"La incomprensión del presente nace fatalmente de la ignorancia del pasado. Pero quizá sea
igualmente vano esforzarse por comprender el pasado, si no se sabe nada del presente" M. Bloch
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martes, 4 de septiembre de 2012

Sobre el olvidado siglo XX

Pronto empiezan de nuevo las clases para nosotros los universitarios. En mi caso me enfrento -de grado- con el último año de la licenciatura de Historia. Es una lástima, he disfrutado mucho con la carrera y nuestro futuro como docentes o profesionales de la historia es, hoy por hoy, toda una incógnita. ¡Pero aún quedan muchas horas por delante hasta que éso llegue! Sigamos pues con nuestro propósito que era, si mal no recuerdo, atraer a los interesados lectores hacia otra obra de referencia, la que da título a esta entrada: "Sobre el olvidado siglo XX" (2008), del imprescindible Tony Judt, quien ya pasó antes por nuestro blog (ver).
Pues bien, todavía no he pasado de la introducción de la obra y ya os la anuncio a bombo y platillo. Hoy mismo la recogí de la biblioteca. No puedo en tales condiciones -diréis- escribir una entrada sobre el libro de Judt, si ni siquiera sé si será bueno o valdrá la pena; quizá no debiera, pero sé que lo será y la valdrá. Antecedentes tengo, con la lectura de otras obras suyas como "Algo va mal" (2010) o la monumental "Postguerra" (2005), que dejé "en stand by" durante el verano y pronto retomaré. Pero es que además voy leyendo la introducción y me va encantando, y nada más que un recorte de dicha introducción es lo que os traigo, para abrir boca. En cursiva y entre corchetes van mis comentarios, y destacaré algunas ideas con el subrayado. Allá va:

(...) En suma, el Estado de bienestar nació de un consenso interpartidario del siglo XX. En la mayoría de los casos fue puesto en práctica por liberales o conservadores que habían entrado en la vida pública mucho antes de 1914 y para quienes la provisión pública de servicios médicos universales, pensiones de jubilación, seguros de enfermedad y desempleo, educación gratuita, transporte público subvencionado y otros prerrequisitos de un orden civil estable no representaban la primera fase del socialismo del siglo XX, sino la culminación del liberalismo reformista de finales del siglo XIX. Una perspectiva similar informó el pensamiento de muchos de los partidarios del New Deal en Estados Unidos.
Además, y aquí el recuerdo de la guerra [la segunda mundial] desempeñó de nuevo un papel importante, los estados de bienestar "socialistas" [Judt ironiza -de ahí las comillas- con los que califican al Estado de bienestar de socialista dada su activa intervención en la vida de su población a través de las distintas políticas públicas, subvenciones, etc. Un estado socialista, un estado intervencionista, un estado ineficaz, vendría a ser la despectiva descripción] del siglo XX no se construyeron como avanzadillas de una revolución igualitaria, sino como barreras contra el regreso del pasado: contra la depresión económica y su violento resultado polarizador en las políticas desesperadas del fascismo y del comunismo. Los estados de bienestar eran por tanto estados profilácticos. Fueron diseñados conscientemente para satisfacer el anhelo generalizado de seguridad y estabilidad que John Maynard Keynes y otros previeron mucho antes del final de la Segunda Guerra Mundial -y superaron todas las expectativas-. Gracias a medio siglo de prosperidad y seguridad, en Occidente hemos olvidado los traumas políticos y sociales de la inseguridad masiva. Y así hemos olvidado por qué heredamos esos estados de bienestar y qué fue lo que dio lugar a su creación.

http://opinionesdiscutibles.blogspot.com.es
La paradoja, por supuesto, es que el éxito mismo de los estados de bienestar de economía mixta, al proporcionar la estabilidad social y la desmovilización ideológica que hicieron posible la prosperidad del pasado medio siglo, ha conducido a una generación política más joven a dar por sentadas esas mismas estabilidad y conformidad ideológica, a pedir la eliminación del "impedimento" de un Estado que impone tributación, regula y, en general, interfiere. Si el argumento ideológico de esto es tan sólido como ahora lo parece -si la regulación y la provisión sociales fueron realmente un impedimento para el "crecimiento" y la "eficacia", y no quizá la condición que los facilitó- es discutible. Pero lo que resulta llamativo es hasta qué punto hemos perdido la capacidad incluso de concebir la política pública más allá de un economismo* estrecho. Hemos olvidado cómo pensar políticamente.


Éste también es uno de los paradójicos legados del siglo XX. El agotamiento de las energías políticas en la orgía de violencia y represión de 1914 a 1945 y posteriormente nos ha privado de buena parte de la herencia política de los últimos doscientos años. La terminología de "izquierda" y "derecha", heredada de la Revolución Francesa, no carece por completo de significado en la actualidad, pero ya no describe (como hasta hace poco tiempo) las lealtades políticas de la mayoría de los ciudadanos en las sociedades democráticas. Somos escépticos, si no activamente recelosos, ante los objetivos políticos globales: las grandes narraciones de la Nación, la Historia y el Progreso, que caracterizaron a las familias políticas del siglo XX, ahora parecen desacreditadas sin recuperación posible. Y, así, describimos nuestros objetivos colectivos en términos exclusivamente económicos -prosperidad, crecimiento, PIB, eficacia, producción, tipos de interés y comportamiento del mercado de valores- como si no fueran sólo medios para alcanzar colectivamente unos fines sociales o políticos, sino fines suficientes y necesarios en sí mismos.
En una época apolítica hay mucho que decir de los políticos que piensan y hablan económicamente: después de todo, así es como la mayoría de la gente concibe hoy sus oportunidades e intereses vitales, y cualquier proyecto de política pública que ignorase esta verdad no llegaría muy lejos. Pero eso es sólo como son las cosas ahora. No han sido siempre así, y no tenemos buenas razones para suponer que seguirán siéndolo en el futuro. No sólo la naturaleza aborrece el vacío: las democracias en las que no hay opciones políticas significativas, en las que la política económica es todo lo que realmente importa -y en las que la política económica está en buena parte determinada por actores no políticos (bancos centrales, agencias internacionales o corporaciones transnacionales)- bien dejarán de ser democracias que funcionen o volverán a presenciar la política de la frustración, del resentimiento populista. La Europa central y oriental postcomunista ilustra cómo puede ocurrir esto; la trayectoria política de democracias similarmente frágiles en otros lugares, del sur de Asia a América Latina, es otro ejemplo. Fuera de Norteamérica y de Europa occidental parece que el siglo XX sigue con nosotros.

Fin de la transcripción.


No os engañéis por el breve fragmento que he traído. De seguro el libro ahondará en estos juicios, pero incorporando otros análisis históricos y en especial (esto lo he visto con un vistazo al índice) el papel de las ideas y la responsabilidad de los intelectuales que poblaron el pasado y turbulento siglo. Es un libro sobre el siglo XX visto desde inicios del XXI, un libro-advertencia, o un libro-consejo... un libro crítico. Olvidamos el pasado siglo, qué llevó a hacernos tal como éramos, tal como somos; olvidamos las consecuencias de cargar demasiado el saco, de pensar demasiado en abstracto, de olvidar a la gente que hace que todo el sistema circule sin taquicardias. Como el niño que olvidase las propiedades del fuego, aquel que ignore las lecciones del pasado corre el riesgo de abrasarse. Es lo que Tony Judt pareció querer advertirnos en sus obras.

Saludos 

* Economismo: doctrina que defiende la primacía de los factores económicos sobre los de cualquier otra índole.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Camus rebelado


Terminado de leer el excelente libro de Albert Camus 'The Rebel' (L'Homme révolté, 1951) en una edición británica, paso a comentar de qué trata el libro y a traer, como acostumbro, algún fragmento de entre los que me llamaron especialmente la atención. A continuación podréis decidir si, personalmente, os interesa su lectura.

No es una novela, sino un ensayo; sobre filosofía política, diría yo. Camus se pregunta sobre qué dio origen a los totalitarismos del siglo XX. Se remonta en su explicación a la Revolución francesa y Saint-Just, a autores como Sade o Dostoyevsky, al romanticismo, a los terroristas rusos de finales del XIX y principios del XX, a la "muerte" de Dios y al nihilismo, a Nietzsche y su influencia, al pensamiento de Hegel y al de Marx y su interpretación posterior, a cómo el socialismo promete un paraíso, en un futuro indeterminado, que llega a justificar los medios más perversos. Se habla de Hitler y se habla de Stalin. Se habla del paralelismo que presentan los sistemas capitalista y socialista en el mundo bipolar de la Guerra Fría, y del peligro nuclear que pende sobre toda la humanidad. De cómo, finalmente, la revolución acaba por apartarse de las aspiraciones de la rebelión que fue su origen, traicionándola. El mismo Camus deja claro el objeto de la obra: "Uno puede pensar que el período que en unos cincuenta años exilia, esclaviza o mata a setenta millones de seres humanos puede únicamente, y con razón, ser condenado. Creemos que es menester, además, comprenderlo".

Hecha la pequeña presentación del contenido, paso a transcribir el fragmento prometido. Este libro es de los que se presta a ser continuamente subrayado y/o anotado (maltratado, diría más de uno), dada la cantidad de frases y pensamientos geniales o muy destacables en que abunda. El "recorte" que os traigo se encuentra en mi edición en la página 248 y posteriores, ya casi hacia el final del libro. Decía al principio que se trata de una edición británica: efectívamente, me hice con el ensayo en una preciosa librería de viejo de Glasgow. Mi inglés no es el mejor, la traducción es un poco libre (prefiero emplear un castellano atractivo antes que realizar una sustitución literal y ajustada del verbo inglés; que a su vez es traducción del original francés, en cualquier caso), pero mantendré el "espíritu" de cada frase, sin cambiar en ningún caso la idea que Camus quiso transmitir. 
En fin, sin más preámbulo, habla el filósofo:

"...ya es hora de decir, provisionalmente, que la más extrema forma de libertad, la libertad para matar, no es compatible con los motivos de la rebelión. La rebelión no es en ningún caso una demanda de libertad absoluta. Al contrario, la rebelión pone a la libertad absoluta en tela de juicio. El objeto de su ataque es justamente el poder ilimitado que autoriza al superior [entiéndase en la oposición amo/esclavo, propietario/obrero, etc] a violar la frontera prohibida. Lejos de demandar una independencia general, el rebelde desea el reconocimiento de que la libertad encuentra sus límites allá donde topa con el ser humano (...). El rebelde demanda indudablemente un cierto grado de libertad para sí mismo; pero en ningún caso demanda el derecho de destruir la existencia y libertad de otros. Él no humilla a nadie. La libertad que reclama, la reclama para todos; la libertad que rechaza, a todos se la niega. No se trata únicamente del esclavo contra el amo, sino también del hombre contra el mundo de esclavos y amos. (...) El poder ilimitado no es la ley única. Es en el nombre de otro valor que el rebelde afirma la imposibilidad de libertad absoluta, mientras clama para sí mismo la libertad relativa necesaria para que dicha imposibilidad sea reconocida. Toda libertad humana, en sus mismas raíces, es pues relativa. (...)

Es posible entonces afirmar que la rebelión, cuando desemboca en destrucción, es ilógica. Clamando por la unidad de la condición humana, es una fuerza de vida y no de muerte. Su más profunda lógica no es de destrucción: es una lógica de creación. (...) La pasión nihilista, sumada a la falsedad e injusticia, destruye, en su furia, estas demandas antiguas, privando a la rebelión de sus más convincentes razones. Mata, en la profunda convicción de que este mundo está dedicado a la muerte. Consecuencia de la rebelión es, al contrario, el rechazo a legitimar el asesinato ya que la rebelión es, a priori, una protesta contra la muerte. 
Pero si el hombre fuera capaz de introducir, enteramente por su mano, unidad en el mundo; si pudiera establecer un reino, por él mismo, de sinceridad, inocencia, y justicia: sería el mismo Dios. Si pudiera hacerse, ciertamente, ya no habrían más razones para la rebelión. Si la rebelión existe es porque la falsedad, la injusticia y la violencia forman parte de las condiciones en que el rebelde vive. No puede, por esta razón, decidir absolutamente no matar o mentir sin renunciar a su rebelión -aceptando entonces, de una vez y para siempre, la maldad y el asesinato que le rodean. Pero tampoco puede aceptar matar y mentir, desde el momento en que el razonamiento inverso que justificaría el asesinato y la violencia también destruiría la razón de su insurrección. Es por esto que el rebelde no puede nunca encontrar la paz. Conoce lo que está bien y, a pesar suyo, hace el mal. (...) En cualquier caso, si no siempre es capaz de no matar -ya sea directa o indirectamente-, siempre puede poner su convicción y pasión en trabajar por disminuir las ocasiones de asesinato a su alrededor. (...) Si finalmente se ve forzado a matar, él mismo aceptará la muerte. Fiel a sus orígenes, el rebelde demuestra mediante el sacrificio que la libertad real no es libertad para asesinar sino libertad para enfrentar la propia muerte. Al mismo tiempo, alcanza el honor en términos metafísicos. Es entonces cuando Kalyayev sube al cadalso, desde donde visiblemente muestra a todos sus camaradas el límite exacto en el cual el honor del hombre empieza y acaba".

No está mal... En este fragmento, Camus muestra su visión ideal de lo que debería ser el rebelde y su rebelión, muy lejos de aquello en lo que históricamente la rebelión ha terminado transformándose, demasiado a menudo: un "movimiento" en el que unas élites revolucionarias se perpetúan y matan en mor de un paraíso prometido, cínicamente, sin por supuesto aceptar esos límites a su propia libertad, ni la muerte propia a cambio de la ajena. La rebelión deja de existir, deja de ser; ya no es sino voluntad de poder e imperio.

Acabo con algunas frases más, que pueden encontrarse en el libro:

"Un fin que requiera medios injustos no es un fin justo". Atribuída a Karl Marx. Al menos en el momento de escribir estas líneas comulgó con el pensamiento de Camus.
"Si nos decidimos a rebelarnos, debe ser porque hemos aceptado que la sociedad humana tiene algun valor positivo. (...) La rebelión no puede existir sin una extraña forma de amor". Palabras de Herbert Read, en la introducción previa a la obra. Precioso.
Y estas de Camus:
"La política no puede ser religión. De lo contrario, no es sino Inquisición".
"El arte y la rebelión sólo morirán con la muerte del último hombre en la tierra".
"La generosidad real respecto al futuro radica en dárselo todo al presente". Podríamos conectar esta sentencia con la anterior frase de Marx y situarla contra aquellos que, prometiendo el futuro paraíso terrenal, consienten -o promueven- el sufrimiento de las generaciones presentes.

En fin, un libro muy interesante. Por mi parte, me lanzo de cabeza a leer otras obras de Camus. Como pensador y escritor promete no dejar indiferente.

desde http://malditovivant.files.wordpress.com



Saludos

sábado, 30 de junio de 2012

Sobre el placer de la lectura

Acabo de terminar mi primera lectura del autor Daniel Pennac... y apostaría a que no es la última. Se trata de su célebre ensayo "Como una novela", que a mis ojos trata sobre el placer de leer, cómo se les da o se les quita a nuestros jóvenes a través de la influencia de los padres y de la escuela (una curiosidad no se fuerza, se despierta, nos dice Pennac), y sobre los derechos que el lector tiene, como lector que es.
Como acostumbro a hacer, traigo unos fragmentos que me han gustado y parecido especialmente significativos, para que podáis juzgar vosotros mismos.

Algo deprimente de todos modos, esta unanimidad...
Como si (...) el papel de la escuela se limitara siempre y en todas partes al aprendizaje de técnicas, al deber del comentario, y cortara el acceso inmediato a los libros mediante la abolición del placer de leer. Parece establecido desde tiempos inmemoriales, y en todas las latitudes, que el placer no tiene que figurar en el programa de las escuelas y que el conocimiento sólo puede ser el fruto de un sufrimiento bien entendido. (...) cuando todo, absolutamente todo en la vida escolar -programas, notas, exámenes, clasificaciones, ciclos, orientaciones, secciones-, afirma la finalidad competitiva de la institución, inducida por el mercado del trabajo.
Que el colegial, de vez en cuando, encuentre un profesor cuyo entusiasmo parece considerar las matemáticas en sí mismas, que las enseñe como una de las Bellas Artes, que haga que se las ame por la virtud de su propia vitalidad, y gracias al cual el esfuerzo se convierta en placer, depende del azar del encuentro, no del talante de la Institución.
(...)
La lectura se aprende en la escuela.
Amar la lectura...

Y yendo con el ejemplo de uno de esos maestros que sí son capaces de despertar el interes de sus jóvenes alumnos:
En la biografía que dedica al poeta Georges Perros, Jean-Marie Gibbal cita esta frase de una estudiante de Rennes donde enseñaba Perros:

"Él (Perros) llegaba la mañana del martes, desgreñado por el viento y por el frío en su moto azul y oxidada. Encorvado, con un chaquetón de marinero, la pipa en la boca o en la mano. Vaciaba una bolsa de libros sobre la mesa. Y era la vida".

Quince años después, la maravillosa maravillada sigue contándolo. Con la sonrisa puesta sobre la taza de café piensa, reúne lentamente sus propios recuerdos, y después:
- Sí, era la vida: media tonelada de libros, pipas, tabaco, un ejemplar del France-soir o de L'Equipe, llaves, carnés, facturas, una bujía de su moto... De este fárrago sacaba un libro, nos miraba, soltaba una risa que nos daba apetito, y comenzaba a leer. Caminaba mientras leía, una mano en el bolsillo, la otra, la que sostenía el libro, un poco tensa, como si, leyéndolo, nos lo ofreciera. Todas sus lecturas eran regalos. No nos pedía nada a cambio. Cuando la atención de alguno o alguna de nosotros flaqueaba, abandonaba la lectura un segundo, miraba al dormido y silbaba. No era una reprimenda, era una alegre devolución a la conciencia. No nos perdía jamás de vista. Hasta en lo más profundo de su lectura, nos contemplaba por encima de los renglones. Tenía una voz sonora y luminosa, un poco aterciopelada, que llenava perfectamente el volumen de las clases (...) Asumía instintivamente las medidas del espacio y de nuestros cerebros. Era la caja de resonancia natural de todos los libros, la encarnación del texto, el libro hecho hombre. Por su voz descubríamos de repente que todo aquello había sido escrito para nosotros. Este descubrimiento intervenía después de una interminable escolaridad en la que la enseñanza de la Literatura nos había mantenido a una distancia respetuosa de los libros. Así pues, ¿qué hacía él que no hubieran hecho otros profesores? Nada. En determinados aspectos, hacía incluso menos. Sólo que, mira, no nos entregaba la literatura en un cuentagotas analítico, nos la servía en dosis generosas... Y entendíamos todo lo que nos leía. Lo entendíamos. No había más luminosa explicación del texto que el sonido de su voz cuando anticipaba la intención del autor, revelaba una segunda intención, desvelaba una alusión..., imposibilitaba el contrasentido.
(...)
Nos daba una hora de clase a la semana. Esa hora se parecía a su macuto: una mudanza. Cuando nos abandonó al fin del año, eché cuentas: Shakespeare, Proust, Kafka, Vialatte, Strindberg, Kierskegaard, Molière, Beckett, Marivaux, Valéry, Huysmans, Rilke, Bataille, Gracq, Hardellet, Cervantes, Laclos, Cioran, Chéjov, Henri Thomas, Butor... Los cito en desorden y olvido muchos. ¡En diez años, no había oído ni la décima parte!
Nos hablaba de todo, nos lo leía todo (...). Nos tomaba por lo que éramos, unos jóvenes bachilleres incultos y que merecían saber. Y ni hablar de patrimonio cultural, de sagrados secretos pegados a las estrellas; en su caso, los textos no caían del cielo, los recogía del suelo y nos los daba a leer. Todo estaba allí, alrededor de nosotros, pletórico de vida. Recuerdo nuestra decepción, al principio, cuando abordó las grandes figuras, aquellos de quienes nuestros profesores, pese a todo, nos habían hablado, los poquísimos que creíamos conocer bien: La Fontaine, Molière... En una hora, perdieron su estatuto de divinidades escolares para hacérsenos íntimos y misteriosos..., es decir, indispensables. Perros resucitaba los autores. Levántate y anda: de Apollinaire a Zola, de Brecht a Wilde, todos acudían a nuestra clase, completamente vivos, como si salieran de chez Michou, el café de enfrente. Café donde a veces nos ofrecía una seguda parte. No jugaba, sin embargo, al profe-colega, no era su estilo. Perseguía pura y simplemente lo que denominaba su "curso de ignorancia". Con él, la cultura dejaba de ser una religión de Estado y la barra de un bar era una cátedra tan presentable como una tarima. Nosotros mismos, al escucharlo, no sentíamos deseos de entrar en religión, de vestir el hábito del saber. Teníamos ganas de leer, y punto... Así que se callaba, desvalijábamos las librerías de Rennes y de Quimper. Y cuanto más leíamos, más ignorantes, en efecto, nos sentíamos, solos sobre la arena de nuestra ignorancia, y frente al mar. Sólo que, con él, ya no teníamos miedo de mojarnos.

 Tiene otro libro en el que también trata cuestiones sobre pedagogía y enseñanza (yo ya he tomado nota y antes o después acabaré leyéndolo): "Mal de escuela".

listal.com

Saludos

domingo, 6 de mayo de 2012

Escuchando a Galeano

Comparto un vídeo, un descubrimiento más de cuantos se dan surcando los mares de Internet. Se trata de una entrevista a Eduardo Galeano en el programa catalán Singulars (Singulares). Tan sólo la introducción está en lengua catalana, el resto de la entrevista transcurre en castellano. Si tuvieseis problemas para comprenderla, no obstante, no tendré problema en traducirla para vosotros.


En el programa, Galeano habla sobre la política, los mercados financieros, los movimientos de protesta (la entrevista se realizó hace aproximadamente un año, cuando el movimiento indignado era una novedad), la utopía... incluso sobre fútbol. Se tocan diversos temas, pero siempre desde el estilo inconfundible del escritor uruguayo, que aúna la crítica más profunda con un tono casi poético, de manera que tras ser escuchado -o leído- siempre nos deja como un eco a modo de lección o recordatorio moral.

Galeano cuenta con varias obras muy conocidas, como Las venas abiertas de América Latina (1971), El libro de los abrazos (1989), o Patas arriba: la escuela del mundo al revés (2008), el único que he tenido el placer de leer, por el momento.
Por lo que decía de su estilo, y para que os hagáis una idea del contenido del último de los títulos que os he dado, transcribo algunas frases:
-"Se sataniza al drogadicto y, sobre todo, al drogadicto pobre, como se sataniza al pobre que roba, para absolver a la sociedad que los genera".
-"Los países que más armas venden al mundo son los mismos países que tienen a su cargo la paz mundial".
-"José Hernández, el poeta, había comparado a la ley con el cuchillo, que jamás ofende a quien lo maneja".
-"Hay cada vez más gente que aplaude el sacrificio de la justicia en los altares de la seguridad".
-"La economía mundial es la más eficiente expresión del crimen organizado".
-"El robo chico es delito contra la propiedad. El robo grande es derecho de los propietarios".
-"Como en todos los países pobres, más poder que el voto tiene el veto: el voto democrático propone y la dictadura financiera dispone".
-"El mundo al revés nos enseña a padecer la realidad en lugar de cambiarla, a olvidar el pasado en lugar de escucharlo y a aceptar el futuro en lugar de imaginarlo: así practica su crimen, y así lo recomienda".

En el mismo vídeo adjunto encontraréis otras tantas "frases galeanas". Yo, personalmente, me quedo con esta: "Yo no creo que valga la pena vivir para ganar. Creo que vale la pena vivir para hacer lo que la conciencia te dicte que debes hacer, y no lo que te conviene... Y esto vale para todo".  ¡Cómo sería nuestro mundo si sus habitantes se la aplicasen!


Saludos

viernes, 23 de marzo de 2012

"Ardor guerrero", de Antonio Muñoz Molina

Novela-memoria del escritor Antonio Muñoz Molina, de su período de mili en realidad, que transcurrió entre 1979 y 1980 en San Sebastián. En ella, y en palabras de Justo Serna (Pasados ejemplares. Historia y narración en Antonio Muñoz Molina), el autor aprecia el desajuste que hay entre la grandilocuencia militar, entre la épica guerrera, y la estulticia, la mediocridad e incluso la crueldad de la tropa y sus mandos. Justo por eso llama la atención el título de la obra, "Ardor Guerrero", del Himno de Infantería. La patriótica letra es desmentida por la memoria militar a la que accede el lector. No hay bravura, no hay amor patrio, ni hay ansia guerrera; hay mezquindad, mediocridad, crueldad ordinaria para sobrevivir en un entorno sedentario de escribientes que se escaquean y de mandos que se aturden con alcoholes.
Quien lea la obra encontrará personajes entrañables, como el flojo y amigable brigada Peláez o el romántico y radical Pepe Rifón, pasando por los cabos chusqueros, los "bisa" de gorra capada, expertos en el escaqueo y  el consumo indetectado de alcohol y hachís, o los nerviosos nuevos reclutas (los "conejos"), que todavía destilan marcialidad y buenas maneras tras la intensa experiencia previa del campamento. Encontrará también un reflejo de la España de la época, del conflicto en el País Vasco, del miedo al golpismo militar, de los restos aun visibles de la dictadura, de la música del momento,  de lo que los cines proyectaban... en resumen, de todo cuanto Muñoz Molina recuerda -o quiere recordar- pasados quince años de los hechos.

http://laantiguabiblos.blogspot.com

De un tiempo a esta parte le he cogido gusto a subrayar, o incluso a comentar, los libros a medida que los leo. Así, puedo ahora localizar fácilmente alguno de los puntos que me llamaron más la atención, los que mejor definen la obra, y compartirlos aquí; seguro, eso sí, de no estar "espoileando" a nadie.
Sobre la opinión que la práctica de la milicia le merece a Antonio Muñoz Molina, por ejemplo, podemos encontrar "... otro rasgo del miedo militar, el miedo a ser el único en algo, a encontrarme solo entre los otros, que no tendrían la menor compasión hacia mí, porque en el Ejército una de las primeras cosas que uno perdía era la piedad" o "El punto máximo de aquella retórica era la eliminación de toda palabra articulada: se propendía, en las arengas, al grito afónico, y en las órdenes, al ladrido y la onomatopeya".
Quizá era su condición de intelectual, ya por entoces de izquierdas, la que le predisponía a sentirse a disgusto inserto en ese mundo castrense, y a buscar los momentos de soledad, como oxígeno necesario para no desfallecer ("Bastaba el olor, el roce civilizado del papel, la quietud de aquel lugar en el que no había casi nadie"); si bien reconoce que la mili le ayudó a salir de la pecera universitaria en la que hasta entonces se había movido: "Seis años en la universidad, dedicados a leer libros y a ver películas en cineclubes universitarios y a discutir sobre libros, películas y política con personas que hacían más o menos lo mismo que yo me habían influido mucho más de lo que yo estaba dispuesto a reconocer, segregándome de la vida común, o haciéndome creer que esa vida era la de los universitarios y los aspirantes a intelectuales de izquierdas con los que yo trataba".
Pero sin duda, las meditaciones más provechosas -desde el punto de vista histórico- son aquellas que se refieren directamente a la época, al ambiente quizá algo enrarecido de aquella España que se adentraba en los ochenta. Os dejo ejemplos: 
"...el aire rancio de las dependencias militares que la Constitución de 1978 ni siquiera había empezado a ventilar, igual que nadie había cambiado aún los escudos de las banderas, que seguían luciendo el águila negra del franquismo, ni descolgado los retratos de Franco".
"Todo podía quebrarse, lo mismo mi destino de oficinista que la democracia española".
Y al igual que se ha considerado que el siglo XX realmente comienza en 1914 con la gran guerra industrial, él considera superados nuestros setenta tras el golpe de Tejero: "Los ochenta sólo comenzaron cuando dejamos de ser rehenes de los golpistas y de los terroristas y cuando los héroes de la década anterior [entiendo que se refiere a las grandes personalidades de la izquierda] empezaron a perder sus resplandores heroicos como trámite previo a la pérdida de la vergüenza". Y es que cierta izquierda no escapa a su crítica, y en alguna ocasión nos dice Molina que le sabía mal su propia moderación, su posicionamiento quizá pequeñoburgués:  "Pero mi amigo Pepe no era entonces el único que cerraba los ojos: casi nadie en la izquierda sabía o intentaba saber, y los intelectuales más viajados y agasajados volvían de la Unión Soviética o de Cuba o de la Rumanía de Ceaucescu sin contar nada, sin haberse enterado en apariencia de nada".

En fin, una lectura recomendable para cualquiera, y más aún para aquellos que quieran bucear en el estado de ánimo de aquel período, nexo entre dos décadas, lleno de pintadas abertzales y cargas de antidisturbios, cargos militares asesinados a tiros en plena calle, de grupos de matones fascistas encapuchados y de jóvenes comunistas admiradores de Stalin; o para aquellos que quieran recordar en cierta medida su propia mili comparándola con la del relato de  Muñoz Molina; o para aquellos, por último, que nunca la hicimos y queramos saber de qué manera se disfrutaba y se sufría, en espera de la anhelada "blanca".

Saludos

domingo, 4 de marzo de 2012

Breve resumen de la crisis financiera global

Transcribo para el blog un extracto del libro "Neoliberalismo. Una breve introducción" de Manfred B. Steger y Ravi K. Roy (Alianza Editorial), que estoy leyendo para la realización de un trabajo. Es un complemento perfecto al visionado del documental de Charles Ferguson 'Inside Job' (podéis visualizarlo aquí), para tratar de entender las causas de la actual crisis del sistema.
El libro en cuestión es muy recomendable, con alrededor de 200 páginas de lectura sencilla pero esclarecedora, y podéis encontrarlo en edición de bolsillo, más económica. Como dice el título, su función es de introducción, pues el número de páginas no permite una densidad mayor. No obstante, y en mi opinión, toca todas las teclas que se tienen que tocar, y junto con la lectura de "Algo va mal" del historiador Tony Judt, que ahonda más en los antecedentes históricos, resulta muy aconsejable para quien quiera comprender las causas y orígenes de la actual coyuntura, sin ahogarse en números, cifras y estadísticas, y con un estilo ameno y sencillo.
Hecha la publicidad, allá va el texto. No transcribo el cien por cien, y el subrayado es mío.

desde melibro.com



Durante los años 80 y 90 el mercado de hipotecas estadounidense se vio espoleado, porque consecutivamente hubo tres gobiernos neoliberales que elevaron los límites de los préstamos que podían solicitarse y redujeron los requisitos para hacerlo. Desde que Reagan subió al poder, la Administración americana alentó la desregulación de la industria de servicios financieros. Probablemente la propuesta más relevante en este aspecto fue la liquidación de la Ley Glass-Steagall, firmada por el presidente Roosevelt en 1933 para impedir que los bancos comerciales intervinieran en la actividad inversora de Wall Street. Después de todo, la crisis del 1929 y la Gran Depresión que vino tras ella habían demostrado de manera palpable el peligro que entrañaba permitir que las sociedades de ahorro y préstamo se involucraran en el frenesí especulativo de Wall Street, sin terminar en la bancarrota, como muchas entidades de entonces, y sin que los clientes perdieran sus activos.

En la primavera de 1987 el Tribunal de la Reserva Federal votó a favor de que se relajaran algunas de las regulaciones contenidas en la Glass-Steagall, argumentando que desde los oscuros días de la Gran Depresión ya se habían instaurado tres controles muy serios sobre la especulación corporativa, los cuales eran más que suficientes para garantizar que no se produciría otra crisis económica a gran escala:
1) La comisión de Valores y Cambio;
2) el alto nivel de sofisticación de la mayoría de las inversiones;
3) las agencias independientes de Asesoría Crediticia, como Moody's Investors Services, que hacían llegar información fiable a los inversores.

A principios de los 90 los grandes bancos comerciales, como J.P.Morgan, Citicorp o Chase Manhattan, tenían autorización de la Reserva Federal para suscribir títulos de valores. En 1996, el Alto Tribunal de la Reserva, bajo presidencia de Alan Greenspan, dio instrucciones para que las compañías bancarias pudieran poseer como afiliados bancos de inversión que tuvieran hasta el 25% de sus negocios en acciones. En 1999 el Congreso votó a favor de que se anulara la Ley Glass-Steagall; el presidente Clinton firmó las órdenes por las que se eliminaban las restricciones que impedían a los bancos comerciales poseer bancos de inversión.
Esta serie de desregulaciones neoliberales trajo consigo una oleada de fusiones que derivaron en inmensos conglomerados de servicios financieros, que deseaban con avidez iniciar actividades bursátiles en áreas que no tenían necesariamente que ver con su negocio. Los derivados, los futuros financieros, las permutas de moras crediticias y otros instrumentos relacionados (...)
Protegidos por la política monetarista del presidente Greenspan, que mantenía bajas tasas de interés y alentaba el crédito, los bancos de inversión ampliaron sus mercados de capital comprando arriesgados créditos subprime a los agentes hipotecarios, que ante el señuelo de las comisiones estaban aceptando hipotecas inmobiliarias con una entrada reducida o nula y sin verificación del crédito. Estos productos, cada vez más extendidos en Estados Unidos, eran hipotecas de interés variable, sometidas a las fluctuaciones de las tasas de interés a corto plazo. Los bancos de inversión no dejaron escapar estos préstamos de alto riesgo, sabiendo que podían revender dichos activos -con sus correspondiente riesgo- incluyéndolos en paquetes de valores compuestos que ya no estaban sometidos a regulación gubernamental. De hecho, uno de los más complejos instrumentos financieros innovadores, las llamadas "obligaciones de deuda colateralizadas", solían ocultar los préstamos conflictivos escondiéndolos entre activos de menor riesgo para revendérselos a inversores inexpertos.
Pero si la garantía era tan baja, ¿por qué seguían invirtiendo las personas y las instituciones en estos valores respaldados por hipotecas? Podemos pensar en tres razones fundamentales. Primero, como se ha dicho, los esotéricos paquetes de valores solían ocultar el nivel de riesgo implicado y los inversores no comprendían la complejidad de los nuevos fondos de inversión. Segundo, los inversores confiaban en la excelente reputación de unos gigantes financieros de la talla del Bank of America o Citicorp. Tercero, se creían el contenido de los informes de calificación positiva que emitían Standard and Poor's o Moody's, sin darse cuenta de que estas empresas estaban también involucradas en la creciente burbuja especulativa. Para maximizar sus beneficios estos gigantes de la calificación bancaria tenían un interés bastardo en que crecieran los mercados de valores y por eso pintaban los intereses inherentes con un tono exageradamente optimista.

Los altos rendimientos que se obtenían de estos nuevos fondos de valores atrajeron cada vez más a inversores de todo el mundo. Pronto se llegó a manejar un billón de dólares en lo que dieron en llamarse "activos tóxicos". A mediados de 2007, la apisonadora financiera se quedó sin fuelle, en el momento en que el precio de las propiedades americanas, muy sobrevaloradas, empezó a caer, y las ejecuciones de hipotécas se dispararon. Los inversores se dieron cuenta de los graves riesgos que escondía el mercado de valores y retiraron su confianza. En consecuencia, el valor de los fondos de hipotecas se desmoronó y los bancos intentaron desesperadamente, aunque en vano, eliminar de alguna manera las deudas que aparecían en sus balances.
Algunas de las instituciones financieras más importantes y reverenciadas, aseguradoras y entidades suscriptoras de préstamos hipotecarios avaladas por el Estado, como Lehman Brothers, Bear Stearns, Merrill Lynch, Goldman Sachs, AIG, Citicorp, J.P.Morgan Chase, Indy Mac Bank, Morgan Stanley, Fannie Mae y Freddie Mac, por mencionar algunas, o bien se declararon en bancarrota o tuvieron que ser rescatadas por lo que ha sido el más espectacular giro hacia la "nacionalización" que jamás se halla visto en América desde la Gran Depresión. Para mayor ironía, el gobierno de Bush apoyó la compra de hasta 700 000 millones de dólares en títulos de hipotecas embargadas, a cambio de tener participación en el negocio. Gran Bretaña y la mayoría de los demás países industrializados hicieron lo mismo, y apoyaron la concesión de rescates de miles de millones, confiados en que inyectando semejantes cantidades de dinero a los convalecientes mercados financieros apuntalarían unas instituciones "demasiado importantes como para dejar que se derrumben". Pero los generosos paquetes de rescate lo único que consiguieron fue permitir que los fuertes conglomerados financieros gastaran aun más dinero, sin tener que declararse en bancarrota. El coste que han pagado los contribuyentes de todo el mundo es verdaderamente abrumador: las generaciones futuras tendrán que reponer los billones de dólares que se han utilizado para financiar estos programas de rescate.
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Con todo, una de las principales consecuencias del fracasado sistema económico fue que al intentar reconstruir su capital base, los bancos apenas podían seguir concediendo altas sumas de dinero en préstamos. El flujo crediticio quedó reducido a un suave goteo y las empresas e individuos que confiaban en estos préstamos encontraron mucha dificultad para obtenerlos. Esta reducción de crédito afectó a la rentabilidad de muchos negocios, que se vieron forzados a reducir la producción y a despedir trabajadores. La tasa de desempleo se disparó, al tiempo que los mercados mundiales de valores caían estrepitosamente (...)

Una tras otra, las economías de todos los países del mundo se sumían en la recesión. Las predicciones del Banco Mundial para marzo de 2009 indicaban que por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial tanto la economía global como el volumen de comercio internacional se retraerían. El informe también destacaba que el golpe sería particularmente duro para los países en desarrollo (...). La crisis "financiera" global se había convertido en una crisis "económica" global.

Y a continuación, una interesante tabla comparativa:
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Así son las cosas, y así nos las cuentan algunos.

Saludos

jueves, 12 de enero de 2012

"El poder de los sin poder", por Václav Havel

Ayer mismo terminé de leer este libro del que fue dramaturgo, disidente durante el control comunista, último presidente de Checoslovaquia y primero de la República Checa: Václav Havel, recientemente fallecido.
    No esperéis las memorias de un perseguido. Se trata de un ensayo sobre la manera en su opinión ideal de oponerse a lo que él llamaba postotalitarismo (el régimen construido en la mentira colectiva, cuya coartada es un elaborado ordenamiento jurídico, con un aparato represivo temible y temido), mediante la vida en la verdad, actuando desde el contexto prepolítico de la sociedad (la vida y la existencia de cada uno, y de los que le rodean). Es un tanto filosófico, sin duda.

   El libro empieza con el ejemplo de un frutero que cuelga en los cristales de su negocio, junto a los precios del producto, un gran cartel con el eslogan "¡Proletarios de todo el mundo, uníos!". ¿Por qué lo hace? ¿Para demostrar un sentimiento propio? ¿Porque realmente cree en lo que dice el eslogan y en el efecto que pueda tener, desde una frutería cualquiera de la Praga de los años setenta? Más bien lo hace porque así lo tiene que hacer, porque así lo ha hecho siempre, porque así lo hacen todos y para ahorrarse problemas. Dice Havel:
La ideología -como coartada-puente entre el sistema y el hombre- llena el abismo entre los planes del sistema y los planes de la vida [de cada individuo]; da a entender que las pretensiones del sistema derivan de las necesidades de la vida: es una especie de mundo de la "apariencia" que se expande como realidad. 
   Nos dice que el eslógan que las autoridades entregan al frutero junto a sus frutas y verduras es un signo y transmite un mensaje preciso aunque secreto, que diría como sigue: "yo, tendero de verduras XY, estoy aquí y sé lo que tengo que hacer; mi comportamiento es el esperado, soy de fiar y no se me puede reprochar nada; obedezco y, por lo tanto, tengo derecho a una vida tranquila". Un mensaje que se dirige a "la cúpula", a los superiores de los tenderos de verduras, y a los posibles delatores. Aunque no sin riesgos, aquel que practicase la vida en la verdad sería aquel que no cumpliera con este mundo de la apariencia que es la ideología que mana desde el sistema, en su vida diaria, en sus relaciones... Aquel músico que compusiese letras de canciones que escapasen a la ortodoxia del régimen, aquel profesor que enseñase a sus alumnos según su propia conciencia, aquel que ante un juicio exigiese el cumplimiento de cada punto de la legalidad del sistema (muy elaborada, pues éste se justifica a través de un complejo ordenamiento jurídico) a rajatabla, o el frutero que no colgase el eslogan del cartel sin reflexionar ante lo que esa acción significa. 
 
Václav Havel (http://www.biografiasyvidas.com)
Pues bien, el libro desarrolla todo este argumento, esta crítica al sistema de las "democracias populares"; y la que es su forma favorita para minar, con constancia y sin sobresaltos ni violencias, la mentira del sistema.
  Havel escribió este ensayo en 1978, al poco de firmar junto a otros la Carta 77 (varias veces mencionada en el libro), en protesta por la detención de los miembros del grupo underground "Plastic People of the Universe"; bastante antes de surgir Foro Cívico o las "revoluciones de terciopelo".
 Si los libros con un fondo filosófico no son de vuestro agrado, no os lo recomiendo; pero si no os importa (o aun os gusta), y buscáis un documento que refleje el ambiente post Primavera de Praga y pre "revoluciones de terciopelo", desde la pluma de uno de sus principales protagonistas, echarle un vistazo.

No puedo cerrar esta entrada sin hacer referencia a unas cuantas frases (hacia el final del libro, pp.119-120) que me han llamado la atención por su actualidad, como me ha pasado en entradas anteriores, pese a que las separen de nuestros días más de 30 años. 
  Tras mencionar a Ortega y Gasset y su "Rebelión de las masas" (otra obra muy recomendable, con ecos de actualidad pese a que fue escrita en la época final de Primo de Rivera), Havel nos deja reflexiones como estas:

El sistema postotalitario es sólo un aspecto -drástico y por eso más iluminador sobre su verdadero origen- de esta incapacidad general del hombre moderno para ser "dueño de la situación"; (...) la mentira, de la que es su espejo, es sólo una de las variantes de la mentira esencial del hombre moderno. La crisis planetaria de la condición humana afecta tanto al mundo occidental como al nuestro (...). Heidegger habla explícitamente de 'crisis de la democracia'. [...]
  No parece que las democracias parlamentarias tradicionales sean capaces de proponer el modo de hacer frente (...) a la autocinesis de la civilización tecnológica y de la sociedad industrial de consumo; también a ellas les arrastra su torbellino (...); sólo que el modo con que manipulan al individuo es infinitamente más sutil y refinado que el brutal del sistema postotalitario. Pero todo ese complejo estático de los partidos políticos de masas, esclerotizados, llenos de verborrea y cuya finalidad política acaba en ellos mismos, que dominan con su aparato de profesionales y vacían a los ciudadanos de cualquier responsabilidad concreta y personal; (...); todo el omnipresente 'diktat' del consumo, de la producción, de la publicidad, del comercio, de la cultura consumista (...), todo esto (...) difícilmente puede ser considerado como la vía futura que llevará al individuo a reencontrarse a sí mismo.

Havel buscaba -o esperaba- encontrar esa vía alternativa para su propio país, para cuando las "democracias populares"  hubiesen llegado a su fin, pero no creía que la alternativa mejor fuese nuestro sistema, como habéis visto arriba. "Considero el viraje de la atención política hacia el individuo concreto como algo sustancialmente más profundo que la simple vuelta a los mecanismos habituales de la democracia occidental o -si se quiere- burguesa". Aun así, fue presidente de una de estas democracias "al uso", se opuso a la secesión de Eslovaquia, promovió el ingreso en la OTAN de la República Checa y de los demás países del antiguo Pacto de Varsovia... Se conformó en resumen con los "mecanismos habituales" de las democracias, aunque tal vez no tuvo más remedio. No conozco suficientemente la historia checoslovaca ni la biografía de Havel como para emitir un juicio sobre todo esto. En cualquier caso su obra, su pensamiento y su actuación durante las "revoluciones de terciopelo" quedan ahí; ya forman parte de nuestra historia reciente.

Saludos

miércoles, 16 de noviembre de 2011

"Algo va mal", un libro de Tony Judt

Con el título en catalán El món no se'n surt, y en el original I'll fares the land (algo así como "pondré precio a la tierra"), se trata de un aviso a las generaciones presentes y futuras donde el profesor Judt* analiza el pasado, presente y futuro de la democracia y el Estado de Bienestar, en un estilo claro, conciso, ameno y que no deja indiferente. Si no me equivoco, salió a la venta el año pasado, luego recoge la crisis en la que estamos inmersos.
Os dejo un extracto del libro que he elegido al azar**:

Así pues, ¿qué deberíamos haber aprendido de 1989? Quizá, sobre todo, que nada es necesario ni inevitable. El comunismo no tenía que ocurrir -y no había razón alguna para que durara para siempre-; pero tampoco había nada que nos garantizara que iba a caer. Los progresistas deben asumir la contingencia absoluta de la política: ni el auge de los Estados del bienestar ni su ulterior pérdida de favor han de considerarse un regalo de la Historia. El "momento" socialdemócrata -o su equivalente estadounidense desde el New Deal hasta la Gran Sociedad- fue producto de una combinación de circunstancias muy concretas que no es probable que se repitan. Lo mismo cabe decir del "momento" neoliberal que comenzó en la década de 1970 y que sólo ahora acaba de desacreditarse.
 Pero precísamente porque la historia no está predeterminada, los mortales debemos inventarla a medida que avanzamos -y en circunstancias que, como acertádamente señaló el viejo Marx, en buena medida nos vienen impuestas-. Tendremos que plantearnos de nuevo los eternos interrogantes, pero estar abiertos a respuestas diferentes. Hemos de averiguar qué aspectos del pasado deseamos conservar y qué los hizo posibles. ¿Qué circunstancias eran únicas?¿Qué circunstancias podríamos, con voluntad y esfuerzo, reproducir?
Si 1989 significó un redescubrimiento de la libertad, ¿qué límites estamos dispuestos a ponerle? Incluso en las sociedades más "amantes de la libertad" se le imponen restricciones. Pero si aceptamos algunas limitaciones -como hacemos siempre-, ¿por qué no otras? ¿Por qué estamos tan seguros de que cierta medida de planificación o la tributación progresiva o la propiedad colectiva de los bienes públicos son restricciones intolerables de la libertad, mientras que las cámaras de circuito cerrado, los rescates estatales de bancos de inversión "demasiado grandes para dejarlos caer", las escuchas telefónicas y las costosas guerras en otros países son cargas aceptables que la gente debe soportar?
 Quizá haya buenas respuestas a estas preguntas, pero si no las planteamos, ¿cómo las vamos a saber? Tenemos que redescubrir cómo hablamos sobre el cambio: cómo imaginar formas muy diferentes de organización, libres de la peligrosa salmodia de la "revolución". Debemos distinguir mejor que algunos de nuestros predecesores entre fines deseables y medios inaceptables. Como mínimo, deberíamos tener muy presente la advertencia de Keynes sobre esta cuestión: "No basta con que el estado de cosas que queremos promover sea mejor que el que le precedió; ha de mejorar lo suficiente como para que compense los males de la transición".
No obstante, tras reconocer y asumir todas esas consideraciones, debemos mirar hacia delante:  ¿qué queremos y por qué lo queremos? Como sugiere la actual ruina de la izquierda, las respuestas no son evidentes. Pero, ¿qué alternativa tenemos? No podemos dejar el pasado a nuestras espaldas y limitarnos a cruzar los dedos: sabemos por experiencia que la política, como la naturaleza, aborrece el vacío. Después de veinte años desperdiciados, ha llegado el momento de comenzar de nuevo. ¿Qué hacer?

http://www.projectals.org
Con el 89 se refiere a la fecha de la caída del comunismo, lo que muchos supusieron entonces "el fin de la historia". Ya sólo quedaba un sistema en el mundo, todo sería mejor a partir de entonces; al unísono avanzaríamos hacia la consecución de la paz y el bienestar mundial bajo el reinado del libre mercado.
Si os parece interesante, os informo de que el libro ya tiene una versión de bolsillo, más asequible.




*Recientemente fallecido (en agosto del 2010), Tony Judt fue un eminente historiador y escritor. Destaca su insuperable obra Postguerra: una historia de Europa desde 1945, con un análisis profundo pero ameno del continente durante todo el período de la Guerra Fría.
**Aquí bromeo: ni el azar es electivo, ni mi elección ha sido azarosa.


Saludos

sábado, 1 de octubre de 2011

Reflexionando con Baroja

Lo que hace a la sociedad malvada es el egoismo del hombre, y el egoismo es un hecho natural, es una necesidad de la vida. ¿Es que supones que el hombre de hoy es menos egoísta y cruel que el de ayer? Pues te engañas. ¡Si nos dejaran!
(...)
Para llegar a dar a los hombres una regla común, una disciplina, una organización, se necesita una fe, una ilusión, algo que aunque sea una mentira salida de nosotros mismos parezca una verdad llegada de fuera.
(...)
A una colectividad no se le moverá jamás diciéndole: Puede haber una forma social mejor. Es como si a una mujer se le dijera: Si nos unimos, quizá vivamos de una manera soportable. No, a la mujer y a la colectividad hay que prometerles el paraíso(...) En todas partes y en todas épocas los conductores de hombres son prometedores de paraísos.

Palabras del personaje Iturrioz, en "El árbol de la ciencia", de Pío Baroja, 1911.

http://www.smbarcelo.es
Saludos

viernes, 10 de junio de 2011

El viejo y el desierto

Va fragmento escrito:
Un turcomano que ha vivido tanto como para llevar una barba blanca lo sabe todo. Tiene una cabeza llena de sabiduría y unos ojos que han leído en el libro de la vida. Conoció el sabor de la riqueza cuando le dieron su primer camello. Conoció las miserias de la pobreza cuando se le meurió el primer rebaño de ovejas. Ha visto pozos secos, de modo que sabe lo que es la desesperación, y ha visto pozos llenos de agua, de modo que sabe lo que es la alegria. Sabe que el sol da vida, pero sabe también que el sol trae la muerte, cosa de la que no es consciente ningún europeo.
Sabe lo que es la sed y lo que es la saciedad.

Sabe que cuando hace mucho calor, hay que taparse con ropa de abrigo, una pelliza y un gorro de piel de cordero, y no quedarse en carnes, como hacen los blancos. Al contrario del hombre despojado de ropa, el hombre vestido piensa. La persona desnuda puede cometer cualquier locura. Los que crearon grandes obras siempre fueron vestidos. En Sumeria y en Mesopotamia, en Samarkanda y en Bagdad, a pesar del calor infernal, la gente siempre ha ido vestida. Se crearon allí grandes civilizaciones, desconocidas en Australia o en el ecuador africano, donde la gente iba desnuda al sol. Basta leer unos capítulos de la historia del mundo para convencerse de ello.
Puede que este viejo conozca la respuesta a la gran pregunta de Shakespeare.
http://upload.wikimedia.org

Él ha visto el desierto y el oasis, con lo cual ha visto el mundo entero que, en último término, se reduce a esta única división. El mundo está cada vez más poblado, los oasis se vuelven estrechos, incluso el gran oasis de Europa, sin mencionar los del Ganges o los del Nilo. ¿No tendrá que volver la humanidad, cuyo origen -según todos los testimonios- está en los desiertos, al lugar que fue su cuna? Y entonces, ¿a quién vendrá a pedir consejo el sudoroso burgués con su Fiat recalentado y su nevera que no tendrá dónde enchufar? ¿Acaso no se pondrá a buscar al turcomano de barba blanca o al tuareg envuelto en su turbante? Ellos sí saben dónde están los pozos, lo que significa que conocen el secreto de la salvación y de la supervivencia. Desprovisto de escolasticismo y de doctrinarismo, su conocimiento es grande, porque sirve a la vida. En Europa tienen la costumbre de escribir de la gente del desierto que son unos subdesarrollados, incluso secularmente atrasados.A nadie se le ocurre pensar que no se puede emitir tales juicios de unos pueblos que, en las condiciones más adversas para el hombre, han sabido sobrevivir durante milenios y crear el tipo de cultura más preciada, por ser práctica, una cultura que ha permitido existir y desarrollarse a pueblos enteros, mientras que caían y desaparecían de la tierra para siempre muchas civilizaciones sedentarias...
de Ryszard Kapuscinski, "El Imperio".

Un libro muy recomendable (y lo digo cuando sólo llevo leídas 90 páginas del mismo), con los relatos del conocido escritor y periodista de sus viajes por la URSS, entre los años 1939 y 67, y entre el 89 y 91 del pasado siglo. Una narración, desde abajo y desde dentro, del derrumbe del imperio soviético.
El fragmento elegido tal vez no sea muy representativo (en ese momento del relato el periodista polaco obviamente no está en tierra de rusos) pero sencillamente me encantó.

Saludos

martes, 3 de agosto de 2010

Nuevo libro: La Tragedia del Congo

Os traigo la reseña que sobre este nuevo título, sin duda interesante, viene en Le Monde Diplomatique en español. Al menos yo no tardaré leerlo.

Bajo el inequívoco título La tragedia del Congo, se reúnen cuatro textos excepcionales que denuncian la masacre perpetrada en África a comienzos del siglo pasado por el rey Leopoldo II de Bélgica. Este monarca creó la Asociación Internacional Africana y financió la expedición de Stannley al río Congo (1879-1884), pero sería responsable de la tragedia alentada por su codicia y del exterminio sistemático de los habitantes de la región.

Escritores, diplomáticos y clérigos denunciaron las atrocidades en informes y testimonios dirigidos al soberano belga. Arthur Conan Doyle (1859-1930), creador de los relatos de Sherlock Holmes, fue uno de los defensores de las reformas que necesitaba el Congo para superar las injusticias. Su escrito da cuenta de ello, como también lo hace el trabajo del historiador George W. Williams (1849-1891), el primer negro que formó parte del Parlamento en Ohio, y el primero en llamar la atención del mundo hacia la crueldad del gobierno colonial de Leopoldo II. Algunos pasajes recuerdan a nuestro Bartolomé de las Casas, pues a fin de cuentas todas las conquistas son pura masacre. El texto de Roger Casement (1864-1916) adquiere un significado especial cuando sabemos que Casement, nacionalista irlandés, sería ejecutado por el gobierno británico. Fue defensor del Congo y de los indios peruanos. Mark Twain (1835-1910), autor de El Príncipe y el Mendigo, aporta el sarcástico Soliloquio de Leopoldo II, publicado por primera vez en 1905. Se nos ofrece, pues, un abanico de alegatos que va de los informes pormenorizados (amputaciones de pies y manos a los obreros del caucho o a sus hijos pequeños, por no alcanzar la cuota exigida), al despiadado monólogo que enfrenta al monarca con sus fantasmas. Twain inmortaliza al odioso tirano, monstruo europeo de la colonización africana.

Ediciones del Viento ha rescatado y traducido para los lectores de lengua española estos cuatro importantes textos. Sabemos así que hasta hace un siglo era práctica habitual de los colonizadores belgas "el arresto y retención de mujeres para obligar a las aldeas a aportar productos y trabajadores", así como el dar muerte a los que no entregaban caucho suficiente, o azotar con un chicote (látigo de piel de hipopótamo) a los esclavos hasta destrozarlos. El ensañamiento más frecuente consistía en amputar extremidades a los obreros en presencia de sus parientes. Cuando un centinela los sorprendía preparando comida para llevársela a la selva (destino forzoso al que eran conducidos) "mataba a tres o cuatro para que nos diéramos prisa". Twain hará decir al rey belga : "Si se me ha bendecido, coronado, beatificado, con esta recompensa dorada, ¿por qué debería preocuparme el que los hombres me maldigan e insulten? ¡Malditos misioneros entrometidos!".

IGNACIO CARRIÓN

LA TRAGEDIA DEL CONGO (BLACK)
Williams, Roger Casement, Arthur Conan Doyle y Mark Twain.
Ediciones del Viento, La Coruña, 2010, 424 páginas, 26 euros.


Algo más sobre la obra: http://www.novedadesconhistoria.com/novedades/la-tragedia-del-congo-varios-autores
Para saber más sobre la tragedia del Congo belga leer "El fantasma del rey Leopoldo", de Adam Hochschild.
Y sobre la barbarie colonialista (o imperialista) en general, "Heart of Darkness" de Joseph Conrad (novela, traducida al español como El corazón de las tinieblas), escrita tras la experiencia del autor en el Congo belga, y en la que se basó Coppola para Apocalypse Now. "Los holocaustos de la era victoriana" de Mike Davis, hace por su parte un análisis muy interesante de la relación entre el colonialismo y las grandes hambrunas del último cuarto del XIX.
Hay muchos más libros, que podéis consultar en las biblografías respectivas. Por desgracia muy pocos de los estudios se han traducido al castellano, haciéndose necesario un nivel decente de francés o inglés, o bien mucha paciencia y a esperar que editoriales como ésta nos vayan acercando algunos títulos, aunque sea con cuentagotas.

Saludos