"La incomprensión del presente nace fatalmente de la ignorancia del pasado. Pero quizá sea
igualmente vano esforzarse por comprender el pasado, si no se sabe nada del presente" M. Bloch
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lunes, 18 de febrero de 2013

Lord Byron, sobre el amor

Incluido en el Canto Cuarto de Las peregrinaciones de Childe-Harold:

CXXI
¡Oh, amor! Tú no habitas este mundo: serafín invisible, creemos en ti, y los mártires que proclaman tu culto son los amantes cuyo corazón ha sido destrozado: pero ningún mortal ha logrado verte hasta ahora, jamás te contemplará tal cual debes ser; la imaginación te ha creado de la misma manera que ha poblado el cielo, con el capricho de sus propios deseos. Esta forma, esta imagen, que ha dado a un pensamiento, persigue incesantemente el alma consumida por una sed devoradora, agotada por la fatiga y las torturas que la desgarran.

CXXII
El alma, asqueada de la belleza natural, se crea en sus delirios seres imaginarios. ¿Dónde están los rasgos que vislumbró el genio del escultor? Solamente existen en su fantasía. ¿Podrá mostrarnos la naturaleza algún objeto tan bello como ellos? ¿Dónde están los encantos y las virtudes que nos atrevemos a concebir en la juventud, continuándolos en nuestra edad madura? Paraíso ideal al que tendemos en vano y que constituye nuestra desesperación, tú eres el que extravías el pincel y la pluma que quisieren reproducirte con todo tu esplendor.

CXXIII
El amor es un delirio... es la demencia de la juventud, pero su curación es todavía más amarga. Cada día que pasa arrebata uno de los atractivos a nuestros ídolos; finalmente, descubrimos que no poseen el mérito ni la belleza con que habíamos adornado sus formas ideales. El hechizo fatal subsiste todavía; nos domina, y recogemos las tempestades que sembramos: el corazón, obstinado como el alquimista aferrado a la búsqueda de un tesoro que no existe, créese más rico a medida que se aproxima a la miseria.

CXXIV
Nos vamos ajando a partir de la juventud; nos fatigamos, llevando en nuestro pecho una llaga cruel. No conocemos el remedio, no podemos apagar nuestros labios ardientes. Algunas veces, hacia el ocaso de la vida, algún fantasma parecido a los que perseguíamos en tiempos pasados, viene a seducirnos un instante. Por desgracia es demasiado tarde... entonces nos creemos doblemente desdichados. El amor, la gloria, la ambición, la avaricia, todo es inútil, todo nos pierde; los mismos meteoros, bajo distintos nombres, descarrían nuestros pasos, y la muerte es el negro vapor en el que se desvanece su llama.

Lord Byron en traje albanés, por Thomas Phillips



¿Qué os parece su opinión sobre el sentimiento del amor? ¿Algo pesimista, quizá? Está claro que hay muchas maneras de amor: el amor que se siente por una madre, el que se siente por un hermano, por los amigos, por tu amada o amado... Byron hace referencia aquí a este último tipo de amor, sin duda. Todos nos hemos enamorado alguna vez. Seguramente, el primer paso consistiría en definir qué es el amor, para comenzar a discutir más tarde si es algo real o imaginario. No seré yo quien ofrezca una definición del amor, pues desconozco si alguien lo hizo alguna vez de manera satisfactoria. Es probable que tenga mucho de idealización de la figura amada, de ficción creada por el corazón amante, ficción que con el tiempo va dejando paso a la realidad. Supongo que el amor, en ese sentido "ideal", acaba por evaporarse a favor de otro tipo de amor, el que sentimos por la otra persona pese a sus patentes imperfecciones. Creo que el amor, entendido así, no consiste tanto en tener a nuestro/a amado/a en un aura de divinidad como en ofrecernos a él o ella de una manera sincera y desinteresada y, por supuesto, en tener la suerte de ser correspondidos. El amor es parte de la vida y, como ésta, está lleno de luces y de sombras, nos puede dar algunos de los mejores y algunos de los peores momentos de nuestras vidas. Hay quien, ante el riesgo, prefiere pasar a hurtadillas por sus fronteras, previniéndose así contra los grandes sentimientos. ¿Es una actitud conservadora y algo cobarde? Eso creo yo, aunque lo respete. También puede tratarse de una consecuencia de la continua experimentación insatisfactoria, de una huida ante el fracaso. Puede llegar a preferirse la seguridad del no amor a los sobresaltos y torturas de este continuo desconocido, tantas veces incierto y caprichoso. A saber por qué pruebas de Cupido pasó el pobre Byron para escribir estas letras...

Saludos


sábado, 16 de febrero de 2013

Oda a la pacificación, por Mario Benedetti

Siento la escasez de entradas. Quinto de carrera ha entrado con todo -y le hemos entrado con todo a quinto de carrera- y no me veo con mucho tiempo libre para pensar en y escribir para el Blog. En verano ya será otro cantar, pues material tengo cada vez más.
Os dejo un genial poema del uruguayo Benedetti (1920-2009), lleno de ironía, que acabo de escuchar y, sencillamente, me ha encantado.



Casi podríamos acabar nuestras oraciones cada noche con un: y líbranos de la "paz", amén.

http://persuasionpoints.com
Saludos

viernes, 30 de noviembre de 2012

Vistazo a Arthur Schopenhauer

Echemos un vistazo a Arthur Schopenhauer, "el filósofo pesimista", a través de unas pocas líneas y de un breve aunque esclarecedor documental.
Para Schopenhauer (Danzig/Gdansk, 1788 - Frankfurt del Main, 1860) somos un permanente querer que nunca tiene suficiente, y es por ello que vivimos en un continuo sufrimiento. La realidad es por esto profundamente absurda, la peor posible, pues se rige por la voluntad. 
Lo que la voluntad quiere es desear permanentemente, y nos domina puesto que nosotros mismos somos un conjunto de impulsos y reacciones, seres "deseantes" o de voluntad, nunca satisfechos.
Quedará aún más claro con un sencillo esquema:


Lo único que nos puede librar de este círculo vicioso es la razón, ya que nos permite ver a la voluntad tal y como es, y así rechazar el participar en su terrible juego.

Os dejo el documental. No dura mucho (alrededor de 30 minutos), pero para empezar no está nada mal. Lo siguiente será acudir a documentales más concretos (sobre el amor, sobre la muerte... en el pensamiento de Schopenhauer) y a los mismos libros del autor ("El mundo como voluntad y representación" parece ser su obra principal).



Saludos

martes, 4 de septiembre de 2012

Sobre el olvidado siglo XX

Pronto empiezan de nuevo las clases para nosotros los universitarios. En mi caso me enfrento -de grado- con el último año de la licenciatura de Historia. Es una lástima, he disfrutado mucho con la carrera y nuestro futuro como docentes o profesionales de la historia es, hoy por hoy, toda una incógnita. ¡Pero aún quedan muchas horas por delante hasta que éso llegue! Sigamos pues con nuestro propósito que era, si mal no recuerdo, atraer a los interesados lectores hacia otra obra de referencia, la que da título a esta entrada: "Sobre el olvidado siglo XX" (2008), del imprescindible Tony Judt, quien ya pasó antes por nuestro blog (ver).
Pues bien, todavía no he pasado de la introducción de la obra y ya os la anuncio a bombo y platillo. Hoy mismo la recogí de la biblioteca. No puedo en tales condiciones -diréis- escribir una entrada sobre el libro de Judt, si ni siquiera sé si será bueno o valdrá la pena; quizá no debiera, pero sé que lo será y la valdrá. Antecedentes tengo, con la lectura de otras obras suyas como "Algo va mal" (2010) o la monumental "Postguerra" (2005), que dejé "en stand by" durante el verano y pronto retomaré. Pero es que además voy leyendo la introducción y me va encantando, y nada más que un recorte de dicha introducción es lo que os traigo, para abrir boca. En cursiva y entre corchetes van mis comentarios, y destacaré algunas ideas con el subrayado. Allá va:

(...) En suma, el Estado de bienestar nació de un consenso interpartidario del siglo XX. En la mayoría de los casos fue puesto en práctica por liberales o conservadores que habían entrado en la vida pública mucho antes de 1914 y para quienes la provisión pública de servicios médicos universales, pensiones de jubilación, seguros de enfermedad y desempleo, educación gratuita, transporte público subvencionado y otros prerrequisitos de un orden civil estable no representaban la primera fase del socialismo del siglo XX, sino la culminación del liberalismo reformista de finales del siglo XIX. Una perspectiva similar informó el pensamiento de muchos de los partidarios del New Deal en Estados Unidos.
Además, y aquí el recuerdo de la guerra [la segunda mundial] desempeñó de nuevo un papel importante, los estados de bienestar "socialistas" [Judt ironiza -de ahí las comillas- con los que califican al Estado de bienestar de socialista dada su activa intervención en la vida de su población a través de las distintas políticas públicas, subvenciones, etc. Un estado socialista, un estado intervencionista, un estado ineficaz, vendría a ser la despectiva descripción] del siglo XX no se construyeron como avanzadillas de una revolución igualitaria, sino como barreras contra el regreso del pasado: contra la depresión económica y su violento resultado polarizador en las políticas desesperadas del fascismo y del comunismo. Los estados de bienestar eran por tanto estados profilácticos. Fueron diseñados conscientemente para satisfacer el anhelo generalizado de seguridad y estabilidad que John Maynard Keynes y otros previeron mucho antes del final de la Segunda Guerra Mundial -y superaron todas las expectativas-. Gracias a medio siglo de prosperidad y seguridad, en Occidente hemos olvidado los traumas políticos y sociales de la inseguridad masiva. Y así hemos olvidado por qué heredamos esos estados de bienestar y qué fue lo que dio lugar a su creación.

http://opinionesdiscutibles.blogspot.com.es
La paradoja, por supuesto, es que el éxito mismo de los estados de bienestar de economía mixta, al proporcionar la estabilidad social y la desmovilización ideológica que hicieron posible la prosperidad del pasado medio siglo, ha conducido a una generación política más joven a dar por sentadas esas mismas estabilidad y conformidad ideológica, a pedir la eliminación del "impedimento" de un Estado que impone tributación, regula y, en general, interfiere. Si el argumento ideológico de esto es tan sólido como ahora lo parece -si la regulación y la provisión sociales fueron realmente un impedimento para el "crecimiento" y la "eficacia", y no quizá la condición que los facilitó- es discutible. Pero lo que resulta llamativo es hasta qué punto hemos perdido la capacidad incluso de concebir la política pública más allá de un economismo* estrecho. Hemos olvidado cómo pensar políticamente.


Éste también es uno de los paradójicos legados del siglo XX. El agotamiento de las energías políticas en la orgía de violencia y represión de 1914 a 1945 y posteriormente nos ha privado de buena parte de la herencia política de los últimos doscientos años. La terminología de "izquierda" y "derecha", heredada de la Revolución Francesa, no carece por completo de significado en la actualidad, pero ya no describe (como hasta hace poco tiempo) las lealtades políticas de la mayoría de los ciudadanos en las sociedades democráticas. Somos escépticos, si no activamente recelosos, ante los objetivos políticos globales: las grandes narraciones de la Nación, la Historia y el Progreso, que caracterizaron a las familias políticas del siglo XX, ahora parecen desacreditadas sin recuperación posible. Y, así, describimos nuestros objetivos colectivos en términos exclusivamente económicos -prosperidad, crecimiento, PIB, eficacia, producción, tipos de interés y comportamiento del mercado de valores- como si no fueran sólo medios para alcanzar colectivamente unos fines sociales o políticos, sino fines suficientes y necesarios en sí mismos.
En una época apolítica hay mucho que decir de los políticos que piensan y hablan económicamente: después de todo, así es como la mayoría de la gente concibe hoy sus oportunidades e intereses vitales, y cualquier proyecto de política pública que ignorase esta verdad no llegaría muy lejos. Pero eso es sólo como son las cosas ahora. No han sido siempre así, y no tenemos buenas razones para suponer que seguirán siéndolo en el futuro. No sólo la naturaleza aborrece el vacío: las democracias en las que no hay opciones políticas significativas, en las que la política económica es todo lo que realmente importa -y en las que la política económica está en buena parte determinada por actores no políticos (bancos centrales, agencias internacionales o corporaciones transnacionales)- bien dejarán de ser democracias que funcionen o volverán a presenciar la política de la frustración, del resentimiento populista. La Europa central y oriental postcomunista ilustra cómo puede ocurrir esto; la trayectoria política de democracias similarmente frágiles en otros lugares, del sur de Asia a América Latina, es otro ejemplo. Fuera de Norteamérica y de Europa occidental parece que el siglo XX sigue con nosotros.

Fin de la transcripción.


No os engañéis por el breve fragmento que he traído. De seguro el libro ahondará en estos juicios, pero incorporando otros análisis históricos y en especial (esto lo he visto con un vistazo al índice) el papel de las ideas y la responsabilidad de los intelectuales que poblaron el pasado y turbulento siglo. Es un libro sobre el siglo XX visto desde inicios del XXI, un libro-advertencia, o un libro-consejo... un libro crítico. Olvidamos el pasado siglo, qué llevó a hacernos tal como éramos, tal como somos; olvidamos las consecuencias de cargar demasiado el saco, de pensar demasiado en abstracto, de olvidar a la gente que hace que todo el sistema circule sin taquicardias. Como el niño que olvidase las propiedades del fuego, aquel que ignore las lecciones del pasado corre el riesgo de abrasarse. Es lo que Tony Judt pareció querer advertirnos en sus obras.

Saludos 

* Economismo: doctrina que defiende la primacía de los factores económicos sobre los de cualquier otra índole.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Camus rebelado


Terminado de leer el excelente libro de Albert Camus 'The Rebel' (L'Homme révolté, 1951) en una edición británica, paso a comentar de qué trata el libro y a traer, como acostumbro, algún fragmento de entre los que me llamaron especialmente la atención. A continuación podréis decidir si, personalmente, os interesa su lectura.

No es una novela, sino un ensayo; sobre filosofía política, diría yo. Camus se pregunta sobre qué dio origen a los totalitarismos del siglo XX. Se remonta en su explicación a la Revolución francesa y Saint-Just, a autores como Sade o Dostoyevsky, al romanticismo, a los terroristas rusos de finales del XIX y principios del XX, a la "muerte" de Dios y al nihilismo, a Nietzsche y su influencia, al pensamiento de Hegel y al de Marx y su interpretación posterior, a cómo el socialismo promete un paraíso, en un futuro indeterminado, que llega a justificar los medios más perversos. Se habla de Hitler y se habla de Stalin. Se habla del paralelismo que presentan los sistemas capitalista y socialista en el mundo bipolar de la Guerra Fría, y del peligro nuclear que pende sobre toda la humanidad. De cómo, finalmente, la revolución acaba por apartarse de las aspiraciones de la rebelión que fue su origen, traicionándola. El mismo Camus deja claro el objeto de la obra: "Uno puede pensar que el período que en unos cincuenta años exilia, esclaviza o mata a setenta millones de seres humanos puede únicamente, y con razón, ser condenado. Creemos que es menester, además, comprenderlo".

Hecha la pequeña presentación del contenido, paso a transcribir el fragmento prometido. Este libro es de los que se presta a ser continuamente subrayado y/o anotado (maltratado, diría más de uno), dada la cantidad de frases y pensamientos geniales o muy destacables en que abunda. El "recorte" que os traigo se encuentra en mi edición en la página 248 y posteriores, ya casi hacia el final del libro. Decía al principio que se trata de una edición británica: efectívamente, me hice con el ensayo en una preciosa librería de viejo de Glasgow. Mi inglés no es el mejor, la traducción es un poco libre (prefiero emplear un castellano atractivo antes que realizar una sustitución literal y ajustada del verbo inglés; que a su vez es traducción del original francés, en cualquier caso), pero mantendré el "espíritu" de cada frase, sin cambiar en ningún caso la idea que Camus quiso transmitir. 
En fin, sin más preámbulo, habla el filósofo:

"...ya es hora de decir, provisionalmente, que la más extrema forma de libertad, la libertad para matar, no es compatible con los motivos de la rebelión. La rebelión no es en ningún caso una demanda de libertad absoluta. Al contrario, la rebelión pone a la libertad absoluta en tela de juicio. El objeto de su ataque es justamente el poder ilimitado que autoriza al superior [entiéndase en la oposición amo/esclavo, propietario/obrero, etc] a violar la frontera prohibida. Lejos de demandar una independencia general, el rebelde desea el reconocimiento de que la libertad encuentra sus límites allá donde topa con el ser humano (...). El rebelde demanda indudablemente un cierto grado de libertad para sí mismo; pero en ningún caso demanda el derecho de destruir la existencia y libertad de otros. Él no humilla a nadie. La libertad que reclama, la reclama para todos; la libertad que rechaza, a todos se la niega. No se trata únicamente del esclavo contra el amo, sino también del hombre contra el mundo de esclavos y amos. (...) El poder ilimitado no es la ley única. Es en el nombre de otro valor que el rebelde afirma la imposibilidad de libertad absoluta, mientras clama para sí mismo la libertad relativa necesaria para que dicha imposibilidad sea reconocida. Toda libertad humana, en sus mismas raíces, es pues relativa. (...)

Es posible entonces afirmar que la rebelión, cuando desemboca en destrucción, es ilógica. Clamando por la unidad de la condición humana, es una fuerza de vida y no de muerte. Su más profunda lógica no es de destrucción: es una lógica de creación. (...) La pasión nihilista, sumada a la falsedad e injusticia, destruye, en su furia, estas demandas antiguas, privando a la rebelión de sus más convincentes razones. Mata, en la profunda convicción de que este mundo está dedicado a la muerte. Consecuencia de la rebelión es, al contrario, el rechazo a legitimar el asesinato ya que la rebelión es, a priori, una protesta contra la muerte. 
Pero si el hombre fuera capaz de introducir, enteramente por su mano, unidad en el mundo; si pudiera establecer un reino, por él mismo, de sinceridad, inocencia, y justicia: sería el mismo Dios. Si pudiera hacerse, ciertamente, ya no habrían más razones para la rebelión. Si la rebelión existe es porque la falsedad, la injusticia y la violencia forman parte de las condiciones en que el rebelde vive. No puede, por esta razón, decidir absolutamente no matar o mentir sin renunciar a su rebelión -aceptando entonces, de una vez y para siempre, la maldad y el asesinato que le rodean. Pero tampoco puede aceptar matar y mentir, desde el momento en que el razonamiento inverso que justificaría el asesinato y la violencia también destruiría la razón de su insurrección. Es por esto que el rebelde no puede nunca encontrar la paz. Conoce lo que está bien y, a pesar suyo, hace el mal. (...) En cualquier caso, si no siempre es capaz de no matar -ya sea directa o indirectamente-, siempre puede poner su convicción y pasión en trabajar por disminuir las ocasiones de asesinato a su alrededor. (...) Si finalmente se ve forzado a matar, él mismo aceptará la muerte. Fiel a sus orígenes, el rebelde demuestra mediante el sacrificio que la libertad real no es libertad para asesinar sino libertad para enfrentar la propia muerte. Al mismo tiempo, alcanza el honor en términos metafísicos. Es entonces cuando Kalyayev sube al cadalso, desde donde visiblemente muestra a todos sus camaradas el límite exacto en el cual el honor del hombre empieza y acaba".

No está mal... En este fragmento, Camus muestra su visión ideal de lo que debería ser el rebelde y su rebelión, muy lejos de aquello en lo que históricamente la rebelión ha terminado transformándose, demasiado a menudo: un "movimiento" en el que unas élites revolucionarias se perpetúan y matan en mor de un paraíso prometido, cínicamente, sin por supuesto aceptar esos límites a su propia libertad, ni la muerte propia a cambio de la ajena. La rebelión deja de existir, deja de ser; ya no es sino voluntad de poder e imperio.

Acabo con algunas frases más, que pueden encontrarse en el libro:

"Un fin que requiera medios injustos no es un fin justo". Atribuída a Karl Marx. Al menos en el momento de escribir estas líneas comulgó con el pensamiento de Camus.
"Si nos decidimos a rebelarnos, debe ser porque hemos aceptado que la sociedad humana tiene algun valor positivo. (...) La rebelión no puede existir sin una extraña forma de amor". Palabras de Herbert Read, en la introducción previa a la obra. Precioso.
Y estas de Camus:
"La política no puede ser religión. De lo contrario, no es sino Inquisición".
"El arte y la rebelión sólo morirán con la muerte del último hombre en la tierra".
"La generosidad real respecto al futuro radica en dárselo todo al presente". Podríamos conectar esta sentencia con la anterior frase de Marx y situarla contra aquellos que, prometiendo el futuro paraíso terrenal, consienten -o promueven- el sufrimiento de las generaciones presentes.

En fin, un libro muy interesante. Por mi parte, me lanzo de cabeza a leer otras obras de Camus. Como pensador y escritor promete no dejar indiferente.

desde http://malditovivant.files.wordpress.com



Saludos

sábado, 30 de junio de 2012

Sobre el placer de la lectura

Acabo de terminar mi primera lectura del autor Daniel Pennac... y apostaría a que no es la última. Se trata de su célebre ensayo "Como una novela", que a mis ojos trata sobre el placer de leer, cómo se les da o se les quita a nuestros jóvenes a través de la influencia de los padres y de la escuela (una curiosidad no se fuerza, se despierta, nos dice Pennac), y sobre los derechos que el lector tiene, como lector que es.
Como acostumbro a hacer, traigo unos fragmentos que me han gustado y parecido especialmente significativos, para que podáis juzgar vosotros mismos.

Algo deprimente de todos modos, esta unanimidad...
Como si (...) el papel de la escuela se limitara siempre y en todas partes al aprendizaje de técnicas, al deber del comentario, y cortara el acceso inmediato a los libros mediante la abolición del placer de leer. Parece establecido desde tiempos inmemoriales, y en todas las latitudes, que el placer no tiene que figurar en el programa de las escuelas y que el conocimiento sólo puede ser el fruto de un sufrimiento bien entendido. (...) cuando todo, absolutamente todo en la vida escolar -programas, notas, exámenes, clasificaciones, ciclos, orientaciones, secciones-, afirma la finalidad competitiva de la institución, inducida por el mercado del trabajo.
Que el colegial, de vez en cuando, encuentre un profesor cuyo entusiasmo parece considerar las matemáticas en sí mismas, que las enseñe como una de las Bellas Artes, que haga que se las ame por la virtud de su propia vitalidad, y gracias al cual el esfuerzo se convierta en placer, depende del azar del encuentro, no del talante de la Institución.
(...)
La lectura se aprende en la escuela.
Amar la lectura...

Y yendo con el ejemplo de uno de esos maestros que sí son capaces de despertar el interes de sus jóvenes alumnos:
En la biografía que dedica al poeta Georges Perros, Jean-Marie Gibbal cita esta frase de una estudiante de Rennes donde enseñaba Perros:

"Él (Perros) llegaba la mañana del martes, desgreñado por el viento y por el frío en su moto azul y oxidada. Encorvado, con un chaquetón de marinero, la pipa en la boca o en la mano. Vaciaba una bolsa de libros sobre la mesa. Y era la vida".

Quince años después, la maravillosa maravillada sigue contándolo. Con la sonrisa puesta sobre la taza de café piensa, reúne lentamente sus propios recuerdos, y después:
- Sí, era la vida: media tonelada de libros, pipas, tabaco, un ejemplar del France-soir o de L'Equipe, llaves, carnés, facturas, una bujía de su moto... De este fárrago sacaba un libro, nos miraba, soltaba una risa que nos daba apetito, y comenzaba a leer. Caminaba mientras leía, una mano en el bolsillo, la otra, la que sostenía el libro, un poco tensa, como si, leyéndolo, nos lo ofreciera. Todas sus lecturas eran regalos. No nos pedía nada a cambio. Cuando la atención de alguno o alguna de nosotros flaqueaba, abandonaba la lectura un segundo, miraba al dormido y silbaba. No era una reprimenda, era una alegre devolución a la conciencia. No nos perdía jamás de vista. Hasta en lo más profundo de su lectura, nos contemplaba por encima de los renglones. Tenía una voz sonora y luminosa, un poco aterciopelada, que llenava perfectamente el volumen de las clases (...) Asumía instintivamente las medidas del espacio y de nuestros cerebros. Era la caja de resonancia natural de todos los libros, la encarnación del texto, el libro hecho hombre. Por su voz descubríamos de repente que todo aquello había sido escrito para nosotros. Este descubrimiento intervenía después de una interminable escolaridad en la que la enseñanza de la Literatura nos había mantenido a una distancia respetuosa de los libros. Así pues, ¿qué hacía él que no hubieran hecho otros profesores? Nada. En determinados aspectos, hacía incluso menos. Sólo que, mira, no nos entregaba la literatura en un cuentagotas analítico, nos la servía en dosis generosas... Y entendíamos todo lo que nos leía. Lo entendíamos. No había más luminosa explicación del texto que el sonido de su voz cuando anticipaba la intención del autor, revelaba una segunda intención, desvelaba una alusión..., imposibilitaba el contrasentido.
(...)
Nos daba una hora de clase a la semana. Esa hora se parecía a su macuto: una mudanza. Cuando nos abandonó al fin del año, eché cuentas: Shakespeare, Proust, Kafka, Vialatte, Strindberg, Kierskegaard, Molière, Beckett, Marivaux, Valéry, Huysmans, Rilke, Bataille, Gracq, Hardellet, Cervantes, Laclos, Cioran, Chéjov, Henri Thomas, Butor... Los cito en desorden y olvido muchos. ¡En diez años, no había oído ni la décima parte!
Nos hablaba de todo, nos lo leía todo (...). Nos tomaba por lo que éramos, unos jóvenes bachilleres incultos y que merecían saber. Y ni hablar de patrimonio cultural, de sagrados secretos pegados a las estrellas; en su caso, los textos no caían del cielo, los recogía del suelo y nos los daba a leer. Todo estaba allí, alrededor de nosotros, pletórico de vida. Recuerdo nuestra decepción, al principio, cuando abordó las grandes figuras, aquellos de quienes nuestros profesores, pese a todo, nos habían hablado, los poquísimos que creíamos conocer bien: La Fontaine, Molière... En una hora, perdieron su estatuto de divinidades escolares para hacérsenos íntimos y misteriosos..., es decir, indispensables. Perros resucitaba los autores. Levántate y anda: de Apollinaire a Zola, de Brecht a Wilde, todos acudían a nuestra clase, completamente vivos, como si salieran de chez Michou, el café de enfrente. Café donde a veces nos ofrecía una seguda parte. No jugaba, sin embargo, al profe-colega, no era su estilo. Perseguía pura y simplemente lo que denominaba su "curso de ignorancia". Con él, la cultura dejaba de ser una religión de Estado y la barra de un bar era una cátedra tan presentable como una tarima. Nosotros mismos, al escucharlo, no sentíamos deseos de entrar en religión, de vestir el hábito del saber. Teníamos ganas de leer, y punto... Así que se callaba, desvalijábamos las librerías de Rennes y de Quimper. Y cuanto más leíamos, más ignorantes, en efecto, nos sentíamos, solos sobre la arena de nuestra ignorancia, y frente al mar. Sólo que, con él, ya no teníamos miedo de mojarnos.

 Tiene otro libro en el que también trata cuestiones sobre pedagogía y enseñanza (yo ya he tomado nota y antes o después acabaré leyéndolo): "Mal de escuela".

listal.com

Saludos

domingo, 6 de mayo de 2012

Escuchando a Galeano

Comparto un vídeo, un descubrimiento más de cuantos se dan surcando los mares de Internet. Se trata de una entrevista a Eduardo Galeano en el programa catalán Singulars (Singulares). Tan sólo la introducción está en lengua catalana, el resto de la entrevista transcurre en castellano. Si tuvieseis problemas para comprenderla, no obstante, no tendré problema en traducirla para vosotros.


En el programa, Galeano habla sobre la política, los mercados financieros, los movimientos de protesta (la entrevista se realizó hace aproximadamente un año, cuando el movimiento indignado era una novedad), la utopía... incluso sobre fútbol. Se tocan diversos temas, pero siempre desde el estilo inconfundible del escritor uruguayo, que aúna la crítica más profunda con un tono casi poético, de manera que tras ser escuchado -o leído- siempre nos deja como un eco a modo de lección o recordatorio moral.

Galeano cuenta con varias obras muy conocidas, como Las venas abiertas de América Latina (1971), El libro de los abrazos (1989), o Patas arriba: la escuela del mundo al revés (2008), el único que he tenido el placer de leer, por el momento.
Por lo que decía de su estilo, y para que os hagáis una idea del contenido del último de los títulos que os he dado, transcribo algunas frases:
-"Se sataniza al drogadicto y, sobre todo, al drogadicto pobre, como se sataniza al pobre que roba, para absolver a la sociedad que los genera".
-"Los países que más armas venden al mundo son los mismos países que tienen a su cargo la paz mundial".
-"José Hernández, el poeta, había comparado a la ley con el cuchillo, que jamás ofende a quien lo maneja".
-"Hay cada vez más gente que aplaude el sacrificio de la justicia en los altares de la seguridad".
-"La economía mundial es la más eficiente expresión del crimen organizado".
-"El robo chico es delito contra la propiedad. El robo grande es derecho de los propietarios".
-"Como en todos los países pobres, más poder que el voto tiene el veto: el voto democrático propone y la dictadura financiera dispone".
-"El mundo al revés nos enseña a padecer la realidad en lugar de cambiarla, a olvidar el pasado en lugar de escucharlo y a aceptar el futuro en lugar de imaginarlo: así practica su crimen, y así lo recomienda".

En el mismo vídeo adjunto encontraréis otras tantas "frases galeanas". Yo, personalmente, me quedo con esta: "Yo no creo que valga la pena vivir para ganar. Creo que vale la pena vivir para hacer lo que la conciencia te dicte que debes hacer, y no lo que te conviene... Y esto vale para todo".  ¡Cómo sería nuestro mundo si sus habitantes se la aplicasen!


Saludos

sábado, 14 de abril de 2012

El rap de Hayek y Keynes

Justo estoy planeando el mejor modo de enfocar un trabajo sobre la actual crisis del capitalismo (la que el Nobel de Economía Stiglitz llama "Gran Recesión") cuando me encuentro en Youtube con estos originales videos en los que se nos exponen las dos principales teorías económicas del siglo XX... enfrentadas a ritmo de rap.




Con acceder a las biografías de ambos economistas por Internet (Hayek; Keynes) ya encontraréis información más que suficiente para empezar a indagar; más aún si, como le sucede a un servidor, no estáis todavía familiarizados con todos los términos de la ciencia económica. Por lo poco que sé, las letras que vemos en los videos no están nada desencaminadas sobre sus posturas respecto a en qué medida debe el Estado intervenir en la economía y cómo -y hacia qué sectores- se debe enfocar el gasto, especialmente en tiempos de crisis como los que corren. A grandes rasgos, Hayek aboga por dejar que el mercado se autorregule, sin intervención estatal (pues ello conduciría progresivamente al temible socialismo), mientras Keynes apuesta por corregirlo "desde arriba", incentivando el gasto y la circulación de dinero -especialmente- en tiempos de crisis.

Sobre todo, un aplauso para los creadores de ambos videos. Es una idea muy original.
( http://econstories.tv/ )

Saludos

Nota: para ver los videos a buen tamaño click sobre el icono "Youtube" en la esquina inferior derecha de las respectivas ventanas.

viernes, 23 de marzo de 2012

"Ardor guerrero", de Antonio Muñoz Molina

Novela-memoria del escritor Antonio Muñoz Molina, de su período de mili en realidad, que transcurrió entre 1979 y 1980 en San Sebastián. En ella, y en palabras de Justo Serna (Pasados ejemplares. Historia y narración en Antonio Muñoz Molina), el autor aprecia el desajuste que hay entre la grandilocuencia militar, entre la épica guerrera, y la estulticia, la mediocridad e incluso la crueldad de la tropa y sus mandos. Justo por eso llama la atención el título de la obra, "Ardor Guerrero", del Himno de Infantería. La patriótica letra es desmentida por la memoria militar a la que accede el lector. No hay bravura, no hay amor patrio, ni hay ansia guerrera; hay mezquindad, mediocridad, crueldad ordinaria para sobrevivir en un entorno sedentario de escribientes que se escaquean y de mandos que se aturden con alcoholes.
Quien lea la obra encontrará personajes entrañables, como el flojo y amigable brigada Peláez o el romántico y radical Pepe Rifón, pasando por los cabos chusqueros, los "bisa" de gorra capada, expertos en el escaqueo y  el consumo indetectado de alcohol y hachís, o los nerviosos nuevos reclutas (los "conejos"), que todavía destilan marcialidad y buenas maneras tras la intensa experiencia previa del campamento. Encontrará también un reflejo de la España de la época, del conflicto en el País Vasco, del miedo al golpismo militar, de los restos aun visibles de la dictadura, de la música del momento,  de lo que los cines proyectaban... en resumen, de todo cuanto Muñoz Molina recuerda -o quiere recordar- pasados quince años de los hechos.

http://laantiguabiblos.blogspot.com

De un tiempo a esta parte le he cogido gusto a subrayar, o incluso a comentar, los libros a medida que los leo. Así, puedo ahora localizar fácilmente alguno de los puntos que me llamaron más la atención, los que mejor definen la obra, y compartirlos aquí; seguro, eso sí, de no estar "espoileando" a nadie.
Sobre la opinión que la práctica de la milicia le merece a Antonio Muñoz Molina, por ejemplo, podemos encontrar "... otro rasgo del miedo militar, el miedo a ser el único en algo, a encontrarme solo entre los otros, que no tendrían la menor compasión hacia mí, porque en el Ejército una de las primeras cosas que uno perdía era la piedad" o "El punto máximo de aquella retórica era la eliminación de toda palabra articulada: se propendía, en las arengas, al grito afónico, y en las órdenes, al ladrido y la onomatopeya".
Quizá era su condición de intelectual, ya por entoces de izquierdas, la que le predisponía a sentirse a disgusto inserto en ese mundo castrense, y a buscar los momentos de soledad, como oxígeno necesario para no desfallecer ("Bastaba el olor, el roce civilizado del papel, la quietud de aquel lugar en el que no había casi nadie"); si bien reconoce que la mili le ayudó a salir de la pecera universitaria en la que hasta entonces se había movido: "Seis años en la universidad, dedicados a leer libros y a ver películas en cineclubes universitarios y a discutir sobre libros, películas y política con personas que hacían más o menos lo mismo que yo me habían influido mucho más de lo que yo estaba dispuesto a reconocer, segregándome de la vida común, o haciéndome creer que esa vida era la de los universitarios y los aspirantes a intelectuales de izquierdas con los que yo trataba".
Pero sin duda, las meditaciones más provechosas -desde el punto de vista histórico- son aquellas que se refieren directamente a la época, al ambiente quizá algo enrarecido de aquella España que se adentraba en los ochenta. Os dejo ejemplos: 
"...el aire rancio de las dependencias militares que la Constitución de 1978 ni siquiera había empezado a ventilar, igual que nadie había cambiado aún los escudos de las banderas, que seguían luciendo el águila negra del franquismo, ni descolgado los retratos de Franco".
"Todo podía quebrarse, lo mismo mi destino de oficinista que la democracia española".
Y al igual que se ha considerado que el siglo XX realmente comienza en 1914 con la gran guerra industrial, él considera superados nuestros setenta tras el golpe de Tejero: "Los ochenta sólo comenzaron cuando dejamos de ser rehenes de los golpistas y de los terroristas y cuando los héroes de la década anterior [entiendo que se refiere a las grandes personalidades de la izquierda] empezaron a perder sus resplandores heroicos como trámite previo a la pérdida de la vergüenza". Y es que cierta izquierda no escapa a su crítica, y en alguna ocasión nos dice Molina que le sabía mal su propia moderación, su posicionamiento quizá pequeñoburgués:  "Pero mi amigo Pepe no era entonces el único que cerraba los ojos: casi nadie en la izquierda sabía o intentaba saber, y los intelectuales más viajados y agasajados volvían de la Unión Soviética o de Cuba o de la Rumanía de Ceaucescu sin contar nada, sin haberse enterado en apariencia de nada".

En fin, una lectura recomendable para cualquiera, y más aún para aquellos que quieran bucear en el estado de ánimo de aquel período, nexo entre dos décadas, lleno de pintadas abertzales y cargas de antidisturbios, cargos militares asesinados a tiros en plena calle, de grupos de matones fascistas encapuchados y de jóvenes comunistas admiradores de Stalin; o para aquellos que quieran recordar en cierta medida su propia mili comparándola con la del relato de  Muñoz Molina; o para aquellos, por último, que nunca la hicimos y queramos saber de qué manera se disfrutaba y se sufría, en espera de la anhelada "blanca".

Saludos

jueves, 1 de marzo de 2012

Einstein, sobre la buena educación

Palabras del archiconocido científico Albert Einstein. Profesores presentes y futuros, presten atención.

EDUCACIÓN Y PENSAMIENTO INDEPENDIENTE

Del New York Times, 5 de octubre de 1952

No basta con enseñar a un hombre una especialidad. Aunque esto pueda convertirle en una especie de máquina útil, no tendrá una personalidad armoniosamente desarrollada. Es esencial que el estudiante adquiera una comprensión de los valores y una profunda afinidad hacia ellos. Debe adquirir un vigoroso sentimiento de lo bello y de lo moralmente bueno. De otro modo, con la especialización de sus conocimientos más parecerá un perro bien adiestrado que una persona armoniosamente desarrollada. Debe aprender a comprender las motivaciones de los seres humanos, sus ilusiones y sus sufrimientos, para lograr una relación adecuada con su prójimo y con la comunidad.
Estas cosas preciosas se transmiten a las generaciones más jóvenes mediante el contacto personal con los que enseñan, no (o al menos no básicamente) a través de libros de texto. Es esto lo que constituye y conserva básicamente la cultura. Es en esto en lo que pienso cuando recomiendo "el arte y las letras" como disciplinas importantes y no sólo el árido y estéril conocimiento especializado en los campos de la historia y de la filosofía.
La insistencia exagerada en el sistema competitivo y la especialización prematura en base a la utilidad inmediata matan el espíritu en que se basa toda vida cultural, incluido el conocimiento especializado.
Es también vital para una educación fecunda que se desarrolle en el joven una capacidad de pensamiento crítico independiente, desarrollo que corre graves riesgos si se lo sobrecarga con muchas y variadas disciplinas. Este exceso conduce inevitablemente a la superficialidad. La enseñanza debería ser de tal naturaleza que lo que se ofreciese se recibiera como un don valioso y no como un penoso deber.
http://yobeauty.files.wordpress.com


Y aquí un fragmento que me ha llamado especialmente la atención, de un discurso pronunciado en Albany, New York State, en la celebración del tricentenario del inicio de la enseñanza superior en Estados Unidos, el 15 de octubre de 1936. Publicado en Out of My Later Years (Nueva York. Philosophical Library, 1950):

(...) hemos de prevenirnos contra quienes predican a los jóvenes el éxito, en el sentido habitual, como objetivo de la vida. Pues el hombre que triunfa es el que recibe mucho de sus semejantes, normalmente muchísimo más de lo que corresponde al servicio que les presta. El valor de un hombre debería juzgarse en función de lo que da y no de lo que es capaz de recibir.


 Fuente de los textos:
El libro "Albert Einstein. Mis ideas y opiniones". Colección Los libros que cambiaron el mundo. Prisa Innova S.L., Madrid (2009)

Saludos

jueves, 26 de enero de 2012

Un poco de autocrítica...

...con la ayuda de Silvio Rodríguez . Porque es muy fácil denunciar, opinar y arreglar el mundo a través de la pluma; o desde la comodidad de un ordenador.


¿Que es mejor que no hacer nada? Probablemente. ¡Pero cuánto dista del verdadero esfuerzo! 


Letra

Canción en harapos
Qué fácil es agitar un pañuelo a la tropa solar
del manifiesto marxista y la historia del hambre.
Qué fácil es suspirar ante el gesto del hombre
que cumple un deber
y regalarle ropitas a la pobrecita
hija del chófer.
Qué fácil de enmascarar sale la oportunidad.

Qué fácil es engañar al que no sabe leer
cuántos colores, cuántas facetas tiene el
pequeño burgués.

Qué fácil es trascender con fama de original,
pero se sabe que entre los ciegos el tuerto tiende a mandar.
Qué fácil de apuntalar sale la vieja moral
que se disfraza de barricada
de los que nunca tuvieron nada;
qué bien prepara su mascarada el
pequeño burgués.

Viva el harapo señor
y la mesa sin mantel.
Viva el que huela a callejuela,
a palabrota y taller.  (bis)

Desde una mesa repleta cualquiera decide aplaudir
la caravana en harapos de todos los pobres.
Desde un mantel importado y un vino añejado
se lucha muy bien,
desde una casa gigante y un auto elegante
se sufre también.
En un amable festín se suele ver "combatir"...

Si fácil es abusar más fácil es condenar
y hacer papeles para la historia para que te haga un lugar.

Qué fácil es protestar por la bomba que cayó
a mil kilómetros del ropero y del refrigerador.
Qué fácil es escribir algo que invite a la acción
contra tiranos, contra asesinos
contra la cruz y el poder divino
siempre al alcance de la vidriera y el comedor.

Viva el harapo señor
y la mesa sin mantel.
Viva el que huela a callejuela,
a palabrota y taller. (bis)


Saludos

miércoles, 18 de enero de 2012

Leer a Mafalda

Os lo recomiendo encarecidamente. Reiréis y aprenderéis con la visión del mundo de Mafalda y sus amigos.
   Seguro que muchos conocíais de la existencia de esta niña que parece disfrutar realizando profundas preguntas (de esas que requieren buenas dosis de reflexión antes de ser contestadas) a sus padres y profesores, pero puede que no todos la hayáis leído a conciencia. A mi se me ocurrió hacerlo apenas dos meses atrás, y fijáos si me gustó que se ha ganado una entrada.
   Las viñetas del humorista Quino son también interesantes como documento histórico, pues reflejan desde la preocupación ante el armamento atómico, o ante el imparable ascenso de China, hasta el conflicto de Vietnam o la interiorización de la idea de un mundo bipolar, pasando por la problemática interna de la misma Argentina. Todo en clave de humor, a través de las afiladas críticas que Mafalda lanza con sus preguntas inocentes (...¿o no tan inocentes?)

Qué mejor que dejar unas cuantas viñetas para demostrarlo:




 

En fin, a mí me ha conquistado.

Saludos

jueves, 12 de enero de 2012

"El poder de los sin poder", por Václav Havel

Ayer mismo terminé de leer este libro del que fue dramaturgo, disidente durante el control comunista, último presidente de Checoslovaquia y primero de la República Checa: Václav Havel, recientemente fallecido.
    No esperéis las memorias de un perseguido. Se trata de un ensayo sobre la manera en su opinión ideal de oponerse a lo que él llamaba postotalitarismo (el régimen construido en la mentira colectiva, cuya coartada es un elaborado ordenamiento jurídico, con un aparato represivo temible y temido), mediante la vida en la verdad, actuando desde el contexto prepolítico de la sociedad (la vida y la existencia de cada uno, y de los que le rodean). Es un tanto filosófico, sin duda.

   El libro empieza con el ejemplo de un frutero que cuelga en los cristales de su negocio, junto a los precios del producto, un gran cartel con el eslogan "¡Proletarios de todo el mundo, uníos!". ¿Por qué lo hace? ¿Para demostrar un sentimiento propio? ¿Porque realmente cree en lo que dice el eslogan y en el efecto que pueda tener, desde una frutería cualquiera de la Praga de los años setenta? Más bien lo hace porque así lo tiene que hacer, porque así lo ha hecho siempre, porque así lo hacen todos y para ahorrarse problemas. Dice Havel:
La ideología -como coartada-puente entre el sistema y el hombre- llena el abismo entre los planes del sistema y los planes de la vida [de cada individuo]; da a entender que las pretensiones del sistema derivan de las necesidades de la vida: es una especie de mundo de la "apariencia" que se expande como realidad. 
   Nos dice que el eslógan que las autoridades entregan al frutero junto a sus frutas y verduras es un signo y transmite un mensaje preciso aunque secreto, que diría como sigue: "yo, tendero de verduras XY, estoy aquí y sé lo que tengo que hacer; mi comportamiento es el esperado, soy de fiar y no se me puede reprochar nada; obedezco y, por lo tanto, tengo derecho a una vida tranquila". Un mensaje que se dirige a "la cúpula", a los superiores de los tenderos de verduras, y a los posibles delatores. Aunque no sin riesgos, aquel que practicase la vida en la verdad sería aquel que no cumpliera con este mundo de la apariencia que es la ideología que mana desde el sistema, en su vida diaria, en sus relaciones... Aquel músico que compusiese letras de canciones que escapasen a la ortodoxia del régimen, aquel profesor que enseñase a sus alumnos según su propia conciencia, aquel que ante un juicio exigiese el cumplimiento de cada punto de la legalidad del sistema (muy elaborada, pues éste se justifica a través de un complejo ordenamiento jurídico) a rajatabla, o el frutero que no colgase el eslogan del cartel sin reflexionar ante lo que esa acción significa. 
 
Václav Havel (http://www.biografiasyvidas.com)
Pues bien, el libro desarrolla todo este argumento, esta crítica al sistema de las "democracias populares"; y la que es su forma favorita para minar, con constancia y sin sobresaltos ni violencias, la mentira del sistema.
  Havel escribió este ensayo en 1978, al poco de firmar junto a otros la Carta 77 (varias veces mencionada en el libro), en protesta por la detención de los miembros del grupo underground "Plastic People of the Universe"; bastante antes de surgir Foro Cívico o las "revoluciones de terciopelo".
 Si los libros con un fondo filosófico no son de vuestro agrado, no os lo recomiendo; pero si no os importa (o aun os gusta), y buscáis un documento que refleje el ambiente post Primavera de Praga y pre "revoluciones de terciopelo", desde la pluma de uno de sus principales protagonistas, echarle un vistazo.

No puedo cerrar esta entrada sin hacer referencia a unas cuantas frases (hacia el final del libro, pp.119-120) que me han llamado la atención por su actualidad, como me ha pasado en entradas anteriores, pese a que las separen de nuestros días más de 30 años. 
  Tras mencionar a Ortega y Gasset y su "Rebelión de las masas" (otra obra muy recomendable, con ecos de actualidad pese a que fue escrita en la época final de Primo de Rivera), Havel nos deja reflexiones como estas:

El sistema postotalitario es sólo un aspecto -drástico y por eso más iluminador sobre su verdadero origen- de esta incapacidad general del hombre moderno para ser "dueño de la situación"; (...) la mentira, de la que es su espejo, es sólo una de las variantes de la mentira esencial del hombre moderno. La crisis planetaria de la condición humana afecta tanto al mundo occidental como al nuestro (...). Heidegger habla explícitamente de 'crisis de la democracia'. [...]
  No parece que las democracias parlamentarias tradicionales sean capaces de proponer el modo de hacer frente (...) a la autocinesis de la civilización tecnológica y de la sociedad industrial de consumo; también a ellas les arrastra su torbellino (...); sólo que el modo con que manipulan al individuo es infinitamente más sutil y refinado que el brutal del sistema postotalitario. Pero todo ese complejo estático de los partidos políticos de masas, esclerotizados, llenos de verborrea y cuya finalidad política acaba en ellos mismos, que dominan con su aparato de profesionales y vacían a los ciudadanos de cualquier responsabilidad concreta y personal; (...); todo el omnipresente 'diktat' del consumo, de la producción, de la publicidad, del comercio, de la cultura consumista (...), todo esto (...) difícilmente puede ser considerado como la vía futura que llevará al individuo a reencontrarse a sí mismo.

Havel buscaba -o esperaba- encontrar esa vía alternativa para su propio país, para cuando las "democracias populares"  hubiesen llegado a su fin, pero no creía que la alternativa mejor fuese nuestro sistema, como habéis visto arriba. "Considero el viraje de la atención política hacia el individuo concreto como algo sustancialmente más profundo que la simple vuelta a los mecanismos habituales de la democracia occidental o -si se quiere- burguesa". Aun así, fue presidente de una de estas democracias "al uso", se opuso a la secesión de Eslovaquia, promovió el ingreso en la OTAN de la República Checa y de los demás países del antiguo Pacto de Varsovia... Se conformó en resumen con los "mecanismos habituales" de las democracias, aunque tal vez no tuvo más remedio. No conozco suficientemente la historia checoslovaca ni la biografía de Havel como para emitir un juicio sobre todo esto. En cualquier caso su obra, su pensamiento y su actuación durante las "revoluciones de terciopelo" quedan ahí; ya forman parte de nuestra historia reciente.

Saludos

miércoles, 16 de noviembre de 2011

"Algo va mal", un libro de Tony Judt

Con el título en catalán El món no se'n surt, y en el original I'll fares the land (algo así como "pondré precio a la tierra"), se trata de un aviso a las generaciones presentes y futuras donde el profesor Judt* analiza el pasado, presente y futuro de la democracia y el Estado de Bienestar, en un estilo claro, conciso, ameno y que no deja indiferente. Si no me equivoco, salió a la venta el año pasado, luego recoge la crisis en la que estamos inmersos.
Os dejo un extracto del libro que he elegido al azar**:

Así pues, ¿qué deberíamos haber aprendido de 1989? Quizá, sobre todo, que nada es necesario ni inevitable. El comunismo no tenía que ocurrir -y no había razón alguna para que durara para siempre-; pero tampoco había nada que nos garantizara que iba a caer. Los progresistas deben asumir la contingencia absoluta de la política: ni el auge de los Estados del bienestar ni su ulterior pérdida de favor han de considerarse un regalo de la Historia. El "momento" socialdemócrata -o su equivalente estadounidense desde el New Deal hasta la Gran Sociedad- fue producto de una combinación de circunstancias muy concretas que no es probable que se repitan. Lo mismo cabe decir del "momento" neoliberal que comenzó en la década de 1970 y que sólo ahora acaba de desacreditarse.
 Pero precísamente porque la historia no está predeterminada, los mortales debemos inventarla a medida que avanzamos -y en circunstancias que, como acertádamente señaló el viejo Marx, en buena medida nos vienen impuestas-. Tendremos que plantearnos de nuevo los eternos interrogantes, pero estar abiertos a respuestas diferentes. Hemos de averiguar qué aspectos del pasado deseamos conservar y qué los hizo posibles. ¿Qué circunstancias eran únicas?¿Qué circunstancias podríamos, con voluntad y esfuerzo, reproducir?
Si 1989 significó un redescubrimiento de la libertad, ¿qué límites estamos dispuestos a ponerle? Incluso en las sociedades más "amantes de la libertad" se le imponen restricciones. Pero si aceptamos algunas limitaciones -como hacemos siempre-, ¿por qué no otras? ¿Por qué estamos tan seguros de que cierta medida de planificación o la tributación progresiva o la propiedad colectiva de los bienes públicos son restricciones intolerables de la libertad, mientras que las cámaras de circuito cerrado, los rescates estatales de bancos de inversión "demasiado grandes para dejarlos caer", las escuchas telefónicas y las costosas guerras en otros países son cargas aceptables que la gente debe soportar?
 Quizá haya buenas respuestas a estas preguntas, pero si no las planteamos, ¿cómo las vamos a saber? Tenemos que redescubrir cómo hablamos sobre el cambio: cómo imaginar formas muy diferentes de organización, libres de la peligrosa salmodia de la "revolución". Debemos distinguir mejor que algunos de nuestros predecesores entre fines deseables y medios inaceptables. Como mínimo, deberíamos tener muy presente la advertencia de Keynes sobre esta cuestión: "No basta con que el estado de cosas que queremos promover sea mejor que el que le precedió; ha de mejorar lo suficiente como para que compense los males de la transición".
No obstante, tras reconocer y asumir todas esas consideraciones, debemos mirar hacia delante:  ¿qué queremos y por qué lo queremos? Como sugiere la actual ruina de la izquierda, las respuestas no son evidentes. Pero, ¿qué alternativa tenemos? No podemos dejar el pasado a nuestras espaldas y limitarnos a cruzar los dedos: sabemos por experiencia que la política, como la naturaleza, aborrece el vacío. Después de veinte años desperdiciados, ha llegado el momento de comenzar de nuevo. ¿Qué hacer?

http://www.projectals.org
Con el 89 se refiere a la fecha de la caída del comunismo, lo que muchos supusieron entonces "el fin de la historia". Ya sólo quedaba un sistema en el mundo, todo sería mejor a partir de entonces; al unísono avanzaríamos hacia la consecución de la paz y el bienestar mundial bajo el reinado del libre mercado.
Si os parece interesante, os informo de que el libro ya tiene una versión de bolsillo, más asequible.




*Recientemente fallecido (en agosto del 2010), Tony Judt fue un eminente historiador y escritor. Destaca su insuperable obra Postguerra: una historia de Europa desde 1945, con un análisis profundo pero ameno del continente durante todo el período de la Guerra Fría.
**Aquí bromeo: ni el azar es electivo, ni mi elección ha sido azarosa.


Saludos

jueves, 27 de octubre de 2011

Misiones Pedagógicas en la II República

Documental sobre la enseñanza que las Misiones Pedagógicas impartieron, a través del método de la "cultura difusa" (proyección de películas, muestras de pintura, teatro, música y literatura, educación básica en aspectos sanitarios...), entre algunos de los pueblos más olvidados y paupérrimos de España, durante el período de la Segunda República.




Dura aproximadamente una hora e incluye subtítulos en inglés.

Para saber un poco más, os dejo el trabajo de wikipedia sobre el tema: http://es.wikipedia.org/wiki/Misiones_Pedag%C3%B3gicas ; un interesante y completo artículo; y el recuerdo de Miguel Hernández de una de estas misiones.

Pese a las limitaciones en tiempo y medios, llevaron a cabo una labor magnífica, acompañados de ese espíritu que enraiza directamente con la Institución Libre de Enseñanza y que, en no pequeña medida, deberíamos de recuperar para los tiempos actuales.

El meu agraïment a Ricard per passar-me el link del documental.

Saludos

lunes, 24 de octubre de 2011

Esquema: discurso y realidad


Este esquema lo realicé a partir de la explicación que nos dio el ponente de un curso sobre el África Subsahariana. Siento no recordar el nombre del (o la) ponente en cuestión; hace ya algo más de un año del curso... aunque sí que recuerdo que corría a cargo del Patronat Sud-Nord de la Universitat de València (http://www.uv.es/psudnord/).
Es maravilloso por su simplicidad:



Aunque no creo que necesite explicación alguna, la daré:

La realidad -de cualquier acontecimiento- es una, que a menudo no se corresponde con los discursos, y menos aún con los que se nos dan desde el poder; discursos que a su vez pretenden dar una justificación política a alguna acción, que normalmente no recibiría la adhesión mayoritaria de la ciudadanía de conocerse en sus verdaderos términos (de conocerse el fin que en realidad se busca con dicha acción). Por supuesto, la acción del hombre termina por configurar la realidad de éste, de manera que el discurso se torna real, en gran medida.
No fue el discurso un reflejo de la realidad, sino que la realidad se vió transformada por el discurso, o dicho de otro modo, el discurso puede crear realidades antes inexistentes (realidades convenientes a los grupos capaces de crear discursos), en la medida en que es capaz de convencer al hombre de su realidad.
Podríamos concluir en que la realidad, más que por lo real, está conformada por aquello que el ser humano cree real. Al fin y al cabo, el concepto de lo real es un concepto humano -made in human- que seguramente no existirá más allá de nuestra especie.

Disculpen la abstracción.

Saludos

sábado, 1 de octubre de 2011

Reflexionando con Baroja

Lo que hace a la sociedad malvada es el egoismo del hombre, y el egoismo es un hecho natural, es una necesidad de la vida. ¿Es que supones que el hombre de hoy es menos egoísta y cruel que el de ayer? Pues te engañas. ¡Si nos dejaran!
(...)
Para llegar a dar a los hombres una regla común, una disciplina, una organización, se necesita una fe, una ilusión, algo que aunque sea una mentira salida de nosotros mismos parezca una verdad llegada de fuera.
(...)
A una colectividad no se le moverá jamás diciéndole: Puede haber una forma social mejor. Es como si a una mujer se le dijera: Si nos unimos, quizá vivamos de una manera soportable. No, a la mujer y a la colectividad hay que prometerles el paraíso(...) En todas partes y en todas épocas los conductores de hombres son prometedores de paraísos.

Palabras del personaje Iturrioz, en "El árbol de la ciencia", de Pío Baroja, 1911.

http://www.smbarcelo.es
Saludos

lunes, 26 de septiembre de 2011

Carta de Max Planck a Heisenberg, sobre Hitler

La persecución que el régimen nazi ejerció sobre numerosos intelectuales -y especialmente hacia los judíos- es bastante conocida y no será tratada por nosotros en esta entrada. Sencillamente, traemos al Blog un pequeño intercambio epistolar que en esa coyuntura tuvo lugar entre los dos famosos físicos Max Planck y Werner Heisenberg, ambos galardonados con el Premio Nobel de Física (en 1918 y 1932, respectivamente).

Dice Heisenberg:

A principios del semestre de verano de 1933, cuando volví a mi Instituto de Leipzig, ya estaba en plena marcha el proceso de destrucción. Varios de los más aplicados alumnos de mi seminario habían abandonado Alemania y otros se disponían a huir (...), y entonces tuve yo que preguntarme si mi permanencia en Alemania podía tener todavía algún sentido. De esta época de torturante cavilar sobre lo que era o no oportuno hacer, se me han quedado grabadas dos conversaciones que después me han servido de mucho...

La segunda de estas conversaciones fue la que mantuvo con el veterano Planck, quien le contesta:

Me temo no poder darle ya ningún consejo. No tengo ya esperanza alguna de que pueda detenerse la catástrofe de Alemania, y con ella la de las universidades alemanas. Antes de que usted me refiera las ruinas de Leipzig, que seguramente son iguales a las de Berlín, deseo informarle primero sobre una conversación que mantuve hace unos días con Hitler.


Max Planck
(http://www.aip.org)


Había confiado yo en que podría ponerle en claro los enormes daños que a las universidades alemanas, y en particular a la investigación científica en nuestro país, podría causar la expulsión de los colegas judíos [bien conocido es el caso de Albert Einstein, quien partió a finales del 32 hacia EE.UU]; que tal manera de proceder no tendría sentido y sería profundamente inmoral, ya que la mayor parte de ellos son ciertamente hombres que se sienten totalmente alemanes y que en la última guerra [la Primera Guerra Mundial] expusieron, como todos, su vida por Alemania. Pero no he encontrado comprensión alguna por parte de Hitler, o, lo que es peor, no hay lenguaje con el que pueda uno entenderse con semejante hombre.

Hitler ha perdido, a mi parecer, todo contacto real con el mundo exterior. Lo que otro le dice, lo recibe, en el mejor de los casos, como un estorbo molesto, que inmediatamente domina con su voz, declamando machaconamente las mismas frases sobre la decadencia espiritual de los últimos catorce años, sobre la necesidad de poner dique a este desmoronamiento en el último minuto, etcétera.
Con esto se tiene la impresión fatal de que está convencido personalmente de semejante locura, y se le procura a su alrededor la posibilidad de esta fe mediante la exclusión violenta de todas las influencias externas; al estar poseído por un cuadro de ideas fijas, se hace inasequible a toda propuesta razonable y llevará a Alemania a una espantosa catástrofe.

Planck aconseja a Heisenberg que permanezca en su puesto, ya que de sus dimisiones sólo quedaría la ignorancia, el silencio o la burla. Como vemos, no iba muy desencaminado en sus augurios:

Usted sabe que no es posible influir en el curso del alud cuando éste se ha puesto en movimiento. Los destrozos que causará, las vidas humanas que aniquilará, son hechos que están determinados y decididos por las leyes de la naturaleza, aunque no los conozcamos de antemano.
En realidad, tampoco Hitler puede decidir el curso de los acontecimientos, porque él es, en gran medida, más un ser arrastrado por su locura que un impulsor. No puede saber si las fuerzas que ha desencadenado lo engrandecerán definitivamente o le aniquilarán miserablemente.

Interesante, ¿verdad?, el análisis que de Hitler hace el fundador de la teoría cuántica.
Heisenberg, por su parte, está relacionado con el proyecto de bomba atómica de los nazis durante la Segunda Guerra Mudial. Si queréis saber algo más sobre ésto, podéis empezar pinchando en su nombre (la primera vez que aparece en el texto de la entrada) para leer su biografía en Wikipedia*.

 Los textos han sido extraídos del nº19 de la colección 'Siglo XX. Historia Universal', de Historia16: "La paz virtual. Planes para después de una guerra". En concreto del artículo "A la caza del cerebro", de J. L. Peset y M. A. Sellés.

* Para no variar, los que dominen la lengua inglesa obtendrán más información dirigiéndose directamente a la versión anglosajona de la biografía, y en concreto al apartado World War Two y posteriores: http://en.wikipedia.org/wiki/Werner_Heisenberg#World_War_II

Saludos

miércoles, 3 de agosto de 2011

Marc Bloch y el sistema educativo (II)

Viene de aquí.

He dicho que no podía presentar aquí un programa detallado de reforma, su elaboración sería muy delicada. Se imponen algunas sentencias de muerte. ¿Quién cree aún en el examen final de bachiller, en su capacidad de selección, en la eficacia intelectual de esta compresión didáctica aleatoria? Naturalmente, subsistirán varios procedimientos de selección, pues seguirán siendo necesarios; pero deberán concebirse de una manera más racional y en un número suficientemente restringido para que la vida del escolar o del estudiante deje de verse confinada a una repetición obsesiva de pruebas. De momento, me contentaré con una sugerencia muy sencilla y de aplicación muy fácil desde un principio.
Como todos mis colegas, he corregido exámenes e interrogado a candidatos. Como todos, reconozco que puedo cometer errores. Sin embargo, ¿he llegado a confundir una prueba excelente con otra muy deficiente, o incluso con una de nivel medio? Creo que raramente me ha ocurrido. Pero, cuando veo que un examinador decide que tal o cual examen de historia, por ejemplo, de filosofía, o incluso de matemáticas, merece un 13.25, y aquel de más allá un 13.5, sobre un total de 20 puntos, no puedo -con al debida consideración- evitar pensar que se trata de una broma pesada. ¿Qué bascula de precisión tiene ese hombre que le permita medir con una aproximación del 1,2 por 100 el valor de un examen de historia o un razonamiento matemático? Solicitamos encarecidamente que -a imagen y semejanza de varios países extranjeros- la escala de las notas sea reducida imperiosa y uniformemente a cinco grandes categorías: 1 o "muy deficiente", 2 o "deficiente", 3 que será "pasable", 4, equivalente a "bien", y 5, que querrá decir "muy bien" (y no "perfecto", una palabra vedada a la imperfección humana). Al menos, siempre que las notas ex aequo no presenten inconvenientes. Deberá encargarse a un matemático que estudie el problema de los concursos para plazas limitadas. Pero, también en este caso, se deben poder eludir refinamientos demasiado exagerados, cuya absurdidad no advertimos debido a que nos hemos acostumbrado con el tiempo a ellos. Cualquier cosa será mejor que una tontería inicial que degenera en injusticia.

Pero, por su parte, el abuso de exámenes quizá no sea sino uno de los síntomas de deformaciones más profundas. Una vez más, hablaré poco de la escuela primaria. En la medida en que la conozco -debo admitir que estoy menos familiarizado con ella que con el liceo y la universidad-, no se libra de defectos. Sin embargo, me parece mucho menos mal adaptada a sus fines que los centros de los dos otros niveles. Los errores de la enseñanza secundaria y superior son patentes. Pueden exponerse brevemente como sigue.

La enseñanza superior ha sido devorada por las escuelas superiores de inspiración napoleónica. Ni siquiera las facultades merecen más nombre que el que tienen. ¿Qué es la Facultad de Letras, ante todo, sino una fábrica de profesores, como la Politécnica una fábrica de ingenieros o artilleros? Cuestión de la que se deducen dos consecuencias igualmente deplorables. La primera es que preparamos mal a la investigación científica y que, por ello, nuestra investigación está feneciendo. Pregúntenle a un médico al respecto, por ejemplo, o a un historiador; si son sinceros, sus respuestas no diferirán apenas. Es uno de los factores, por cierto, que más ha perjudicado a nuestro prestigio internacional: en muchos campos, los estudiantes extranjeros han dejado de venir a visitarnos porque nuestras universidades ya no les preparan más que a pasar unos exámenes profesionales que para ellos carecen de interés. Por otra parte, al especializarlos demasiado pronto, no damos a nuestros grupos dirigentes la cultura general de alto nivel sin la cual cualquier hombre de acción no pasará nunca de contramaestre. Formamos a jefes de empresa que, pese a ser buenos técnicos -estoy dispuesto a admitirlo-, no conocen realmente los problemas humanos; a políticos que ignoran el mundo; a administradores que aborrecen las novedades. A nadie le inculcamos el espíritu crítico que sólo podría imbuirse  en las mentes a través de la contemplación y el recurso a la investigación sin trabas (pues en este punto convergen las dos consecuencias señaladas más arriba). Por último, creamos deliberadamente pequeñas sociedades cerradas, en las que se potencia el sentido de corporación, que no alienta ni la generosidad de espíritu ni la conciencia de ciudadano.
¿El remedio? Una vez más, debemos renunciar a entrar en detalles en este primer esbozo. Digamos únicamente, en dos palabras, que pedimos la reconstitución de unas verdaderas universidades, de ahora en adelante divididas no en rígidas facultades que se consideran a sí mismas patrias estancas, sino en agrupaciones versátiles de disciplinas; y, después, simultáneamente a esta gran reforma, la abolición de las escuelas especiales. Su lugar lo ocuparían algunos institutos de orientación técnica, en los que se impartiría la última fase de una formación que preparara a ciertas carreras: después, sin embargo, sería obligado el paso a las universidades. Para acabar la formación específica de determinada categoría de ingenieros, la escuela de puentes y caminos, por ejemplo, es indispensable; en cambio, nada justifica que la formación científica general, una prerrogativa de la universidad, se imparta en una escuela separada del resto por tabiques estancos, como la Politécnica.

Dos ejemplos tomados de manera imparcial en dos momentos radicalmente opuestos de nuestra historia política, permitirán sin duda comprender, mejor que largas disertaciones, la rutina con la que queremos acabar y la nueva orientación que deseamos adoptar.
Antaño vimos como el Frente Popular se propuso acabar con el cuasi monopolio de la Escuela de Ciencias Políticas, auténtico invernadero de la administración superior. Políticamente, se trataba de una idea sana. Un régimen siempre tiene derecho a no reclutar a sus servidores en un medio cuyas tradiciones le son casi unánimamente hostiles. Pero ¿qué se les ocurrió a los hombres a la sazón en el gobierno? Habrían podido optar por instaurar un gran concurso de acceso a la administración civil, análogo al admirable examen del Civil Service británico y, como él, común a todas las ramas de la administración, basado ante todo en pruebas de cultura general, y que da gran cabida, gracias a la posibilidad de combinar libremente las opciones, a los intereses y curiosidades de los alumnos; como él, por último, preparado en universidades de espíritu más abierto. Prefirieron esbozar la creación de una nueva escuela especial: una nueva Escuela de Ciencias Políticas, aún más restrictiva que su rival...
El régimen de Vichy ha suprimido las Escuelas normales. Se trata sin duda alguna de una medida fundamentalmente política. Nadie podría llamarse a engaño ante los absurdos agravios que utilizó como coartada. Las Escuelas normales daban a los institutores, y volverán a darles de nuevo, una instrucción general y una formación técnica igualmente sólidas. Sin embargo, hay que convenir en que, al salir de estos centros, forzosamente un tanto replegados sobre sí mismos y con unos programas necesariamente rígidos, a las mentes jóvenes no les resultaría inútil recuperar el contacto con medios estudiantiles más heterogéneos, así como con formas de educación más críticas y versátiles. Sustituir la Escuela normal por una estancia en los liceos, como quiso Vichy, es un contrasentido. Los futuros maestros aprenden en ellos menos de lo que se les enseñaba mejor en la antigua Escuela. Pero no vería ningún inconveniente, por mi parte, en que, una vez reinstauradas las Escuelas normales, concluyeran su ciclo de estudios con un año de trabajo muy libre en las universidades.

Hace varias décadas que se estructura y reestructura sin cesar la enseñanza secundaria. Sin duda, las incoherencias grotescas de los tres últimos años no revelan más que la incapacidad profunda del régimen para crear o coordinar nada. Pero el desequilibrio se remonta más atrás. Responde a causas profundas. El antiguo sistema humanista ha pasado a mejor vida. No ha sido sustituido. Lo que ha provocado un profundo malestar, que se trasluce de muchas maneras. Siempre ha habido malos alumnos que, más adelante, se convertían en hombres instruídos y cultos. No creo equivocarme al afirmar que este caso, en nuestros días, ha dejado en absoluto de ser excepcional. A la inversa, muchos alumnos supuestamente buenos no volverán a abrir un libro una vez acabados los estudios. A decir verdad, ¿abrieron realmente en clase los libros por más páginas que las de los "pasajes escogidos"? Al mismo tiempo, la falta de afecto que sienten los jóvenes por la enseñanza es innegable. Soy bastante viejo para recordarlo: hace unos cuarenta años se iba al liceo con más alegría; se salía de él menos gustosamente. El éxito del movimiento de los "boy-scouts" se explica por muchas razones. Entre ellas figura en primera línea, que nadie lo dude, el fracaso de la educación oficial. En su panda o patrulla, el niño encuentra lo que cada vez le aporta menos el liceo o el colegio: un mayor espíritu de equipo, unos jefes más próximos a él, unos "centros de interés" más adaptados para seducir y fijar la espontaneidad de una inteligencia fresca.
En lugar de profundizar en estas críticas, quizás valga más exponer someramente cuáles son nuestros deseos.

Queremos una enseñanza secundaria sumamente abierta. Su función consiste en formar élites sin atenerse a criterios de origen o de fortuna. De modo que, desde el momento en que debe dejar de ser (o de reconvertirse en) una educación clasista, se impondrá una selección. Probablemente siga siendo necesario un examen de entrada, que deberá ser muy sencillo y adaptado a la ingancia: una prueba de inteligencia más que de conocimientos... o de capacidad de imitación como la de los loros. Subsistirán los exámenes para pasar de nivel. Pero no de un año a otro. Pretender juzgar a un niño o a un adolescente en función del trabajo de una decena de meses es conocer mal la psicología del crecimiento; mejor dicho, es negar la filosofía del crecimiento. ¡Cuánto puede variar el desarrollo de un niño de un mes a otro!
Queremos una disciplina más acogedora en clases menos numerosas; una disciplina ejercida por maestros y administradores a los que se les habrá enseñado al menos los rudimentos de esta psicofisiología cuya existencia acabo de recordar; que los institutores la aprendan; que los profesores de enseñanza secundaria dejen de tener derecho, como ocurre hoy (¡y no siempre se privan de ejercerlo!), a ignorarla de forma radical. En lugar de tratar de plegar al niño a un régimen implacablemente uniforme, se procurará cultivar sus aficiones, e incluso sus "chifladuras". La idea de "ocio dirigido" que se arrogó Vichy con el nombre de educación general, deformándola, podía haber resultado muy fecunda. Convendrá retomarla con la ayuda de un personal joven. La educación física ocupará un lugar destacado. Ajena a cualquier exceso ridículo, a cualquier admiración beata o malsana por un atletismo de élite, será ni más ni menos lo que debe ser: un medio de fortalecer el cuerpo y, por ende, la mente; una invocación del espíritu de equipo y la lealtad.
Solicitamos una gran libertad para combinar las materias en la enseñanza: una libertad que será tanto más sencilla por cuanto la supresión del corsé de los exámenes debe propiciar una gran variedad de iniciativas. ¿Somos plenamente conscientes de que, por culpa del examen final de bachiller, Francia es actualmente uno de los pocos países en el que cualquier experimentación pedagógica, cualquier novedad que no tenga de inmediato un carácter universal, están prohibidas en la práctica? La imposición universal de la obligatoriedad del latín es un sinsentido; tanto como la uniformidad de un programa de matemáticas demasiado avanzado, ante el que algunas mentes, que quizá haya que compadecer, pero jamás condenar, se rebelan de un modo espontáneo y natural. No nos proponemos en modo alguno acabar con la tradición humanista. El latín seguirá enseñándose, en perjuicio, como es natural, de las lenguas vivas. Su conocimiento resulta indispensable para cualquier disciplina del tipo histórico. Permite acceder a una literatura cuyos ecos distan de haberse apagado. Sobre todo, el aprendizaje de una lengua de carácter sintético es una gimnasia intelectual casi insustituible. Pero para que este estudio dé frutos, debe ser serio, por lo que se le ha de asignar un número de horas suficiente. En lugar de recitar torpemente sus textos, como ocurre tan a menudo hoy, más valdría que no se impartiera en absoluto; por encima de todo, en la educación hay que eludir los enfoques aproximativos. Por ello, pese al admirable valor estetico e intelectual del griego, temo que no pueda ser mantenido, salvo con carácter excepcional: una onza de latín, algunos granos de griego..., me quedo con el buen peso del primero. Por lo demás, no deberá sentirse falsa vergüenza por recurrir a las traducciones. Del liceo no debería salir ningún alumno que no hubiera tenido contacto con las grandes obras de la Antigüedad. Es cien veces preferible haber leído, en una traducción, el texto completo de 'La Odisea' o 'La Orestíada' que contentarse con explicar penosamente dos o tres docenas de versos. Un magistrado del siglo XVIII, según cuenta Tallemant des Réaux, cuando su hijo, que estudiaba con los jesuítas, le pidió que le enviara un ejemplar de la 'Leyenda dorada', le remitió en su lugar el 'Plutarco' de Amyot: "Hijo -le escribió en una nota-, aquí tienes la vida de los santos tal como la leen las personas honestas". Dejo al parlamentario su propia opinión sobre la hagiografía. Pero ¿quién no subscribe la que le merecía la literatura griega, aunque fuera conocida, como en el caso de Amyot en un ropaje francés?

Pedimos que la educación científica, que deseamos extensiva y profunda, deje de lado con determinación lo que no es más que objeto de aprendizaje técnico. La finalidad de la enseñanza secundaria es formar espíritus y no ingenieros, químicos o agrimensores antes de tiempo. Estos especialistas encontrarán más adelante las escuelas que necesitan. Desearíamos que, sobre todo hasta la edad de catorce o quince años, se concediera una importancia mucho mayor que en el pasado a las disciplinas de la observación, entre las cuales la botánica, practicada sobre el terreno, parece destinada a ocupar un lugar preeminente. Rogamos a los matemáticos que recuerden que la función principal de la enseñanza secundaria, por ejemplo en la geometría, es mucho menos la acumulación de conocimientos (un gran número de los cuales serán en un futuro perfectamente inútiles para el conjunto de los alumnos) que un maravilloso instrumento para aguzar el raciocinio. Opinamos que pueden aligerarse de manera considerable los programas de estudios de asignaturas como la química, en los que la cantidad de fenómenos expuesta es excesiva.
Pedimos que, mediante una enseñanza de la historia y la geografía entendida en sentido amplio -personalmente añadiría, al menos en el caso de la historia: totalmente refundida-, se intente dar a nuestra juventud una imagen verídica y global del mundo. Evitemos reducir la historia, como se ha tendido a hacer últimamente, a los acontecimientos exclusívamente políticos registrados en una Europa muy cercana en el tiempo. El pasado remoto imbuye del sentido y el respeto de las diferencias entre los hombres, a la vez que despierta la sensibilidad a la poesía de los destinos humanos. En el presente, a un futuro ciudadano de Francia le es más útil hacerse una imagen justa de las civilizaciones de la India o de China que conocer de memoria el conjunto de las medidas en virtud de las cuales el "Imperio autoritario" se transmutó en un "Imperio liberal". Aquí también, como en las ciencias físicas, se impone una elección radicalmente nueva.

En resumen, pedimos una revisión razonada y exhaustiva de los valores imperantes. La tradición francesa, incorporada en un largo temario pedagógico, nos es muy cara. Queremos conservar sus aportaciones más preciosas: su gusto por la humanidad; su respeto por la espontaneidad espiritual y la libertad; la continuidad de las formas del arte y el pensamiento que constituyen el caldo de cultivo esencial de nuestro espíritu. Pero sabemos que, para serle verdaderamente fieles, nos está exigiendo que la perpetuemos en el porvenir.

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"Si salgo de ésta, volveré a mis clases"
Marc Bloch a sus compañeros de la Resistencia.




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Saludos