno o de otro? (...)
España, pues, aunque se proclame otra cosa desde La Gaceta, está por fatalidades económicas y geográficas dentro de la atracción de la órbita de la triple inteligencia; el asegurar lo contrario es el cerrar los ojos a la evidencia. España, además, no puede ser neutral, porque de llegar el momento decisivo la obligarán a dejar de serlo. (...)
La hora es decisiva, hay que tener el valor de las responsabilidades ante los pueblos y ante la Historia; la neutralidad es un convencionalismo que sólo puede convencer a aquellos que se contentan con palabras y no con realidades; es necesario que hagamos saber a Inglaterra y a Francia que con ellas estamos, que consideramos su triunfo como el nuestro y su vencimiento como propio; entonces España, si el resultado de la contienda es favorable para la triple inteligencia, podrá afianzar su posición en Europa, podrá obtener ventajas positivas. Si no hace eso, cualquiera que sea el resultado de la guerra europea, fatalmente habrá de sufrir muy graves daños.
La suerte está hechada y no hay más remedio que jugarla; la neutralidad no es un remedio, por el contrario, hay neutralidades que matan.
CONDE DE ROMANONES

LA OPINIÓN DE UN INTELECTUAL

Me parece bien que estos periódicos me califiquen de germanófilo porque, en realidad, lo soy. Ante todo, la probidad.
Cierto que no quiero ser en nada solidario con los germanófilos españoles... la razón es bien sencilla. Los germanófilos de aquí son, en su mayoría, los legitimistas católicos y los ultraconservadores; son los que han abominado siempre la cultura germánica, los que creen que Lutero era un malvado; Kant, un sectario; Schopenhauer, un misántropo malintencionado, y Nietzsche, un loco. Son los que creen que Aparici y Guijarro, y Vázquez de Mella, el padre Coferino y el padre Zacarías han desmoronado por completo la filosofía alemana.
Estos clericales odian a Francia por haber separado la Iglesia del Estado, y no ven en Alemania más que militarismo y disciplina.
Yo no siento por estos clericales-fósiles de la fauna europea ni estimación ni simpatía, y no quiero estar ni pasajeramente en su bando.
Ellos admiran a Alemania por lo que a mí me parece abominable, en Alemania y fuera de ella, y abominan de Alemania por lo que yo encuentro digno de admiración.
PÍO BAROJA

Hay de todo un poco, como veis. 

fuentes: Historia de España Durvan, tomo 6. Documentos adjuntos al texto (pp.61 a 65)

Saludos...

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