"La incomprensión del presente nace fatalmente de la ignorancia del pasado. Pero quizá sea
igualmente vano esforzarse por comprender el pasado, si no se sabe nada del presente" M. Bloch
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miércoles, 25 de enero de 2012

Promises


Documental de Justine Shapiro y B. Z. Goldberg. Doblado al castellano. 
Dejemos hablar sobre el conflicto de Palestina-Israel a las niñas y niños de "ambos bandos". 
Quizás nunca deberíamos dejar de pensar como lo hacen los niños. Quizás nunca deberíamos insuflarles nuestros propios miedos y prejuicios, perpetuándolos. Tal vez así, problemas que parecen atascados hallarían fácil solución.

Saludos

jueves, 28 de julio de 2011

Sobre el reflejo social del cambio demográfico en el mundo árabe

Interesante artículo de Youssef Courbage, director de investigaciones en el Instituto Nacional de Estudios Demográficos, París, para el nº189 de Le Monde Diplomatique en español (julio 2011). Ahí va:

El tiempo de la juventud árabe

En los últimos veinte años, la convergencia demográfica de los países de las orillas sur y norte del Mediterráneo prosiguió a ritmo sostenido. El índice de fecundidad -que sirvió para dar una imagen despreciable de los mundos musulmanes (1)- muestra que el Líbano, Túnez, Marruecos, Turquía e Irán alcanzan actualmente niveles que se acercan a los de los países europeos.
Estas metamorfosis demográficas son portadoras de irreversibles transformaciones políticas. En Marruecos, el índice de fecundidad no ha dejado de retroceder desde 1975, para alcanzar los 2.19 hijos por mujer en la encuesta de 2009-2010. En áreas urbanas, está hoy por debajo del umbral de renovación de las generaciones (2.05 hijos por mujer). Lo mismo sucede en Túnez, desde hace una década.
Habida cuenta de la demografía, las revueltas árabes aparecen como ineluctables. El proceso que Europa vivió a partir de la segunda mitad del siglo XVIII se propagó al mundo entero; no podía quedar fuera el sur del Mediterráneo, que desde hace cuatro décadas vive las mismas transformaciones demográficas, culturales y antropológicas. El mundo árabe no es una excepción: creerlo sería pecar de esencialismo, inventando un homo arabicus o un homo islamicus por definición reacio al progreso.
Excluyendo a los libaneses cristianos -que se beneficiaron de la presencia de las misiones y sus universidades desde el siglo XIX- una parte del mundo árabe empezó a metamorfosearse a partir de los años 1960, gracias al alza del nivel de instrucción y a la baja de fecundidad. En el Túnez de Habib Burguiba, la voluntad de modernización pasó por el acceso a la enseñanza, tanto para los varones como para las mujeres. En Marruecos, los primeros gobiernos de la independencia también habían hecho de la educación su prioridad, antes de que esos esfuerzos se vieran frenados por temor a que hicieran tambalear las jerarquías políticas -lo que explica su actual retraso en materia de alfabetización, sobre todo para las chicas y en el medio rural-.
La generalización de la instrucción fue acompañada por un creciente control de la natalidad y de la extensión del uso de métodos contraceptivos. El descenso de la fecundidad en algunos países árabes ha sido tan fuerte que se quebrantaron los valores tradicionales de tipo patriarcal. El cuestionamiento del pater familias implica, a cierto plazo, el de todos los "padres de los pueblos" -como se ha visto ya en Túnez o Egipto. También debe señalarse la clara decadencia de la endogamia, es decir del estancamiento del grupo familiar que conlleva el repliegue de los grupos sociales sobre sí mismos y la rigidez de las instituciones. Una sociedad que se abre al exterior está más dispuesta a rebelarse frente a un gobierno autoritario. Así, la escolarización masiva y el descenso de la natalidad pueden provocar, indirectamente, una toma de conciencia y desencadenar las revueltas. (este tipo de subrayado es mío)

Tales conmociones en la esfera familiar tienen efectos de doble filo. Limitar su descendencia permite criar mejor a sus hijos, alimentarlos mejor, escolarizarlos en un mejor nivel y por más tiempo. En una familia restringida -modelo al que tiende la família árabe-, las interacciones padre-madre y padres-hijos se tornan asimismo más "democráticas", lo que sólo puede tener repercusiones positivas en el plano social y político. Los problemas surgen cuando viven juntos un hijo instruido y un padre analfabeto pero que ejerce el poder absoluto (herencia de las sociedades patriarcales). La cohabitación se torna entonces "complicada". Estos transtornos familiares aparecen nuevamente en una escala más global, y pueden explicar -al menos parcialmente- los fenómenos islamistas.
La instrucción generalizada de los varones, y luego de las niñas, condujeron al despertar de las conciencias, quizás incluso a un cierto "desencanto" del mundo, e indujeron una secularización de la sociedad. Los jóvenes universitarios desocupados fueron los primeros en rebelarse. Pero, de Marruecos a Jordania, los manifestantes son de ambos sexos y pertenecen a todas las edades y a todos los grupos sociales: esas revoluciones, de naturaleza esencialmente seculares, no son exclusividad de los jóvenes.
En su teoría del "choque de civilizaciones", Samuel Huntington consideraba al aumento de la proporción de jóvenes en la población como un factor de desestabilización del mundo y de desarrollo del islamismo: aportaría trastornos sociales, la guerra y el terrorismo (2). Al precipitarse en esa vía, ciertos politólogos se aventuraron a ver una relacion de causalidad entre juventud y propensión a la violencia. La principal falla de este razonamiento es que toma un dato temporal por una realidad universal y la imputa a factores religiosos y de civilización. Esta "ola de jóvenes", que se origina en un período de alta fecundidad antes de los años 1980, y un fuerte retroceso de la mortalidad, sería consubstancial a una mentalidad común a todos los pueblos árabes o musulmanes, de Marruecos a Indonesia.
Ahora bien, los datos demográficos revelan una extrema diversidad de situaciones. En especial, muestran que la "ola joven" es efímera. Si se sigue el paradigma de Huntington, a la violencia política de los jóvenes debería sucederle pronto una "reabsorción" de esa generación, y por lo tanto una pacificación de la sociedad. Sucede que, desde los años 2000, esta ola ha sido superada en Marruecos, en Argelia o incluso en Arabia Saudí. El Líbano, precursor, vivió el pico de su población joven en plena guerra civil, en 1985, y Turquía en 1995; Egipto y Siria tan sólo en 2005. Con excepción de Yemen (donde el descenso comienza ahora) y Palestina (donde se entrevé para 2020), el predominio demográfico de los jóvenes habrá desaparecido por completo en tres décadas, para alcanzar los niveles europeos.



Algunos ejemplos concretos:

Argelia. Con más de 8 hijos por mujer, la tasa de fecundidad argelina era, en época de la independencia, una de las más altas del mundo árabe. La transcición demográfica empezó más tarde que en los países vecinos -una particularidad que debe menos a la política de natalidad del Gobierno que a los efectos de una economía de renta, que prácticamente permitió alimentar a la población de "la cuna a la tumba". En dos décadas, su fecundidad se derrumbó hasta alcanzar la de Túnez y Marruecos. Pero, a partir de 2000, experimentó una evolución inversa a la de los países vecinos y comezó a progresar. La reabsorción de la crisis y la disminución de la violencia política constribuyeron al aumento de matrimonios (341 000 celebrados en 2009 frente a 280 000 en 2005).
Libia. Subpoblada y rentista, Libia vivió una transición demográfica similar a la de los países del Golfo productores de petróleo. Durante mucho tiempo, la política de natalidad oficial se vio acompañada de una generosa redistribución de los dividendos del oro negro. Pero tras el contrachoque petrolero, seguido del embargo internacional, la fecundidad disminuyó hasta alcanzar 2.4 hijos por mujer en 2010, según las Naciones Unidas.
Egipto. Su estabilidad demográfica contrasta con su actual inestabilidad política. A pesar de una densidad extrema, debida a que apenas el 4 ó 5 % del territorio es habitable, la población sigue aumentando al ritmo del 2% anual. Su alta fecundidad no disminuye, como ocurre en todas partes. Se mantiene en alrededor de 3.25 hijos por mujer, es decir un 50% más que Marruecos o Túnez.
Jordania. A pesar de sus enormes progresos en el plano de la educación y la alfabetización, el país mantiene una fecundidad relativamente alta ( más de 3.5 hijos por mujer), estable desde hace unos diez años. El fenómeno se explica por una absoluta filiación patrilineal y la necesidad de asegurar una descendencia masculina -a diferencia de los países del Magreb, donde muchas parejas se liberaron de este imperativo-. Las rivalidades confesionales, regionales o sobre el origen (palestinos o transjordanos), contribuyen a perpetuar una fuerte fecundidad.
Líbano. Con un promedio de 1,69 hijos por mujer, el Líbano constituye una excepción en la región. Desde terminada la guerra civil (1976-1990), desaparecieron las rivalidades demográficas observadas en los años 1960 y 1970. Aunque los niveles sean diferentes, en la actualidad se observa el mismo comportamiento en el seno de los distintos grupos confesionales, de los maronitas a los chiíes, pasando por los griegos ortodoxos o católicos, los suníes y los drusos.
Turquía. Hoy el país se sitúa por debajo del umbral de renovación de las generaciones (2,09 hijos por mujer*). Es decir, a pesar de que ejerce el poder un gobierno islamista y proclive a favorecer la natalidad -como era el de Necmettin Erbakan (1996-97)-, las familias deciden libremente el número de sus hijos y eligen limitarlo. Otra ilustración de ese fenómeno de disociación es Irán, con régimen islamista, donde la fecundidad resulta aún más baja (1,83 hijos por mujer).
Israel-Palestina. Gran sorpresa: la fecundidad de la población judía de Israel sigue aumentando año tras año (3 hijos por mujer), mientras que no deja de disminuir entre los palestinos de los territorios ocupados, en Cisjordania (incluída Jerusalén-Este) e incluso en Gaza, donde durante la primera Intifada alcanzaba un record mundial. Actualmente, debe de contar con no más de 3,6 hijos por mujer (3,1 en Cisjordania y 4,7 en Gaza, según la Oficina del Censo estadounidense). Entre los árabes israelíes, la fecundidad de 3,4 hijos está casi por alcanzar la de los judíos israelíes.

(1) Como por ejemplo en la pluma de la periodista Oriana Fallaci, La rabia y el orgullo, El Ateneo, Buenos Aires, 2002.
(2) Samuel P. Huntington, El choque de civilizaciones, Paidós, Barcelona, 1997.
*El umbral de renovación generacional es de 2,1.



En resumen: la calidad de la educación de hijas e hijos, por lo general inversamente proporcional al número de éstos en cada família (número medio que a su vez varía según la educación que recibieran los padres), es un ingrediente básico para conseguir avanzar -como se está avanzando- hacia una democratización del mundo árabe, o de cualquier otro "mundo". Esto es así, en la medida en que la educación crea espíritu crítico, y éste conforma una ciudadanía consciente y responsable.

Saludos

jueves, 22 de julio de 2010

Noam Chomsky habla sobre Oriente Próximo y la política estadounidense en la región

Os traigo esta vez un recorte del artículo "Diálogo entre Noam Chomsky y su público" que aparece en Le Monde Diplomatique en español, en su número 177 de julio del presente 2010. Aquí habla sobre el juego practicado en el conflictivo Oriente Medio por Estados Unidos e Israel. Sin preámbulos os lo transcribo. Es muy interesante.
***
Presente en París del 28 de mayo al 1 de junio, el lingüista y militante estadounidense Noam Chomsky pronunció varias conferencias ante salas llenas hasta los topes, en particular en el teatro de la Mutualité, invitado por Le Monde diplomatique, y en el Collège de France. Tras sus exposiciones, los debates con el público dieron lugar a ricos intercambios sobre cuestiones de actualidad.(...)

La situación de Oriente Próximo parece plantear un desafío al análisis racional de los políticos, plantea un asistente. Mientras que no habría nada de racional en el comportamiento de Israel cuando multiplica las colonias, incluso en Jerusalén Este. Tampoco habría nada de racional cuando el Gobierno estadounidense sostiene de facto una ocupación, que por  otra parte condena verbalmente y que sólo puede perjudicar su relación con el mundo árabe.
El apoyo de Washington a Israel es bien racional. Data de 1967, cuando Estados Unidos tomó el relevo de Francia. En esa época un conflicto oponía a dos fuerzas del mundo árabe: el fundamentalismo musulmán, sostenido por Estados Unidos, y el nacionalismo laico, considerado como el principal enemigo de las potencias occidentales. Es decir, Arabia Saudí contra Nasser. Ahora bien, Israel destruyó el nacionalismo laico, sostuvo y consolidó el fundamentalismo musulmán junto con Estados Unidos. Washington apoyó militarmente a Israel; el Estado hebreo se tornó más o menos sagrado, lo que no era el caso antes.
En 1970, otro importante regalo. Conforme a los deseos de Estados Unidos y de Israel, Jordania aplastó la resistencia palestina durante lo que se llamó "Septiembre Negro". Siria había hecho saber que podía intervenir para salvar a los palestinos. Ahora bien, Estados Unidos estaba todavía atascado en el sudeste asiático. Apeló pues a Israel para pedirle que movilizara sus tropas para impedir que Siria interviniera del lado de los palestinos. Siria retrocedió. El reino Hachemita, aliado de Estados Unidos, se consolidó, así como Arabia Saudí. Entonces, la ayuda estadounidense a Israel se multiplicó por cuatro. Y todo siguió de la misma manera.

El marco estratégico estadounidense, llamado alianza periférica, se basa en dirigentes árabes y dictadores que controlan sus paises y el petróleo. Tienen que protegerse de su propia población. Para lograrlo, Washington recurrió a una periferia de gendarmes, de preferencia no arabes, ya que [son] más competentes cuando se trata de matar árabes. En primer lugar, la periferia estaba constituida por Iran, en ese entonces gobernada por el Sha; Turquía y Pakistán. A comienzos de los años 1970, Israel se unió a ese grupo, convirtiéndose así en miembro de la gendarmería. Nixon los llamaba "los polis en patrulla" ('cops on the beat'). Comisarios locales, una sede de la policía en Washington: he aquí la estructura que debía controlar la región.
En 1979 el Sha fue derrocado; Irán estaba "perdido". De nuevo aumentó el papel de Israel. En esa época, Israel prestaba varios servicios a través del mundo. El Congreso estadounidense impedía el apoyo directo de Washington a un terrorismo de Estado en el poder en Guatemala,en Sudáfrica y en otros lugares. Estados Unidos recurrió entonces a una red de países amigos que comprendía Taiwan, Israel, Gran Bretaña (y probablemente Francia), para, de alguna manera, hacer el trabajo sucio.

En ese plan, Israel es muy eficaz. Sociedad industrial rica, dotada de técnicas vanguardistas,de una mano de obra muy cualificada, el Estado hebreo atrae las inversiones de las empresas estadounidenses de alta tecnología. Algunas industrias militares israelíes estrecharon vínculos con Estados Unidos, donde transfirieron una parte de su logística; desde los años 1950, los servicios de información de ambos países trabajan en buena inteligencia. Para la industria militar estadounidense, Israel constituye un maná financiero: cuando Estados Unidos gasta miles de millones de dólares al año para ayudar a Tel Aviv, Lockheed Martin se embolsa una parte. Y cuando Lockheed Martin vende aviones militares de última generación a Israel, Arabia Saudí replica diciendo: "también nosotros los queremos". Entonces Lockheed Martin vende equipos de menor calidad a Arabia Saudí, la que no siempre sabe usarlos, pero que compra por toneladas. En resumen, doble beneficio.

¿Qué pueden ofrecerles los palestinos a Estados Unidos? Son débiles, están dispersados, no disponen de ningún recurso y de casi ningún apoyo en el mundo árabe. Los derechos son proporcionales al poder. Israel es un país poderoso, lo que le confiere ventajas; por lo tanto, tiene derechos. Los palestinos son débiles, no tienen ningún aliado; por lo tanto, no tienen derechos. Apoyar a los poderosos así como su propio interés, revela una política perfectamente racional. Se puede objetar que el apoyo que aporta a Israel causa oposiciones, manifestaciones en los países árabes, pero eso nunca fue considerado como un problema. Contamos con las dictaduras para aplastar a las poblaciones, y les suministramos las armas para hacer realidad ese objetivo. Ustedes pueden alegar que no es la decisión correcta, pero no pueden decir que es irracional. Por otra parte, está en perfecta coherencia con las políticas que llevaron a cabo en Latinoamérica, en el Sudeste asiático y en otras partes del mundo. A veces no sale bien, la planificación imperialista no es perfecta.

En la actualidad, las cosas son un poco diferentes, no por Obama sino porque Israel giró muy a la derecha. Allí sopla un viento de paranoia,de ultranacionalismo, de histeria, etc..., que contribuye a banalizar los actos destructores, irracionales. Ahora bien, hoy Estados Unidos tiene ejércitos in situ, en Irak y en Afganistán. La irracionalidad de las acciones israelíes los puso en peligro. El general David Petraeus acaba de alertar contra el riesgo que la intransigencia israelí hace pesar sobre las tropas estadounidenses. Y no puede excluirse un viraje en la política de Estados Unidos: es un país muy chovinista donde, cuando alguien se atreve a perjudicar a nuestros valientes soldados, hay bastante disposición a quitárselos de encima. Israel juega un juego muy peligroso.
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Opiniones como ésta han provocado que el gobierno de Israel no vea con buenos ojos al filósofo, quien hace apenas un par de meses vió denegada su entrada al país, donde se disponía a dar una conferencia.
(http://www.elpais.com/articulo/cultura/Israel/deniega/entrada/filosofo/Noam/Chomsky/elpepicul/20100517elpepicul_2/Tes)

Saludos